Origen del perro pekinés


Origen del perro pekinés

Desde los más remotos orígenes del género humano, los animales han estado íntimamente ligados con las creencias religiosas de las distintas épocas y civilizaciones. Así también el género humano se ha expresado mediante símbolos rectores de sus respectivos clanes, tribus, grupos sociales o naciones, incorporando a los mismos figuras de animales, entre los que encontramos al perro.

El perro, asociado al aspecto religioso, tanto era objeto de las más diversas adoraciones en la creencia de que estaba dotado de poderes divinos, como así también se le hacía objeto de desprecio por considerárselo impuro, según las razas y religiones de las distintas épocas.

De manera que, por una parte la inspiración positiva y de sabiduría con la cual se lograba la felicidad por medio de la adoración de la figura del perro, contrastaba con la representación negativa que involucraba al mal en todas sus formas, haciendo de (mulas fuerzas el constante juego de movilizar el eterno ciclo da la vida.

En la antigua China, .se creía en la existencia de demonios que tanto adquirían la forma de hombre como de perro; por lo que a los perros “parias” se les trataba con temor y desprecio.

En contradicción a esta creencia, en el Palacio Imperial, se veneraban a unos pequeños perros de hocico corto y tipo aleonada considerados sagrados. Estos perros eran para los Chinas símbolos de los grandes protectores de su fe, los leones de Buda.

Estos tipos de perros aleonados existían ya desde muchos siglos atrás, y se ven reproducidos en bronces, esculturas, jade, marfiles, porcelanas, esmaltes, bordados; en síntesis, en todas las formas posibles. Estas piezas de arte algunas de ellas datan de 2.000 y 3.000 años de antigüedad. Incluso se han encontrado bronces coreanos donde estos perros aleonados se ven reproducidos y que datan de unos 2.000 años. Todo ello nos lleva a comprender la gran veneración que los Chinos sentían o profesaban por estos diminutos canes, que invariablemente tenían el mismo tipo: cabeza maciza muy plana entre las orejas, el cuerpo moldeado corno el del leóa, con pecho ancho y patas bien arqueadas cubiertas de pelo muy abundante, y la cola orgullosamente llevada.

Durante el período de Confucio (551-479 a.C) ya se mencionaban los perros de hocico chato, y en el siglo primero de nuestra era, se les describía más detalladamente como perros muy pequeños; de cabeza chata. patas cortas. con la cola y orejas largas. Se les refería también como perros “bajo la mesa” (La mesa china de aquella época era tan baja como la japonesa y la gente se sentaba en el suelo), y se hacía notar que estos perros caminaban con cierto balanceo (lo que Ros lleva a pensar que por su pequeño tamaño. estos perros caminaban cómodamente bajo la mesa, y su movm4ento era similar al del pekinés que conocemos.

En el siglo primero de nuestra era, durante el reinado del Emperador Mingti (dinagia Tang) cuando los chinos adoptaron el Budismo corno religión, el símbolo budista o sea el León de Buda pasa a ser el símbolo sagrado de la nación.

La falta de leones en China hacía imperioso obtener un modelo para los artistas que querían simbolizar el león de Buda, y la creencia de que el tigre chino estaba emparentado con el león, los llevó a idear ese extraño tigre-león que aparece en las obras de aquella época.

Cuando se dieron cuenta del gran parecido existente entre el perro de Fu-Lin (o pekinés como lo conocemos nosotros) con el símbolo budista o sea el león de buda, se comenzó a utilizarlo como modelo, desarrollando durante los siglos siguientes un papel muy importante en el arte budista-chino; llegando a ser símbolo sagrado, y su existencia dentro del palacio Imperial celosamente custodiada por los jefes eunucos bajo la severa vigilancia del Emperador. Robar o hacer daño a. estos pequeños perros era severamente castigado, con la muerte por tortura.

En el siglo VII se comentaba en algunos textos: “su altura es de 6 pulgadas, su largura 12 pulgadas. Son tan inteligentes que pueden llevar al caballo teniendo las• riendas en su boca, y se les puede enseñar a iluminar el camino a sus amos portando una pequeña antorcha atada sobre su lomo”.

