Qué nos podemos encontrar practicando las técnicas más avanzadas para la pesca del siluro


¿En qué técnica o modalidad de pesca no existe una buena anécdota que, además, puede hacernos aprender muchas cosas? Intentamos. evitar cualquier imprevisto y hacemos lo posible para que todos los sistemas se ajusten perfectamente a nuestro equipo y escenario de pesca, pero quizás no conocemos hasta qué punto nos puede sorprender nuestro amigo el siluro.

Entre otras cosas, es muy importante conocer los movimientos imprevistos que puede hacer o las «decisiones» que puede tomar un gran pez de 60 kg; una vez aprendido esto, la captura será mucho más fácil. En numerosas ocasiones se llegan a perder magníficos ejemplares por culpa de la precipitación o de no saber lo que tenemos que hacer en un momento determinado. Son situaciones en las que nos vemos sorprendidos y no sabemos cómo actuar frente al pez, ya que nadie nos ha enseñado a hacerlo. Mi intención es que la presente ohio les ayude a conocer todos, o casi todos, aquellos momentos comprometidos en los que se pueden encontrar a lo largo de una jornada de pesca.

Cómo pueden ser las picadas

Como ya hemos vis , en el sistema de boyas fijas o método alemán todo el montaje se sujeta a las boyas mediante un sedal de nilón; cuando hay una picada, dicho hilo deberá romperse a consecuencia de la fuerza que haga el siluro. Pues bien, no siempre este trozo de hilo se rompe cuando hay una picada: en numerosas ocasiones puede romperse antes de tiempo a consecuencia de un mal nudo, una corriente fuerte, una rama o incluso una excesiva tensión de la caña. Es importante conocer siempre el límite de este monofilamento, ya que todos los factores descritos pueden llegar a causar imprevistos innecesarios.

Por todo ello, deberemos buscar zonas de poca corriente, usar siempre monofilamentos nuevos y de calibres no inferiores a los 0,25 mm, y, sobre todo, no tensar en exceso la caña.
Por otro lado, hay veces en que el siluro muerde el cebo y decide quedarse quieto sin llegar a romper el sedal. ¿Cómo saber entonces que el pez está ahí? En primer lugar, dejaremos de ver el flotador peque ño, y la boya grande se hundirá más de lo normal.

La caña puede empezar a doblarse muy lentamente o también volver a su posición natural; en este caso, aflojaremos toda la tensión del sedal principal y observaremos el sistema en su conjunto. La boya grande ha de subir rápida; mente a la superficie y empezar a moverse de lado a lado o incluso hundirse de nuevo; si es así, no cabrá duda de que tenemos un siluro clavado y deberemos recuperar rápidamente toda la línea hasta tensarla y dar un fuerte tirón para romper el nilón y cobrar la pieza (la cual, por su comportamiento, no será muy grande).

Cuando se produce la picada, los movimientos de la caña pueden ser de varios tipos. En ocasiones, la caña se dobla rápidamente y la tensión es muy fuerte. En este caso deberemos cogerla lo antes posible y, sin recuperar línea, dar dos o tres fuertes cachetes para clavar los anzuelos. Puede ocurrir que, por la fuerte tensión, no podamos sacar con facilidad el mango de la caña de su alojamiento y, por ello mismo, tendremos que aflojar muy suavemente el freno sin dejar perder demasiada tensión. Es normal que nuestro cascabel no suene, ya ‘que no hay movimientos secos.

No distraer nunca la atención de las cañas es importantísimo, pero después de varias horas resulta realmente cansado. Si la picada es suave, observaremos que la caña empieza a doblarse poco a poco; entonces, y sin precipitarnos, la cogeremos con cuidado de no provocar movimientos bruscos en el sedal. Con ella en la mano, comprobaremos la tensión del sedal, sin perder de vista en ningún momento los movimientos del flotador y la boya.

Estas picadas progresivas y sin movimientos bruscos son debidas a que el siluro muerde el cebo y decide llevárselo sin cabecear. Por otro lado, cuando existen fuertes cabeceos del pez debidos al daño que le provoca el clavado de los anzuelos, las picadas son mucho más enérgicas, y la caña experimenta una serie de movimientos bruscos que, sin ninguna duda, pueden sorprender a cualquier pescador.

