Como dar ordenes al setter


Las palabras de las órdenes son cinco: aquí, atrás, va, tierra, trae. Algunos acostumbran expresarse también con cinco silbidos diferentes, pero indudablemente las palabras son mucho más cómodas, incluso para el cazador mismo. A lo sumo, llamando al perro alguna vez se puede usar un silbato o pronunciar el sonido psst.

Aquí

Enseñad en seguida al cachorro a responder a vuestra llamada y a acudir solícito a vuestro reclamo. Pronunciad su nombre añadiendo en seguida aquí y haciéndole una señal con la mano, o bien batiendo la mano abierta sobre vuestra pierna. Si el perro no comprende repetid el reclamo siempre con el mismo tono de voz, hasta que llegue hasta vosotros. Entonces acariciadlo, de cidle bravo, hacedlo sentar a veces cerca de vosotros y después volvedlo a mandar lejos para repetir nuevamente el ejercicio.

Puede suceder que el perro, en vez de acudir a vuestra llamada, se distraiga y prefiera ir a otra parte, atraído por alguna cosa que le interese más. Si sucede esto cuando estáis al aire libre, esconderos y permaneced donde estéis hasta que el perro vuelva para buscaros mostrándose muy turbado por la improvisada soledad en que se encuentra. Cuando os encuentre hacedle muchas caricias y volved a comenzar el ejercicio.

Atrás

Salid teniendo el perro a la traílla, y cuando estéis en un lugar tranquilo en el que podáis impartir vuestras lecciones sin que nadie os moleste, hablad al perro en voz baja, y pronunciad la palabra atrás en el mismo momento en que pasáis la traílla detrás de vosotros, obligando así al animal a caminar a vuestros talones, en vez de hacerlo al costado. Dejad suelta imperceptiblemente la traílla, y cuando el animal intente saltar hacia adelante, pronunciad de nuevo la palabra atrás.

No será muy fácil que el perro comprenda en seguida que debe obedecer esta orden. Cuando intente dejar de cumplirla, golpearle ligeramente con dos dedos sobre el hocico hasta que vuelva a la posición deseada. Como recompensa le quitaréis la traílla dejándolo libre.

Tierra

La enseñanza de tierra constituye, con la del cobro, una de las partes más difíciles del adiestramiento, por cuanto es necesario alcanzar la perfección si no se quiere arriesgar el poseer un perro que sirva para muy poco. La técnica más seguida es la siguiente. Es necesario encerrar en una mano un bocado (pan u otra cosa) que le guste al perro, se le hace oler al animal y después se le obliga, con dulzura, a echarse sobre el pavimento mientras se pronuncia la palabra tierra. Conseguida dicha posición, se abre la mano y se permite que el perro coma el bocado que le había sido destinado.

Cuando después de diversas pruebas y tentativas consigáis hacer comprender al perro lo que deseáis de él cuando decís la palabra tierra, os preocuparéis también de enseñarle a adoptar la posición correcta. La posición correcta del perro en tierra, es aquella en que el animal tiene el cuerpo bien extendido sobre el terreno, en completo reposo, aunque permaneciendo listo para saltar. El hocico debe estar colocado entre las patas.

La enseñanza de tierra es también una buena ocasión para impartir al perro una lección de disciplina. Poned una escudilla de comida sobre el suelo, ordenad tierra obligando al perro a permanecer junto a la sopa sin tocarla. Podrá comerla solamente cuando le digáis va.

Otro ejercicio que adiestra en la disciplina es el de ordenar tierra cuando el perro ya ha metido el hocico en la escudilla, permitiéndole proseguir solamente la comida cuando le ordenéis sucesivamente fuera. Veréis que después de los primeros días el cachorro tomará todas estas órdenes con gran seriedad y empeño, aunque las ejecutará con el entusiasmo del que está realizando un espléndido juego.

Puede suceder que el perro no obedezca vuestra orden y que continúe comiendo ignorando vuestra presencia. En este caso lo debéis castigar obligándolo a colocarse en la posición tierra, esperando que hayan transcurrido cinco minutos antes de ordenar ¡fuera! Si, por el contrario, la orden se ejecuta en seguida y correctamente, debéis premiar al animal con una caricia y con la palabra bravo, mientras que la desaprobación la expresaréis diciendo no. En breve el perro, aunque muy pequeño e incluso poco inteligente, asociará la palabra bravo a la caricia, y el no a la falta de ella así como el tono de vuestra voz un poco más brusca que de costumbre.

El premio que daréis al setter, junto con una caricia, será una golosina, pronunciando siempre la palabra bravo, que para el animal pronto llegará a ser el significado de vuestra aprobación y satisfacción en sus atenciones. Si el perro es de naturaleza dócil, sí está dotado de buena inteligencia, puede aprender el ejercicio incluso en pocas horas. Si por el contrario es perezoso, desobediente e indiferente, pueden transcurrir tres o cuatro semanas antes de que dé al amo la satisfacción de ver algún progreso. El ejercicio alcanza la perfección cuando el animal se echa espontáneamente con el vientre en tierra, con el hocico sobre el terreno, colocado sobre las patas perfectamente extendidas a lo largo de la línea de la cabeza. Perfeccionaréis la posición con ejercicios sucesivos que —como veréis— serán realizados cada vez con mayor entusiasmo y habilidad y especialmente no os olvidéis nunca, por ningún motivo, de manifestar al perro vuestra aprobación.

Va

Esta palabra desvincula al perro de las órdenes, lo deja en libertad, lo recompensa de la fatiga y lo reanima si hace poco que ha recibido un reproche. El perro que esperaba, por ejemplo, en la posición de atrás o de tierra, acoge la palabra va con evidente satisfacción y, especialmente si es cachorro, se levanta disparado y busca instintivamente el saltar, poniéndose a menear el rabo y a saltar junto al cazador para hacerle fiestas.

No es precisamente aquello lo que se desea del animal. Este debe obedecer pero con estilo, y aquí se requiere por parte del adiestrador más paciencia de la que ha sido necesaria para enseñarle las otras órdenes. A la orden de va el perro debe levantarse disparado y permanecer firme delante del cazador en espera de que éste le haga con la mano la seriar de que debe irse, o bien que acompañe el va con la sucesiva orden de trae.

Trae

Es la orden del cobro. Las lecciones son impartidas al aire libre, en el patio, sobre la terraza o en un prado, pero pueden ejecutarse también en casa pequeños ejercicios, cuando el perro es todavía un cachorrillo. Se echa lo más lejos posible un objeto, que puede ser una pelota de goma, un trozo de madera, un zapato, una pelota de trapo o de papel o un juguete de plástico.
Las órdenes para este ejercicio son: tierra, seguida de va y trae, saliendo el perro disparado para aferrar el objeto y volver para depositarlo a vuestros pies.

En cada prueba llevada felizmente a término, debéis acariciarlo y decirle bravo. Cuando el perro demuestra que ha aprendido la lección —y no necesitará mucho porque se divertirá más que vosotros— la prueba se hará un poco más difícil. Entonces echad el objeto al otro lado de un obstáculo, detrás de una mata o en medio de un seto un poco intrincado. También aquí y a pesar de las dificultades, que irán aumentando poco a poco, el resultado será siempre bueno.

Llevad al perro a campo abierto, tirad el objeto que deseáis os cobre, y cuando el perro intente lanzarse, ordenad tierra y después disparad un tiro al aire y ordenad va y trae. Si el perro se espanta al disparar la escopeta, haced que os acompañe otra persona que tendrá la misión de efectuar los disparos mientras vosotros dáis las órdenes precedidas de una caricia. A estos ejercicios de cobro sobre el terreno, le seguirán otros de cobro desde el agua. Por ello lanzaréis un objeto al agua y ordenaréis al perro el cobrarlo. Puede suceder que el perro muestre aversión hacia el agua. En este caso lanzaréis un trozo de pan en una charca pequeña. Sucesivamente elegiréis un arroyo y después un curso de agua más importante, echando cada vez más lejos la presa que el animal debe cobrar.

Después de un buen número de ejercicios y pruebas, el cachorro estará preparado para participar en una verdadera caza. Cuando hayáis disparado a una presa y ordenéis al perro el cobrarla, puede suceder que notéis en el animal una cierta aversión a aferrar entre los dientes la presa muerta o herida. Vuestra tarea consistirá en continuar e insistir en el ejercicio hasta que el perro haya aprendido lo que debe hacer. Habitualmente, sin embargo, los cachorros aprenden muy pronto la acción del cobro porque los setter buscan instintivamente la presa herida persiguiéndola hasta que cae al suelo.

El cobro es realizado a la perfección cuando el perro aferra con delicadeza la presa y sin desviarse, sin apretarlo excesivamente entre los dientes y, sin desplumarlo, corre enfilado hacia el cazador, depositando la presa a sus pies. Para que el perro aprenda este importante ejercicio se necesitan solamente cuarenta días. También hay perros perezosos, distraídos, indiferentes y dotados de escaso entusiasmo. Con estos no hay nada que hacer ya que en vez de perseguir la presa o buscarla y recuperarla, prefieren buscar otras aventuras y se divierten en grande haciendo carreras.

Desgraciadamente, cuando un perro se comporta así evidentemente no tiene el instinto necesario para participar en la caza, y entonces de poco valen las enseñanzas, las lecciones y los premios. La pasión de la caza está estimulada por el instinto. Si éste no está presente en el carácter de un perro no hay nada que hacer.




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