Los aplomos de un caballo o poni


Los aplomos de un caballo o poni

En hipología, el aplomo es la dirección correcta de las extremidades para que sean equidistantes respecto al centro del cuerpo y soporten su peso por igual. Para ellos se establecen una serie de líneas verticales que, partiendo de ciertos puntos del cuerpo, deben corresponderse con otros puntos determinados por su desarrollo y por los apoyos en el suelo. Los aplomos influyen en gran manera en la duración de la actividad del animal y en la seguridad con la que realiza sus desplazamientos.

Considerando las extremidades anteriores desde la primera perspectiva, es decir de perfil, estas tendrán un aplomo correcto cuando no rebalsen las dos perpendiculares, trazadas una desde la punta del encuentro, y la otra desde el vértice de la cruz. Una tercera línea vertical que parte desde el centro del lado del antebrazo, la rodilla, la caña y el menudillo.

Las extremidades posteriores tendrán un aplomo correcto cuando permanezcan entre las perpendiculares al suelo trazadas desde la babilla y desde la punta de la nalga. Otra perpendicular trazada desde el centro de la articulación coxofemoral deberá pasar tangencialmente por la cara anterior del corvejón, dividir oblicuamente la cuartilla y caer al suelo entre el talón y las cuatro partes.

Si se examina el caballo de frente, sus extremidades tienen un aplomo correcto cuando una vertical tirada desde la punta del encuentro divide en dos partes iguales todos los diámetros de los huesos que la componen, incluido el pie. Por lo que respecta a las extremidades posteriores, vistas desde atrás, si la vertical tirada desde la punta de la nalga hasta el suelo las divide en dos partes iguales hasta los talones, los aplomos serán correctos. Cuando estas direcciones presentan alguna alteración, ya sea que afecte a toda la extremidad, o bien a alguna de sus partes (defectos de aplomo), aparecen inconvenientes más o menos graves. Así pues, si la línea que va desde la punta del encuentro hasta el suelo cae por delante de la punta de la mano, el animal está «remetido de delante». En tal caso el apoyo se efectúa más sobre la lumbre que sobre el resto del casco y la marcha resulta poco segura y encogida. La inclinación de las extremidades anteriores lo pone siempre en peligro de caerse, el caballo tropieza y golpea las manos con los pies («se alcanza»).

Los aplomos de un caballo o poni Poni

Por el contrario, si la punta de la mano queda por delante de esta línea, el caballo (plantado de delante) se apoya más sobre los talones que sobre las otras partes del pie, su marcha resulta también encogida, y los movimientos tienen poca soltura y elegancia. Si la línea tirada perpendicularmente desde la lumbre de las manos hacia arriba, en lugar de dividir la rodilla en dos partes iguales. deja esta articulación hacia el interior del cuerpo, las rodillas estarán demasiado próximas entre sí e inclinadas la una hacia la otra. En este caso se dice que el caballo es boyuno. En cambio, si las rodillas quedan muy separadas entre sí y las lumbres de las manos están dirigidas hacia el interior, se dice que es estevado.

En ambos casos el apoyo es falso y la marcha es poco estable porque el peso del cuerpo recae sobre el lado interior del casco en el primer caso, o sobre el lado exterior en el segundo. Los caballos con estas características son propensos a «alcanzarse». Si la línea tomada desde el tercio superior trasero del antebrazo dejada rodilla inclinada hacia delante y como si estuviera doblada, se llama corvo y se considera un defecto gravísimo. En sentido opuesto, es decir la rodilla inclinada hacia atrás (trascorvo) produce inconvenientes análogos a los que presentan los caballos que están plantados de delante, pero nunca tan graves como los que son corvos (que tienen la rodilla demasiado adelantada) o los que son remetidos de delante (que aploman las extremidades anteriores demasiado atrás).

Por otro lado, si la misma vertical tirada desde el antebrazo, en lugar de dejar la parte posterior del pie un poco por delante, recae sobre el pie de modo que el menudillo y la cuartilla no conservan el ángulo natural y se encuentran casi en línea con la caña, el caballo se dice que es plantado. Este mal aplomo de las extremidades, si es de conformación, hace que los movimientos sean duros, encogidos y poco seguros.

El caballo es recto de espaldas cuando no tiene estos miembros suficientemente oblicuos, y en tal caso los movimientos se ven limitados. Es abierto de delante el caballo cuyos miembros anteriores están demasiado separados entre sí, y «cerrado de delante» si tiene el defecto opuesto.

En cuanto a las extremidades posteriores, si la punta del pie sobrepasa la vertical tirada desde la babilla al suelo, el caballo es remetido de atrás, y los corvejones se resienten de ello porque deben soportar gran parte del peso del cuerpo; los pies chocan contra las manos y producen contusiones. El defecto opuesto, o sea que la punta de los pies está atrasada respecto a la vertical, conlleva los mismos inconvenientes que presentan los caballos de extremidades posteriores cortas y rectas, con lo que los movimientos se efectúan con dureza y rigidez, y los aires con retraso. Si la vertical que va desde la punta de la nalga al suelo deja la punta del corvejón hacia el interior, estas articulaciones quedan demasiado próximas entre sí y debilitan el tren trasero. Los caballos con esta conformación reciben el nombre de boyunos o cerrados de corvejones. Y al contrario, los corvejones pueden ser demasiado abiertos si la línea anteriormente citada deja estas articulaciones en la parte exterior. También pueden ser demasiado rectos si el ángulo formado entre la pierna y la caña es demasiado obtuso, o demasiado doblados cuando presentan el defecto opuesto. Estos tres últimos defectos perjudican la marcha en mayor o menor grado, el caballo corre el riesgo de alcanzarse, resulta rígido y de poca duración. Igualmente se dice que un caballo es demasiado abierto de atrás cuando sus extremidades están muy separadas la una de la otra, y que es demasiado cerrado de atrás cuando están demasiado próximas entre sí. Cuando el caballo tiene las extremidades bien constituidas, cuando está en reposo, cada una de ellas debe tapar a su opuesta. De este modo, al mirar el caballo de frente los miembros anteriores tienen que esconder a los miembros posteriores, y visto desde detrás debe suceder lo contrario. Visto de perfil la extremidad de un lado debe esconder la del otro lado.

Para concluir con lo que aquí se ha expuesto, hay que decir que se ha intentado dar una idea acerca de las cualidades que debe tener un buen caballo, pero encontrar uno en estado natural que las reúna todas no es fácil. Por consiguiente, para valorar la docilidad y la belleza de un animal bastará con ver si sus extremidades se apartan poco de las proporciones que la ciencia ha establecido como óptimas. El sistema más correcto para valorar las cualidades y las aptitudes de un caballo es examinarlo exteriormente, aunque es cierto el hecho de que no siempre las mejores apariencias son un indicio seguro de su docilidad. Con el fin de que la valoración externa del caballo resulte lo menos engañosa posible, es imprescindible acompañarla con la observación práctica. Hay personas que incluso sin haber estudiado anatomía, fisiología o zoología, con un vistazo pueden emitir un juicio sobre las cualidades de un caballo con muy poco margen de error.




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