La higiene de un poni


Los agentes atmosféricos

El aire

Sin lugar a dudas no descubro nada al afirmar que el aire puro es benefiáoso para la salud, mientras que si está contaminado por miasmas o gases es perjudicial. La temperatura del aire no afecta en gran manera al poni (naturalmente nos referimos al poni nacido en libertad, perfectamente adaptado a las condiciones de la vida rural, gracias en parte a una herencia genética que se ha ido desarrollando con grandes fatigas).

La luz

La luz del día es otro elemento tan indispensable para el poni como el aire, a no ser que esté enfermo, en cuyo caso es preferible mantenerlo en la semioscuridad.

La electricidad atmosférica

La electricidad atmosférica origina los rayos, los relámpagos, los truenos y muchos otros fenómenos. Cada animal reacciona a su manera ante las variaciones de la electricidad atmosférica. Al avecinarse una tormenta son presa de una insólita inquietud, y están nerviosos en mayor o menor grado.

El viento

El viento ejerce una influencia beneficiosa en el aire, puesto que lo refresca y dispersa los miasmas estancados. Sin embargo, cuando el viento sopla con excesiva fuerza produce en los ponis una sensación de malestar que procuran evitar apretándose unos contra otros o buscando instintivamente algún cobijo.

La niebla y el rocío

Al depositarse sobre el pelaje ejercen la misma acción que el aire húmedo y frío.

La lluvia

Cuando no es violenta e insistente purifica el aire, pero si cae con violencia, y aún más cuando es azotada por el viento, humedece demasiado el aire y, al penetrar debajo del pelo, dificulta la transpiración y ello puede ser causa de reumatismos y afecciones catarrales.

La nieve

La nieve por sí misma no es perjudicial, pero puede ser peligrosa para la vista debido al reflejo de la luz solar. Por este motivo la madre naturaleza ha dotado a los ponis con un frondoso copete que les proteje los ojos.

El hielo

Dado que es resbaladizo el simple hecho de mantenerse de pie fatiga al poni. Para evitar tal inconveniente hay que calzarlo con herraduras adecuadas para esta circunstancia.

Por otro lado, el hielo enfría excesivamente el agua que beben, lo que puede producir indigestiones, cólicos, gastritis o enteritis.

El baño

Muchas personas sostienen que no hay necesidad de bañar al poni. Estoy de acuerdo en que no hay que abusar, como hacen los que quieren ahorrarse los cuidados manuales, pero en determinadas situaciones, como los días muy calurosos o para preparar al poni para un concurso o exhibición, el baño es beneficioso y saludable. Obviamente no hay que bañar al animal mientras está sudando. Si se utiliza champú hay que evitar el contacto con los ojos.

La cola se lava sumergiéndola en un cubo y luego frotándola con ambas manos, al igual que la crinera y el copete. A continuación hay que secarlo, antes de conducirlo de nuevo a su box, con una cuchilla ad hoc o con haces de paja.

Las duchas de agua fría en las extremidades posteriores pueden resolver provisionalmente, o aliviar, problemas en los tendones o vasculares.

Los cuidados manuales: la bruza y la almohaza (rasqueta)

La limpieza a diario es un elemento indispensable para la higiene y la salud del poni. Para ello se precisan unos pocos, pero fundamentales, utensilios.

La primera operación consiste en limpiar los cascos eliminando los residuos acumulados en la ranilla y la palma, para lo que se utiliza un limpiacascos. Primero se tendrá que acariciar con la mano la pata del animal en toda su longitud, para poder lograr sujetarlo por la caña y poder levantar el casco hacia atrás. Luego se elimina con el limpiacascos toda la suciedad acumulada en la palma y la ranilla. Recordemos que esta operación es importante para evitar una posible cojera causada por piedras u otros cuerpos sólidos que hayan podido quedar peligrosamente atrapados en esta zona. A continuación, con la ayuda de una bruza o un cepillo duro y un poco de agua, se limpia la parte externa del casco.

Una vez realizada esta operación, con una almohaza (o rasqueta) se efectuará con suavidad un cepillado general, empezando desde detrás de las orejas hasta llegar a la grupa. Es importante proceder con mucho tacto, ya que no todos los ponis tienen la misma sensibilidad epidérmica. La parte más sensible a la acción de la almohaza es el vientre, que es la zona que trataremos con más cuidado. Cuando hayamos eliminado lo más grosero, le pasaremos la bruza, que usaremos también a contrapelo en las zonas que conserven alguna suciedad. Finalmente le pasaremos un cepillo de cerdas suaves para eliminar el polvo que haya podido quedar aún entre el pelo.

A continuación nos ocuparemos de la crinera y de la cola.

Primero se usa un cepillo de cerdas duras para desenredar las crines, y luego se da la última pasada con un peine de púas anchas para que queden sueltas y ordenadas.

Si la cola y la crinera, o incluso todo el cuerpo, lo requieren, y el clima lo permite, se puede utilizar un champú, pero teniendo siempre la precaución de secar bien al poni con paños o, a falta de estos, con manojos de paja.

No se debe olvidar la limpieza de las mucosas. Con una esponja húmeda se elimina la legaña de los ojos y las mucosidades resecas de la nariz. También se deben limpiar los belfos y, finalmente, se eliminan las eventuales incrustaciones del ano, también con una esponja húmeda y, en las hembras, de la vulva.

Un perfecto acabado se completa aplicando unas pinceladas de grasa en los cascos, para conservarlos limpios y brillantes.

El esquilado

Los ponis se suelen esquilar entre octubre y noviembre, cuando el pelo empieza a crecer y antes de que el frío sea demasiado intenso. Naturalmente, se trata de los ponis que están estabulados, ya que los que viven al aire libre no deben ser esquilados. Esta es una buena norma higiénica, que no presenta ningún inconveniente si se efectúa en el momento indicado y se toman las precauciones oportunas dictadas por el sentido común. Durante los primeros días después de haber efectuado su esquilado es conveniente proteger al poni del frío y de las corrientes de aire con una manta de lana.

El herraje

El herraje consiste en la aplicación de una pieza de hierro debajo del casco del poni con vistas a conservarlo entero o a corregir posibles defectos. El arte de herrar no consiste únicamente en instalar un hierro en los pies del animal. El herrador tiene que respetar una serie de fundamentos científicos. Normalmente, la herradura se renueva cada 40 días. En algunos casos las herraduras posteriores se consumen antes que las anteriores, y en otros ocurre lo contrario. Según el caso habrá que herrar las extremidades anteriores o las posteriores de modo que la altura del casco sea la misma en las cuatro extremidades. Cuando el poni trabaja sobre terreno blando, las herraduras sufren poco desgaste, pero el casco continúa creciendo y ello requiere un ajuste, que se realiza igualando los cascos y reponiendo las herraduras con clavos nuevos, no sin haberles dado antes la nueva forma del casco, después de haberlo igualado.

El equipo

El equipo es el conjunto de todas las piezas que el hombre ha imaginado para adaptar al caballo y domesticarlo. El equipo se compone de cabezadas, collares, cabezadas de cuadra, riendas, filetes, monturas y otros elementos, que ejercen una doble acción: por un lado una acción mecánica, según su construcción y el uso para el que están destinados, y por otro una acción higiénica, que está en relación con la conservación del cuerpo del animal.

Este material tiene que estar bien construido y ha de adaptarse al volumen y a las características del poni al que está destinado, sin ángulos demasiado agudos o partes poco acolchadas o salientes que puedan herir o provocar llagas o rozaduras al animal. Una presión excesiva sobre los tejidos normalmente provoca la ralentización del flujo sanguíneo en la zona que sufre la compresión, con la consiguiente pérdida de sensibilidad. Es conveniente saber que si la compresión va unida al roce se producen heridas de cierta gravedad, que resultan todavía más peligrosas si se localizan sobre la columna vertebral o en sus proximidades. En caso de que un animal sufra heridas de este tipo no deberá llevar montura ni ningún tipo de arnés. Las heridas en las costillas no entrañan tanto peligro como las que se sitúan en la columna vertebral.

Las cinchas, si son nuevas y duras, pueden producir escoriaciones o laceraciones si aprietan demasiado.

No es raro el caso en que un pliegue del sudadero sea la causa de rozaduras, o de embocaduras mal construidas o mal adaptadas que produzcan llagas en la boca. Las escoriaciones o rozaduras en la barbada, sobre la nariz o en la nuca producidas por la cabezada, el testero o la muserola son también frecuentes, por lo que siempre hay que comprobar que el equipo se encuentre en buen estado y que esté bien ajustado.

En los poni-clubs frecuentados por niños no sólo se enseña la forma de cuidar el equipo, sino que son ellos mismos los encargados de conservarlos en orden. Me gustaría que aquellos que tienen la suerte (insisto, la suerte) de formar parte de uno de ellos tuvieran siempre muy en cuenta estas palabras: un equipo limpio y bien cuidado resulta agradable a la vista, da elegancia al poni y, al mismo tiempo, seguridad a cualquier jinete.

La limpieza total del equipo se realiza una vez por semana, pero cada día, después de la clase de equitación o de la salida al campo, el equipo tiene que limpiarse de sudor y el filete ha de ser lavado. Para eliminar el sudor y el barro de las piezas de cuero se usa una esponja húmeda, y se presta una especial atención a las costuras. Se extiende una capa de jaboncillo inglés con la esponja, se deja absorber y, finalmente, se repasa todo con un paño de lana seco.

Para limpiar las piezas metálicas (hebillas, estribos), que no van dentro de la boca del poni, se utiliza un abrillantador corriente de metales. Si se prevé que no van a ser usadas durante algún tiempo se deberán limpiar y guardar, a ser posibles engrasadas, dentro de una bolsa de tela.

Recapitulando

Para evitar los efectos perjudiciales de la humedad del aire hay que respetar las siguientes reglas higiénicas: cuando haga mal tiempo los ponis deben permanecer en la cuadra o han de ser conducidos a ella tan pronto como hayan acabado el trabajo; hay que secarlos y darles un masaje vigoroso; no hay que dejarlos pastar cuando haya rocío, niebla densa o cuando llueva; si el aire es húmedo y cálido no hay que tenerlos en los boxes, sino al aire libre, evitando corrientes de aire frío; no deben ser sometidos a trabajos excesivos; hay que suministrarles alimentos de calidad tónicos y nutritivos; si el aire es frío y húmedo se abrigará al animal cuando salga de la cuadra; no olvidar atenderlo y asearlo; durante varios días se les darán de 10 a 15 gramos de sal a diario; si hay niebla hay que poner mantas a los animales cuando salgan; se evitará que permanezcan parados, especialmente cuando estén sudados; si llueve o nieva hay que protegerlos con mantas y, al regresar a la cuadra, hay que secarlos y frotarles el pelo.




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