La vejez del perro Terrier


Por lo general se puede contar con que un terrier bien cuidado llegue a vivir muchos años sin volverse enfermizo o débil. A menudo se juzga a estos veteranos mucho más jóvenes de lo que son, porque todavía se muestran muy vitales y alegres. ¿Cómo se manifiesta el envejecimiento de nuestro perro? El animal se vuelve más tranquilo, duerme más que antes, busca de forma evidente la proximidad del hombre, adora el calor y su suave manta. A algunos terrier les sale pelo gris alrededor de los ojos y en el hocico. Muchos pierden oído o bien sus ojos se enturbian y se les reduce la vista. Sin embargo, esos síntomas son normales tanto en el hombre como en animales. Al perro de edad avanzada ya no le apetecen las caminatas largas. Ahora le basta con cortos paseos, aunque más frecuentes.

Es aconsejable cambiarle la dieta y darle de comer tres veces al día alimentos de elevado valor nutritivo y de fácil digestión. Es necesario que el perro sea sometido con regularidad al control del veterinario, que debe examinarlo a fondo al menos dos veces por año.

Controle las digestiones del animal y no le dé huesos. Tampoco debe olvidar el cuidado del manto y de los dientes y, de vez en cuando, efectuarle una cura vermífuga. Es posible que su sistema circulatorio se encuentre algo deteriorado, y usted pueda ayudarlo con pastillas o gotas que añadirá a sus comidas. Los complejos vitamínicos y revitalizantes también representan una valiosa ayuda para el perro de edad avanzada.

Nadie que aprecie a los animales haría matar a un terrier viejo porque éste ya no es tan atractivo y alegre como lo fue en su juventud. Mientras no tenga graves problemas de salud, el perro debería permanecer con su amo y recibir las atenciones habituales, hasta que una mañana, quizá, ya no despierte. Sin embargo, la pregunta que se plantea es si es justo para el animal mantener a un perro viejo, enfermo y debilitado, para el cual ya no hay esperanza, con vida. Los animales ancianos y enfermos son una carga para sí mismos y pierden toda su seguridad. Así pues, no permita que su perro enfermo, sobre todo si lo quiere de verdad, tenga que sufrir una larga e innecesaria tortura.

No liberar de su dolor y sufrimiento a un perro que se encuentra en el umbral de la muerte —por puro egoísmo o por miedo a las consecuencias últimas que eso pueda tener— y negarse a que le apliquen la inyección, no es auténtico amor por los animales. Pero no lo deje solo en ese trance. Permanezca junto a él cuando el veterinario le administre la inyección para que se duerma. Apoyando la cabeza en sus brazos el perro se sentirá en paz. Confía en usted hasta el último momento. Ahórrele el miedo a quedarse solo con personas desconocidas en la consulta del veterinario, simplemente porque a usted le parezca que no va a ser «capaz» de mirar. Su perro ha sido durante años su amigo más fiel o incluso el más bueno y sincero. Agradézcaselo hasta el último segundo de su existencia.




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