En el año 618 la historia menciona el envío de un embajador al Emperador Kon Tzu con dos de estos perros Fu Lin, y los pekineses iban incluidos junto a otros animales y objetos en el tributo pagado por el estado Hsin Lo al Japón.

Al pekinés blanco (no al albino), se le menciona por primera vez durante la época del Emperador Yuan (1206-1333).

El culto por el pekinés crecía rápidamente y se comentaba que los Emperadores estaban continuamente acompañados por sus pequeños perros. Durante las grandes ceremonias se hacían acompañar por cuatro de los mejores ejemplares que el emperador elegía personalmente para que formara su guardia de corps. Dos de estos canes lo precedían anunciando su entrada en la cámara de ceremonias, con pequeños ladridos a intervalos precisos, y los dos restantes lo seguían, sosteniendo con su boca los bordes del manto real.

Era tan grande el afecto que prodigaban a estos pequeños canes, que el Emperador Ling Ti llegó a conferir a sus perros el título de “Guardia Imperial” y a las hembras como esposas de estos funcionarios; mientras que al favorito le otorgaba el sombrero del grado Chin Hsien. Un libro escrito durante 4 período Ch’ien Lung (1736-1795) dice así: “que Pechño se destaca por sus gatos persas de tamaño grande y sus perros Fu Lin que son extremadamente pequeños”

Durante el período Tao Kuang (1821-1850) la cría del pekinés llega a su grado más alto. En esa época no se llevaban estadísticas de pedigrees, pero en cambio se conservaba un libro Canino Imperial, donde se hallaban ilustrados los mejores ejemplares del Palacio, que consultaban para planear las crías. La misma se realizaba por medio de complicadas teorías y creencias. La impresión pre-natal consistía una de las más usadas, y para ello mostraban a la hembra en gestación varias veces al dia las fotografías y esculturas de los mejores ejemplares y cuya estructura deseaban para los cachorros. También forraban la “cama” de la hembra con los colores deseados para la lechigada como así también se revestía de pelos de oveja a fin de que influyeran en la abundancia de pelo de la cría. Las virtudes y carácter del buen perro le eran recitados y cantados a las hembras.

Las señas eran especialmente buscadas como así también la variación de colores, uno para cada capa. El rostro “tipo tortuga”, considerado hermoso por la simulación de la sonrisa; el rostro “a tres flores”, negro alrededor de los ojos, amarillo y rojo sobre la frente y blanco en torno a la boca; la “nube de nutria sobre la nieve”, negro con las patas y vientre blanco; “parado sobre la nieve”, con patas blancas y cuerpo coloreado, eran todos tipos muy apreciados. Como asimismo lo eran las “tres flores divididas”, tres marcas de distinto color sobre fondo blanco; “el signo de la echarpe” una banda blanca alrededor del cuerpo que indicaba alto rango; señas de anteojos alrededor de los ojos, como los grandes anteojos con montura de corno usados por funcionarios y literatos, eran muy buscados por el aspecto de gran sabiduría que conferían al animalito.

Los primeros significados dados a estos elaborados detalles eran muy fantásticos y poéticos, pero asume un significado político durante el período de la Emperatriz Tzu Hsi.

Este período fue más bien conocido como el del “Viejo Buda” y se trató de recalcar la propia semejanza al Buda Lamaist, aumentando su prestigio y dando a sus poderes una forma sobrenatural. Debido a que el Buda Lamaist estaba siempre acompañado de un pequeño perro que a voluntad transformaba en león, sobre cuyo dorso atravesaba el cielo y tenía el poder de hacer aparecer de la punta de sus dedos pequeños leones que al momento de peligro se volvían de gran tamaño y atacaban a sus enemigos.

Tsu Hsi, rodeándose de estos diminutos canes, insistía en que el parecido con la imagen convencional del león Budista debía ser lo más perfecta posible. De tal manera, se trató de estimular la aparición de una ligera onda en el pelaje de algunos ejemplares. Los pelos largos sobre las patas y orejas se volvieron de suma importancia y una mayor longitud del muslo era requerida.

