Sexualidad en los perros: La hembra y el apareamiento


La hembra, entra en celo dos veces al año. Como el cachorrillo, la hembra mostrará interés sexual a temprana edad. Se entregará a juegos sexuales quizá montándose sobre sus compañeros de carnada o examinando los órganos genitales de las hembras y de los machos. Más tarde, al madurar, abandonará su comportamiento juvenil y seguirá una pauta rítmica en la que entrará en celo dos veces al año. Limitará su interés sexual a esos periodos de celo.

El periodo de celo de la perra se divide en dos fases. Durante la primera fase, el lector adver-tirá que se han hinchado la vulva y los genitales externos. La perra prestará atención a esta hinchazón lamiéndose constantemente las partes. También puede estar ligeramente nerviosa e inquieta.

Su apetito variará de un día a otro, en realidad, al aumentar su ciclo de celo, puede dejar de comer una o dos veces. Los machos se interesarán por la perra durante la primera fase, pero ella no les hará caso. Lo más probable es que los desanime gruñéndoles o ,dándoles dentelladas.

No debe uno preocuparse pensando que los machos la pueden lastimar cuando se porta de esta manera. Por fiera-mente que se resista a las insinuaciones de los ansiosos machos, éstos no se desquitarán. Ningún macho ataca nunca a una hembra —esté o no en celo—, a menos que esté furioso o tenga rabia. Es la ley de la manada, y ningún macho que esté en su sano juicio la viola nunca.

Al terminar la primera semana después de que se hincha la vulva, empieza la segunda fase, la cual se caracteriza por un flujo, que es de un color rojo brillante al principio, pero más tarde se vuelve sonrosado (o incoloro), de cinco a nueve crías después de que se inicia. Con raras excepciones, la perra se ocupará de asearse y de asear su cama.

Pero existe siempre la posibilidad de que manche los tapetes, las alfombras y los muebles. Es mejor tenerla en un lugar que pueda limpiarse fácilmente durante los periodos de celo, sobre todo en la fase del flujo. Hay cinturones higiénicos especiales para las perras, que pueden adquirirse en las tiendas de animales caseros, pero irritan al animal y son más bien una molestia que una utilidad.

Hacia el final de la segunda fase, la perra se vuelve tí-mida y juguetona, y será solicita con todos los machos. Pero todavía no está en condiciones de ser apareada. Sin embargo, hay el riesgo de que algún macho entusiasta e impaciente la arrincone y la monte. Y como puede ocurrir la concepción, es necesario tenerla confinada si no quiere uno que se aparee o si piensa uno aparearla con un determinado perro.

El flujo cesa al principiar la tercera fase. La perra está entonces en condiciones de aparearse, por lo general entre los nueve y los catorce días después de que se inicia el periodo de celo. La concepción es más probable entre los doce y los catorce días, y se considera que las probabilidades óptimas se encuentran entre los doce y los trece. Durante la tercera fase, la perra anima a todos los machos y aceptará aparearse, haciendo a un lado la cola.

También en esta fase el lector deberá cuidar a la perra si no quiere que se aparee o si quiere evitar que lo haga con un perro que no desee. El impulso de aparearse será muy fuerte en esta época, y la hembra hará todo lo posible por salir de la casa.

La perra puede ser muy molesta cuando está en condiciones de aparearse. Puede ser arriesgado sacarla a pasear con la correa, pues habrá necesidad de ciudarla constantemente de los machos, los cuales no andarán muy lejos, ya que en seguida corre el rumor de que hay una perra en celo en el vecindario. A
pesar de las precauciones del lector, puede ocurrir que un perro monte a la hembra antes de que el dueño lo advierta. Y sesenta y tres días más tarde, será dueño de unos cachorrillos.

Las hembras jóvenes no deben aparearse antes de su segundo periodo de celo; a las razas grandes se les debe permitir llegar al tercer periodo. Los San Bernardos y los Wolfhounds irlandeses son ejemplos de las razas grandes a las que debe permitirse que alcancen el máximo crecimiento antes de aparearlas, ya que éstas y otras razas grandes crecen con lentitud. El Club de Criadores de Perros de los Estados Unidos no acepta en su registro a los cachorros nacidos de una perra que tenga menos de ocho meses o más de doce años de edad. Pero aunque pueda reproducirse hasta los doce años, es mejor dejar de aparearla cuando tiene siete u ocho años de edad.

Castración en la perra

Si el lector llega a la conclusión de que no quiere aparear a su perra, puede hacer que la castren. La castración es una operación en que se extraen los ovarios de la perra, con lo cual se eliminan los periodos de celo y la posibilidad de que haya concepción. Hecha por un veterinario competente, la operación es sencilla.

La castración es una forma de control de la natalidad entre los canes. Cuando se toma en cuenta el gran número de perros vagabundos y que nadie quiere en los Estados Unidos, hay que convenir en que es necesaria alguna forma de control. Se han propuesto algunos razonamientos contra la castración; algunos de ellos se basan en principios morales, otros en razones físicas. Varían desde el razonamiento de que la castración es contraria a la Naturaleza hasta el de que hace gordo y torpe al animal.

Refiriéndonos al razonamiento de que la castración es contraria a la Naturaleza, lo dejaremos a los filósofos y moralistas. En cuanto al de que hace a la perra gorda y perezosa, no hay suficientes pruebas para confirmarlo. La sobrealimentación y la falta de ejercicio harán gordas y perezosas tanto a las perras castradas como a las no castradas.

La castración tiene algunas ventajas claras. Si se hace correctamente la operación, no habrá más periodos de celo, ni más machos que ronden el patio, ni camadas de cachorros que nadie quiere tener. En la mayoría de las poblaciones, la licencia para la perra castrada cuesta menos que para la no castrada.

Además, en el caso de aquellas razas de perros nerviosos o que muerden fácilmene, la castración de la hembra cuando tiene seis meses de edad suele reprimir esas tendencias. Por último, se cree que las hembras castradas tienen menos tumores del pecho que las no castradas.

La castración tiene algunas desventajas. La principal es que no es posible aparear a la perra si el lector cambia de parecer. Esto es algo que debe pensarse antes de llevar a la hembra al veterinario y pedirle que la castre. Como la vida de un perro es relativamente corta —diez a doce años—, posiblemente el lector quiera tener un cachorro nacido de la perra para criarlo después de que ésta muera.

Otra desventaja de la castración consiste en que algunas perras padecen incontinencia urinaria, aunque esto no les sucede a todas. Al crecer las hembras castradas, pierden el control de la vejiga y orinan con frecuencia. Sin embargo, muchos de estos casos se han curado con hormonas.

Anticonceptivos orales

La ciencia veterinaria ha encontrado recientemente una alternativa de la castración. Es una pastilla anticoncepcional para las perras, la cual promete ser un modo fácil de controlar los periodos de celo de la hembra para quienes pueden comprarla.

El principio en que se basa el anticonceptivo oral es que contrarresta la acción de la hormona femenina llamada estrógeno, la cual es muy activa durante el periodo de celo. Pero el anticonceptivo oral tiene una gran desventaja, por lo menos en lo que se refiere al dueño común de un perro: hay que dársela continuamente al animal. La pastilla anticoncepcional (también hay un líquido anticoncepcional) debe darse al menos treinta días antes de que la hembra entre en celo, y hay que seguirla dando mientras el lector quiera que no entre en celo. Si se deja de dar, la perra entrará en celo de una semana a varios meses después.

El anticonceptivo oral puede ser costoso. La dosis depende del peso de la perra. Además, sólo puede adquirirse con receta de un veterinario. Se calcula que el costo para una perra del tamaño de un Cocker Spaniel es de veinte centavos de dólar al día. Si quisiera uno que no entrara en celo durante un año, costaría aproximadamente setenta y tres dólares el anticonceptivo oral. Asimismo, si el lector quisiera dejar de aparear a la perra a los ocho años de edad y que no entrara en celo por el resto de sus días (y puede vivir hasta los doce o catorce años siendo capaz de reproducirse) , el costo sería muy elevado.

La castración cuesta de veinticinco a cuarenta dólares, pero es permanente. La principal ventaja de usar el anticonceptivo oral (si el lector no puede pagar) es que puede dejarse de dar la pastilla y aparear a la hembra. Los animales que recibieron el anticonceptivo oral durante dos años pudieron volver a entrar en celo y concebir después de suspender la medicación. Si el costo llega a bajar, el anticonceptivo oral será ideal para el control de la natalidad de los perros.




Califica este Artículo:
0 / 5 (0 votos)






Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *