Las infecciones del Bóxer amenazan su salud


El moquillo y la hepatitis son enfermedades víricas especialmente peligrosas para los perros jóvenes, aunque también pueden afectar al perro adulto. El moquillo se inicia con fiebre leve, muchas veces apenas perceptible, a la que sigue, al cabo de unos ocho días, una grave infección pulmonar, acompañada de secreción ocular y nasal con pus o bien diarrea. Una manifestación especial de la enfermedad consiste en un endurecimiento de las almohadillas plantares. Tras una aparente mejoría aparecen trastornos nerviosos que pueden llegar a convulsiones y que, por lo general, conducen a la muerte. Si se supera el moquillo, suelen persistir contracciones nerviosas de los músculos de la cabeza, «el tic del moquillo», mientras que el perro joven que ha sufrido la enfermedad presenta la típica dentadura del moquillo, con defectos relevantes en el esmalte dentario.

La hepatitis se presenta de forma similar, con fiebre alta, apatía y falta de apetito. Puede dejar secuelas permanentes, como el enturbiamiento de la córnea. La leptospirosis es causada por bacterias y se transmite de un perro a otro. Suele manifestarse por debilidad de las extremidades posteriores. Las úlceras en la cavidad bucal, el estómago y los intestinos provocan aliento pestilente y diarrea sanguinolenta.

La rabia ya no es frecuente en perros. En España está erradicada desde los años sesenta. La enfermedad es transmitida fundamentalmente por los zorros. En zonas amenazadas por la rabia, se avisa de ello mediante carteles informativos. Esta enfermedad es especialmente engañosa: es frecuente la ausencia de los síntomas típicos, como ronquera, hidrofobia, inquietud y ganas de morder sin motivo. La «rabia muda» es muy difícil de detectar en sus primeros estadios. El animal que enferma de rabia muere irremediablemente.

La parvovirosis es una enfermedad completamente asentada y distribuida. El agente causante de la infección es parecido al virus de la parvovirosis felina. El contagio se produce a través de las secreciones de un perro a otro. Los cachorros mueren después de sufrir diarreas sanguinolentas persistentes y vómitos.

Las vacunas protegen contra estas infecciones

Los cachorros procedentes de criaderos amenazados o los perros no vacunados con síntomas sospechosos de enfermedad pueden ser tratados con un suero que contiene anticuerpos específicos. No obstante, esta «inmunización pasiva» sólo protege por espacio de dos o tres semanas. Así pues, el comprador de un perro debe examinar meticulosamente su cartilla de vacunación.

Una protección más duradera sólo se consigue mediante la vacuna «activa». Consiste en la inoculación del agente causante de la infección, debilitado o inactivado. El organismo reacciona con la producción de anticuerpos propios. En los productos combinados que existen hoy en día, las iniciales M, H, L, R y P indican la eficacia contra las enfermedades anteriormente mencionadas. Los cachorros se vacunan por primera vez cuando tienen alrededor de seis a ocho semanas y luego se repite la vacuna cuando cuentan de ocho a diez semanas. En perros adultos es suficiente una sola inmunización.

La inmunidad del perro pierde fuerza con el tiempo. Si el perro entra en contacto con los agentes patógenos causantes de la enfermedad, se renueva la producción de anticuerpos. Pero, si la protección ha disminuido de forma considerable, el perro puede enfermar. Es por ello que resulta necesario repetir las vacunas cada uno o dos años.

La protección del perro mediante vacunas es también muy importante para el hombre. Los perros enfermos pueden transmitir la leptospirosis, que en el hombre provoca la «fiebre canícola» o enfermedad de Weil. La rabia canina es mucho más peligrosa para el hombre que la rabia salvaje, debido al estrecho contacto que mantiene con el perro. Los perros vacunados no la transmiten. Gracias a ello, no será necesario sacrificar al perro si éste ha mantenido contacto con algún animal salvaje, como es preceptivo en perros no vacunados. Contra otras infecciones se impone la precaución.

La toxoplasmosis es causada por parásitos unicelulares. Su huésped es el gato. En otros animales se desarrollan formas persistentes contagiosas. Los perros suelen contraerla al ingerir carne de cerdo infectada. Antes se los responsabilizaba injustamente del contagio humano.

La enfermedad de Aujeszky también se transmite por la carne de cerdo. Picores intensos, inquietud, miedo y salivación exagerada son los síntomas, que presentan similitud con los de la rabia, razón por la cual se la denomina también seudorrabia. Como precaución, hay que hervir muy bien la carne de cerdo y las mezclas de carne de procedencia desconocida, como venden, por ejemplo, en algunos supermercados. Las comidas preparadas y la carne de buey están libres de toda sospecha.

La tos de las perreras aparece sobre todo en albergues para animales y en comercios donde los venden. En circunstancias favorables, una combinación de virus y bacterias desencadena infecciones en las vías respiratorias y los bronquios. La enfermedad se caracteriza por episodios de tos corta y seca. Las infecciones secundarias pueden agravar el curso de la enfermedad. Las mayores posibilidades de adquirir un perro sano puede ofrecerlas un criador. No se debe dejar el perro durante las vacaciones en residencias caninas de las que no se tengan referencias.




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Un comentario en Las infecciones del Bóxer amenazan su salud

  1. jazmin Dice:

    Buenas..
    Mi perro es un boxer pero no tiene ningun sintoma del tipo mencionado en la publicación pero … Es flaco y no come siempre le damos mucha comida le llenamos su plato popular le das comida a tu perro y por poco no come el plato pero el no es asi el es grande adelante pero la parte trasera es un poco mas relleno a la foto del perro .. Pero se le ven lo huesos a que se debe eso?

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