Aumentando considerablemente la asociación con el Buda, conocido por los 32 signos de superioridad, uno de los cuales era la “pequeña bola de nieve superciliar”, la mancha blanca sobre la frente del perro se convirtió en un signo de gran valor, y como el tradicional león Budista va representado con una bola bordada, las bolas o pelotas bordadas se convirtieron en juegos de los perros.

A medida que la cría iba tomando envergadura, los eunucos hacían lo posible por lograr criar ejemplares especiales; y se comentaba que durante este período, la Emperatriz, en casos muy especiales y como signo de gran estima, regalaba estos pequeños perros, aunque se tratase de personas extranjeras (no obstante jamás salían con vida de la China, ya que siempre morían en forma misteriosa.)

Se debe a la Emperatriz Tzu Hsi, el haber dejado las bases del standard de la raza, en un verso que dice así:

“Que el perro-león sea pequeño, que lleve la henchida capa de la dignidad en torno a su cuello, que despliegue el ondulante estandarte de la pompa sobre su dorso.

Que su rostro sea negro, que su frente sea peluda, que su frente sea recta y baja como la frente de un luchador por la armonía imperial.

Que sus ojos sean grandes y luminosos, que sus orejas estén colocadas como las velas del junco de guerra, que su nariz sea como la del Dios Mono de los Hindúes.

Que sus patas delanteras sean torcidas para que no desee vagar lejos ni dejar los predios imperiales.

Que su cuerpo esté formado como el del león cazador acechando a su presa.

Que sus patas estén cubiertas de abundante pelo, para que sus pisadas sean silenciosas, y que su pelaje rivalice por su magnificencia con la crin del yack tibetano, que se agite para proteker la litera imperial de los ataques de los insectos que vuelan.

Que sea vivaz para que entretenga con sus cabriolas, que sea cauteloso para que no se mezcle en el peligro; que sea sociable en sus costumbres para que viva en amistad con las demás bestias, peces y pájaros que encuentran protección en el Palacio Imperial.

Que su color sea como el del león, arena dorada, pura ser llevado en la manga de un manto amarillo, o el color del colorado negro o blanco oso; o rayado como el dragón: así que existan perros apropiados para todas las ves-timentas del guardarropas imperial.

Cuya aptitud para aparecer en ceremonias y funciones públicas sea juzgada por su color y por su contraste artístico con los mantos imperiales.

Que venere a sus antepasados y deposite ofrendas en el Cementerio Canino de la Ciudad Prohibida cada luna nueva.

Que se comporte con gran dignidad.

Que aprenda a morder inmediatamente a los diablos extranjeros.

Que sea delicado en sus comidas y se de a conocer por sus difíciles gustos como perro imperial.

Aletas de tiburón, hígado de chorlo y pechuga de codorniz, de éstos será alimentado; y para beber se le dará el té que se cuece de los brotes de primavera del arbusto que crece en la provincia de Hankow, o la leche de los antílopes que pastan en los parques imperiales, o caldo hecho de los nidos de las golondrinas de mar.

Así conservará su integridad y el respeto por sí mismo, y el día que enferme que sea untado de la grasa clarificada de la pata de un leopardo sagrado, y dadle a beber una cáscara de huevo de zorzal lleno de jugo de anona, en el cual se hubieran disuelto tres pizcas de cuerno de rinoceronte molido, aplicadle sanguijuelas pías.

Así permanecerá, pero si muere, recordad que vos también sois mortal”.

En 1860, durante la ocupación de los ingleses a Pekín, se encontraron en el Palacio Imperial una gran cantidad de cadáveres de estos pequeños perros (desconocidos para el inundo occidental), los que habían sido sacrificados por los ocupantes del Palacio, a fin de que no cayeran en manos de los extranjeros pero, en forma que resulta un tanto inexplicable, (aunque queda la duda de que la- emperatriz no quisiera que se extinguiera la raza) se hallaron 5 de
estos pequeños perros custodiando el cadáver de la tía del Emperador, que había preferido suicidarse como lo habían hecho otros moradores del palacio.

