Los perros entre ellos


Si dos perros se encuentran por primera vez, sobre todo si se trata de dos machos, tiene lugar casi siempre el mismo ritual. Empiezan a dar vueltas uno alrededor del otro, manteniendo las patas tiesas, la cola recta, las orejas dirigidas hacia delante, la nariz en posición horizontal. Cada perro trata de registrar el olor debajo de la cola o en el morro del otro. Los dos no se miran a los ojos, sino que desvían conscientemente la mirada. Tras estos segundos de contacto durante los cuales ambos tratan de impresionarse mutuamente, queda claro, casi siempre con bastante rapidez, quién de los dos llevará la voz cantante.

Como demostración de fuerza, por lo general, uno de los perros levanta la pata, coloca su marca de olor y escarba a continuación fuertemente la tierra con las cuatro patas. A veces se coloca transversalmente delante del otro, cortándole prácticamente el camino. Si el perdedor acepta su derrota, el conflicto queda terminado.

Si los dos perros tienen una capacidad pareja de dominación, el pulso continúa. En la siguiente fase, uno de los dos empieza a amenazar para establecer el orden jerárquico. Eriza el pelo de la nuca, levanta un poco más la cola, baja la cabeza y trata ahora de mirar al otro fijamente a los ojos. Dos machos de idéntica fuerza pueden aguantar así durante varios minutos antes de que uno de ellos se rinda. Entonces, el vencido se agacha, coloca las orejas hacia atrás, baja la cola y mueve la cabeza hacia un lado de modo que desvía la mirada de la del vencedor.

Un animal derrotado apretará, como señal de sumisión, la cola entre las patas traseras y se echará sobre la espalda. Con ello, tira las orejas tan fuertemente hacia atrás que su cara se parece a la de un cachorro. Esta impresión queda reforzada aún por una especie de «sonrisa», al tirar el perro los belfos hacia atrás. Cualquier perro normal comprende estas señales y suelta a su adversario vencido. De todas formas, salvo excepciones, como en el caso de animales con defectos físicos o enfermos, las confrontaciones entre dos perros transcurren sin verter sangre.

Los enfrentamientos son más graves cuando se encuentran dos dueños de territorio que se sienten igualmente fuertes y sin intenciones de someterse. Entre dos machos de fuerza y tamaño equiparables puede producirse un combate en ocasiones casi sangriento. Si tiene un perro alfa tan dominante y seguro de sí mismo, debe evitar dentro de lo posible a todos los machos para prevenir constantes peleas y, con ello, lesiones.

En los perros alfa, es muy importante una buena y consecuente educación, porque sólo entonces, usted como amo disfrutará realmente de este animal consciente de su fuerza. Los perros alfa son los que resultan del desarrollo de los cachorros que muestran ya en la carnada un destacado comportamiento de fuerza. A la hora de mamar, apartan a sus hermanos y son siempre los primeros en todo (ver también página 19). En la familia, como perros jóvenes, se muestran amistosos, frescos, atrevidos y simpáticos y se les suben literalmente a las barbas a sus dueños. Muchos amos tienden a sonreír frente a las travesuras de un perro joven y las festejan en vez de impedirlas enérgicamente, de modo que el perro va adquiriendo la impresión de que es él el jefe de la manada.

Al cabo de cierto tiempo, casi siempre al inicio de la pubertad, reacciona con agresividad si algo no funciona como él quiere, e incluso muerde a su amo si éste parece no «obedecerle». Entonces, los escandalizados dueños lo único que desean es entregar estos animales a un refugio o recurrir a la eutanasia mediante los servicios del veterinario.

Sin embargo, se les puede evitar este destino. En Antonienwald, venimos desarrollando desde hace más de 40 años de trabajos de investigación un nuevo método de educación. De acuerdo con nuestras normas, los animales alfa no son intimidados, sino que conservan su personalidad al tiempo que reciben una buena educación, de modo que, en la mayoría de los casos, proporcionarán alegría a su familia durante toda su vida y satisfacción a quienes los han adiestrado.

Se pueden producir situaciones muy desagradables o desastrosas cuando un perro no aprende a someterse o a reconocer los gestos de sumisión. Los perros que se crían solos, careciendo por tanto del aprendizaje lúdico que se obtiene con los hermanos, lo mismo que muchos perros enanos cuyos dueños los levantan en sus brazos ante cualquier enfrentamiento por insignificante que sea se suelen sobreestimar de forma desmesurada y no vacilan en atacar a perros mucho más grandes y Iiiertes. El adversario, que conoce las «reglas del juego», esperará el gesto de sumisión y, como éste no llega, tern finará mordiendo.

Los dueños que estimulan a sus perros a entrar en luchas y los alaban si salen vencedores refuerzan así la agresividad de los perros más allá de la «medida canina». Estos «mordedores» son temidos en todas partes, no sólo por otros dueños, sino también por los perros, los cuales, por su parte, ya no pueden confiar en las reglas que han aprendido y que les son familiares. Un ejemplo extremo para ello son los llamados «perros asesinos», educados por personas sin escrúpulos para ser desenfrenadas máquinas de matar.

De preferencia, se utilizan para ello a los bullterriers o también los mastines napolitanos. En el fondo, los perros de ambas razas son animales simpáticos y pacíficos, deformados en base a un adoctrinamiento sin tregua que empieza ya en la tierna edad de cachorro, de modo que terminan por atacar todo lo que se mueve. Abandonan por lo general el ataque a su víctima tan sólo una vez que ésta ha muerto o queda mortalmente herida.

Por suerte, estos animales deformados son la excepción. Generalmente, los perros se llevan bien entre ellos. Este hecho se puede observar en los. descampados donde se reúnen diariamente determinados grupos de animales, y siempre los mismos ejemplares juegan juntos o se evitan. Si falta alguna vez un miembro, tal vez porque su dueño ha variado su itinerario, los demás se muestran irritados. Y si llega un perro nuevo, no le será fácil conquistar su posición en este grupo que funciona armoniosamente.

Como dueño de un perro, debería igualmente conocer y comprender este lenguaje de los perros. Constato una y otra vez que pretendidos amantes de los perros desconocen o no toman en serio su lenguaje de gestos, lo cual es muy lamentable. Por ejemplo, he hecho la experiencia de que los perros reaccionan con agresión si se les mira fijamente a los ojos. No debe hacerlo nunca, y menos con un perro extraño, porque para él es una señal para atacar. Podría sentirse obligado a reaccionar, y ello resultaría doblemente doloroso para usted.

Los perros son muy sensibles, y la mayoría de ellos no soportan que se rían de ellos. Según su temperamento, reaccionan dolidos o agresivos, pero en todo caso se lo toman a mal si se ven tratados de esta forma. Tan grave como lo expresado anteriormente es seguir riñendo o castigando a un perro que muestra a través de sus gestos de sumisión que se da por vencido. Para él es algo incomprensible, dado que ya ha manifestado que se somete. Al contrario, debería aceptar en todo caso un reto que su perro le plantea a través de sus gestos. Si un perro quiere conquistar un rango superior al suyo con el pelo erizado y la cola levantada, sacúdalo fuertemente hasta que su postura demuestre que se rinde.

Si no lo hace, y la lucha por el poder se ha saldado a favor del perro a los ojos de éste, ya no considerará necesario obedecerle, y posiblemente empezará incluso a morderle a usted o a otros miembros de la familia. Ello ocurre con especial frecuencia con perros muy seguros de sí mismos, y en la mayoría de los casos, los dueños, perplejos, no tienen ni idea de que ellos mismos han autorizado inconscientemente al perro esa conducta al no reaccionar adecuadamente ante sus retos.

Por la postura de su perro puede ver enseguida cómo se siente frente a otro perro. Si su postura expresa miedo, no le obligue a acercarse al temido adversario y permítale evitarlo. Si, en cambio, ve que su perro muestra todas las señales de querer demostrar su fuerza al rival que se acerca, y si se da cuenta que el otro perro muestra miedo, debe actuar usted mismo como jefe de la manada y negar a su animal un ataque.

Los perros no sólo se comunican a través de su lenguaje corporal, sino también con su propio lenguaje. Según algunos científicos americanos, en la lengua del perro existen unos 300 «dialectos». Quien vive mucho tiempo con perros conocerá pronto todas las variaciones de ladridos. Cuando estoy sentado en mi despacho, puedo distinguir por el tipo de ladrido si ha llegado un extraño, si los entrenadores con sus animales están pasando al lado de las perreras, si aparece un gato en el patio, si los obreros han venido a trabajar o si los perros quieren tan sólo charlar con sus vecinos.




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