Los ponis asturcones


Hace más de mil años, este poni llegó a Asturias de la mano de los invasores celtas, que lo usaban como caballo de guerra. Poco a poco fue sustituyendo a las otras razas locales, mediante cruces cuyo objetivo era conseguir un animal que respondiera cada vez mejor a las exigencias de los guerreros, que necesitaban caballos dóciles, fuertes y resistentes. Así nació el poni asturcón.

La raza es muy parecida a todas las que descienden del poni céltico de Ewart, hasta el punto que los sujetos más puros muchas veces son prácticamente iguales. Como razas afines al poni asturcón hay que citar el exmoor, el dartmoor, el galés, el connemara, el pottock y el gallego.

El aspecto general del asturcón es el de un poni ágil, armonioso y al mismo tiempo fuerte y resistente. La capa es generalmente de color negro en la mayoría de los casos, aunque se ha tolerado algún sujeto con una estrella en la frente. En invierno el pelo es muy abundante, con una espesa capa de pelusa interna, lo que le confiere un aspecto muy rústico, pero que lo protege magníficamente de los rigores de la intemperie. La cabeza, de tamaño entre mediano y pequeño, tiene un perfil rectilíneo o ligeramente achatado; la frente es ancha, los ojos grandes y vivaces, y las pequeñas orejas son de una gran movilidad. El cuello es de mediana longitud en las yeguas y arqueado en los machos. Las espaldas, muy inclinadas, y la grupa, también muy inclinada y nunca doble, reposan sobre cuatro extremidades rectas y fuertes.

Su andadura es ágil y suelta. El trote, muy característico, es suspendido, largo y elegante. Muchos asturcones realizan la ambladura desde que nacen, y en cualquier caso la aprenden fácilmente con un corto adiestramiento.

A los ponis asturcones estuvo a punto de ocurrirles lo mismo que a muchos otros animales domésticos de los que el hombre, al motorizarse, dejó de tener necesidad, es decir: el abandono a su propia suerte y el final de sus días en la carnicería. Por suerte para este animal, la A.C.P.R.A. (Asociación de Criadores de Ponis de Raza Asturcón) en 1978 inició una campaña para evitar la extinción, partiendo de 23 ejemplares, que se estima que representaban el 80 % de los supervivientes con garantías de pureza.

A partir de aquí, practicando una consanguinidad mínima y trabajando con los animales en libertad pero bajo control, en 1991 ya se habían conseguido potros de tercera generación reconocida y una cifra total de 230 cabezas seleccionadas que son el fundamento del libro genealógico.




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