Las estrictas restricciones con que habían sido rodeados estos perros, lo demuestra la carencia total de pruebas de que a través de tantos siglos, ni siquera un solo ejemplar hubiera salido de los confines del Palacio y la China, por lo tanto desconociéndose la existencia de estos animalitos en el mundo occidental.
El almirante Lord John Hay y otro oficial de marina a la sazón en servicio (primo de la Duquesa de Richmond) tomaron cada uno dos de estos pequeños ejemplares y los llevaron a Inglaterra. El quinto fue llevado por el General Dunne, y obsequiado a la Reina Victoria quien lo llamó “Looty” llevando una existencia feliz en el Palacio.

Los perros de Lord John Hay, fueron usados para la cría, pero no se destacaron; en cambio los dos restantes dejados al cuidado de la Duquesa de Richmond en el Castillo de Goodwood fueron los reales fundadores de la estirpe en Inglaterra bajo el nombre del criadero “Goodwood”.

Durante casi treinta años, la Duquesa de Richmond y luego su cuñada Lady Algernon Gordon Lennox, en el Castillo de Broughton, mantuvieron la raza viva.
Casi contemporáneamente el Capitán Loftus Allen le envió a su esposa dos extraordinarios animales, ‘Pekin Prince y Princess”; y que fueron presentados ese mismo añq en el Chester Show (1894) resultando premiado Pekin Prince. Estos animales figuraron en los pedigrees de la época.

El Sr. George Brown, por años vice-cónsul en la China logró importar varios ejemplares muy buenos (machos y hembras).

En 1896, Mr. Douglas (o Gouglas según el texto consultado) Murray consiguió sacar de la China dos extraordinarios ejemplares `Ah Cum y Mimosa, los que fueron apareados con los ejemplares de Lady Algernon, logrando de esa cría un ejemplar que resultó elegido primer Campeón Inglés” Ch Goodwood Lo. El segundo ejemplar inglés Campeón fue el macho Goodwood Chun. Ambos machos tuvieron gran influencia sobre la raza.

Otros ejemplares exportados de la China fueron “Glanbrane Boxer y Quaema”, que fueran entregados al Mayor Gwynne por el Príncipe Ch’ing, a cambio de un salvoconducto.

En 1898 se redactó la primera estadística de puntos y en 1904 se fundó el Club Pekinés, siendo sus fundadores los Sres. y Sras, G. Brown, Loftus Allen, Albert Gray (luego Lady Gray), Lilburn MacEwen (Sra. Tmokins, Sr. Strick y Sra. Ashton Cross) que basaron el standard sobre los puntos indicados por los mismos importadores de los perros; y con la ayuda del Ministro Chino en Londres, de Sir Halliday Macartney y del Baron Speck von Stermberg, Ministro Alemán en Pekín, que, habiendo tenido la oportunidad de estudiar la cría de ejemplares del palacio documentos y descripciones facilitados por los chinos, se encontraban capacitados para emitir una opinión al respecto. El tipo de perro que se buscaba era pequeño, robusto, de cabeza maciza con un peso máximo de 10 libras.

El impulso dado a la cría dio como resultado que se apartaran del standard requerido, apareciendo animales de mayor tamaño y peso, lo que hizo que el Club modificara el standard en vigencia, resolviendo por votación un peso máximo autorizado de 18 libras.

Debido al peligro que corría el “tipo palacio” de 10 libras de peso, la Sra. Ashton Cross renunciando a la C. D. del Club Pekinés, fundó junto con la Sra. Lady Algernon Gordon Lennox el “Pekin Palace Dog Association” teniendo en su C D. a Lady Evely Cotterell. Lady Samuelson, Sra. Herbert de Cowell, Sra. Sealy Clarke, Sra. Bertram Corbet, Sra. Bennet Stanford, Lady Hunloke, Lord Algernon Gordon Lennox, Sr. Sydney Spencer y Sra. L. C. Smythe; quienes se dieron a la tarea de restablecer el peso original de 10 libras máximo (no existiendo peso mínimo).

En el año 1911, el largo reinado del perro pekinés en la China tocaba a su fin siendo estos animalitos sagrados de los palacios, muertos por los mismos funcionarios; y algunos ejemplares entregados a manos “indignas”, pero en el año 1921 vuelve a resurgir la raza milenaria y para poder reforzar la sangre se dá el caso insólito de que ejemplares excelentes criados en Inglaterra, fueran llevados a la China.




Califica este Artículo:
0 / 5 (0 votos)






Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *