Los movimientos de la mar


Son innumerables las ocasiones en que, tras estar toda la semana pendientes de la previsión del tiempo, nos encontramos con un estado de la mar deplorable, que nos impide por completo la práctica de nuestro deporte favorito, ya que el oleaje que presenta nos impide salir con una embarcación o lanzar las cañas desde una playa. Es este un inconveniente que sólo tiene que soportar el pescador de mar, ya que ni en los ríos ni en los lagos se forman olas que impidan la práctica de la pesca.

La acción del viento, al incidir sobre la superficie del mar, genera un movimiento ondulante que recibe el nombre de ola. Dicha ola no es más que el resultante de los movimientos de rotación y de translación de las moléculas líquidas, siendo su tamaño y su forma distintas y variables siempre en función de la intensidad del viento que las genera.

Así., pues, la ola no es más que una transferencia de energía que va del viento a la mar, ya que lo que se propaga es tan sólo un movimiento y no el agua, que permanece siempre en un mismo lugar, ya que las moléculas se limitan a describir un círculo del mismo radio de su posición media. Un ejemplo que nos permite comprender fácilmente esta explicación es observar una boya o cualquier tipo de objeto flotante al paso de una ola. Veremos que sus movimientos son siempre los mismos, uno de ascensión y otro de descenso, cada vez que sufre el efecto del paso de la ola, pero que permanece siempre en un mismo lugar, sin desplazarse de su vertical.




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