Si la caña empieza a agitarse de una forma inesperada podemos estar seguros de que se ha producido una buena picada. Algunas veces, el siluro muerde el cebo y decide escapar dirigiéndose, curio samente, hacia nosotros; en estas situaciones, la caña se destensa por completo y vuelve a su posición normal, lo que puede llevarnos a pensar que se ha roto la línea de nilón. Es muy difícil saber, entonces, si se trata o no de una picada; en cualquier caso, rápidamente empezaremos a recuperar toda la línea y, con la caña paralela al suelo hasta conseguir tensión, daremos un fuerte tirón. Actuaremos así siempre, pues si bien es cierto que puede tratarse de una falsa alarma, también podría ser un buen siluro.

En ocasiones, un fuerte oleaje o el propio viento nos impedirán saber con precisión cuándo hay una picada. Ante estas circunstancias, es importante no cerrar por completo el freno del carrete para evitar posibles roturas de las cañas, aunque debe tenerse en cuenta que tampoco es bueno tenerlo muy suelto.

Ante cualquier tipo de picada, lo importante y fundamental es ser rápido y preciso. Una vez que hayamos clavado el siluro, vamos a encontrarnos con una serie de movimientos bruscos por parte del pez. Éstos son debidos a que el ejemplar busca protección en el fondo y, especialmente si se trato de un siluro de gran tamaño, será muy difícil evitar que se aposente en
él: bajará hasta el fondo y se que dará quieto durante unos instantes, lo que puede llevarnos a pensar que se ha enganchado en algún sitio. En esta situación, no perderemos la tensión del sedal durante todo el tiempo y, poco a poco, el siluro empezará a moverse. Justo cuando comience a arrastrarse por el lodo deberemos intentar hacerle subir a la superficie, ya que es allí donde podremos llegar a cansarlo más fácilmente.

Si el pez quiere sedal y nos encontramos en un escenario limpio, le daremos todo el hilo que sea posible, aunque evitaremos dejarlo libre mucho tiempo, pues el bajo de línea sufriría demasiado y podría romperse. Una vez en la superficie, el pez empezará a coletear e intentará volver a marcharse; por esto, es importante controlar en todo momento el freno para evitar que el sedal o la caña lleguen a partirse.

En el bote, nuestro compañero irá guiándonos con los remos, buscando una posición desde la que conseguir que el siluro se encuentre siempre en un lateral de la embarcación. Cuando el siluro esté ya cansado, procederemos a darle unos golpes en la cabeza para aturdirlo y poder saber exactamente el grado de resistencia que aún es capaz de presentar. Normalmente, después de estos ligeros golpes, el siluro se da la vuelta de nuevo y se va unos pocos metros más. En el tercer intento casi siempre se queda quieto, y será entonces el momento de cogerlo por la boca.

No es extraño que el siluro se asegure de que su presa está en apuros dándole un coletazo y, por consiguiente, se clave los anzuelos en la cola o en el costado. Cuando llevemos el pez por la cola, éste nos tirará con mucha fuerza, y aunque sea un ejemplar pequeño, nos dará mucha guerra. Si conseguimos acercarlo a nuestro bote o a la orilla, deberemos tomar muchas precauciones, ya que no será fácil atraparlo por la boca. Cuando ya esté muy cansado lo cogeremos abrazándolo por la tripa y, deslizando los brazos hacia su cabeza, lo agarraremos por los maxilares. Si el siluro, se engancha en un árbol, no hay nada que hacer.

Cuando estemos pescando con boyas en una zona de fondo escarpado o profundo y exista un gran escalón o desnivel respecto a la profundidad de la orilla, la captura del pez se hace, si cabe, más complicada. Ala hora de hacernos con nuestro ejemplar tendremos que ir rápidamente hacia el escalón de manera lateral, y nunca directamente, para no perder tensión en el sedal y para evitar que el siluro rompa la línea en el canto del desnivel.

En estos casos, sólo cónoceremos la naturaleza del fondo si contamos con una buena sonda. Practicando la modalidad de pesca con boyas, no dispondremos nunca éstas a más de 50 m de la orilla, ya que a mayor distancia el tráfico de barcas podría verse afectado y, por consiguiente, tendríamos que asumir nosotros cualquier responsabilidad si se produjera algún incidente y hubiera lugar a compensaciones por daños y perjuicios. Cuando pongamos los cascabeles en la caña, deberemos hacerlo siempre a partir de los 30 cm de su punta y nunca en ella. Los cascabeles han de estar bien sujetos al blank, de manera que se eviten posibles enredos en el sedal. Los avisadores de picada provistos de una pinza de plástico y sujetos con una tuerca también de plástico son los más apropiados.




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