Sobre el origen del perro Setter


Cánidos y félidos son dos familias con características diferentes, aun perteneciendo ambos al orden de los carnívoros. Los primeros a menudo se enfrentan con la presa a fuerza de ladridos, intentando capturarla mediante una acción de grupo. Los segundos, en cambio, la acechan, incluso durante mucho tiempo, e intentan vencerla más con la astucia que con la fuerza. ¿Es correcto, pues, afirmar que el setter inglés es «felino», aunque pertenezca indiscutiblemente a los cánidos?

Para poder dar una respuesta hay que retroceder en el tiempo. La muestra (o parada) en el perro fue impuesta o estimulada por el hombre, percató de que el cuadrúpedo, antes de asaltar a su presa, se quedaba un instante inmovilizado al acecho, dentro de sus movimientos de caza. Al principio el acecho era visual; luego se convirtió en olfativo, tras lo cual el perro se transformó en un «parador» a distancia que, descifrando el viento, controlaba las emanaciones de la presa. La muestra, por lo tanto, es como una indicación, pero al mismo tiempo evidencia el estado de tensión que la cercanía del animal produce en el perro.

La indicación provocada por el olfateo se traduce en formas plásticas del cuerpo, a las que nosotros llamamos «estilo», pero que en realidad no son más que momentos instintivos para favorecer el acercamiento a la presa, de forma que la pueda sorprender y agarrar. Si el hombre ha intentado distinguir los comportamientos entre una raza y otra, ha sido para satisfacer su sentido estético, aun cuando a menudo sale a flote un instinto común. Por ello es posible imaginar a un pointer arrastrarse igual que los setters, o bien a un setter con un andar majestuoso, parecido al de los pointers.

El zorro, que por su naturaleza no está influido por las exigencias humanas, en realidad se comporta como un auténtico setter inglés, tanto en el movimiento como en la «muestra», que a menudo realiza tumbado en el suelo, o bien con la cabeza alta y la grupa caída. Pero, más que el zorro, el que asume las formas plásticas que nos recuerdan a la muestra del setter es el gato montés (Felis sylvestris) o el gato doméstico (Felis catus).

Su semejanza a los Felinos

Cuando el gato se acerca a un ratón o a una lagartija, con el cuerpo flexuoso y suave, avanza cauto y poniendo en evidencia el juego de los omóplatos. El gato realiza su aproximación guiado por la vista o por el ruido; el perro setter se guía por el olfato. Pero el resultado final es el mismo. El gato, el leopardo, la pantera y el león a menudo han sido objeto de comparación entre los apasionados de las razas; basta con recordar a ese famoso perro que hacia el año 1500 guiaba a las aves, transf ormándose ahora en serpiente, ahora en pantera…

Veamos, pues, cuáles son las razones anatómicas que determinan el andar de nuestro perro, esos movimientos rasantes que constituyen el preludio de la detección (muestra) y que se demostrarán cercanos a la manera de actuar de los felinos.

Para empezar, la longitud del miembro delantero desde el suelo hasta el odo es inferior a la longitud del codo hasta la cruz. Esta menor longitud del miembro desde el suelo hasta el codo se deriva de la brevedad del antebrazo, que en los demás setters es más largo que el brazo. Esta peculiaridad del setter inglés ha dado origen a la lograda expresión francesa que dice: «Setter anglais est prés de terre»; esta conformación es justamente la que favorece su semejanza con el gato.

Si la estructura esquelética de un determinado sujeto responde a los cánones codificados por el estándar, hay que valorar esa riqueza de estilo y esa tan cacareada felinidad que buscan los apasionados. Porque esa virtud no siempre se basa en las relaciones esqueléticas o musculares, sino también en la psicología que tiene que poseer el setter inglés.

En resumen, el setter inglés sí es felino, pero por su particular psicología trata de superar las dificultades más con la astucia que con el enfrentamiento directo. De todas formas, siempre es felino, incluso en sus actitudes fuera de la actividad venatoria; por ejemplo, cuando sortea un obstáculo o se detiene para ser atado, cuando recibe una caricia o un castigo, cuando se acerca a su comida e incluso cuando tiene que satisfacer sus necesidades. Es como un gran zorro que, aun siendo un cánido, es mucho más semejante a un gran gato que a un auténtico perro.

Un día, durante una prueba, mientras corría un buen setter, un zorro salió de su refugio y se puso a galopar hacia el bosque. Los dos animale mostraron una mecánica del movimiento tan próxima, que todos los presentes tuvieron la impresión de que se trataba de otro setter en acción.

En definitiva, las dos ideas opuestas expresadas en un principio son igualmente válidas y no hay motivo para que predomine la una sobre la otra, puesto que ambas tienen sustancialmente un fondo de verdad. El setter inglés no es científicamente un felino, pero su psicología y sus ademanes recuerdan de verdad a los integrantes del grupo de mamíferos al que pertenece nuestro gato doméstico.




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