Indicios de la presencia de aves


Plumas

Una identificación segura a través de hallazgos fragmentarios es cosa que requiere por lo geneal amplísimos conocimientos especializados o posibilidades de compararlos, por ejemplo, con una colección de plumas. Con cierta frecuencia, las fotografías o dibujos de aves facilitan valiosa información sobre el colorido de determinados plumajes.

Cuando alguien encuentra un conjunto completo, casi siempre obra de un gavilán, azor o halcón, la cuestión se hace más fácil. Antes de que el predador devore a sus víctimas las despluma. Estas muestran muchas veces un pellizco en la piel por donde el pico del ave las ha asido. En cambio, en el punto donde han mordido zorros o martas, y que podría definirse como desgarro, quedan penachos adheridos, así como algunos restos de plumas en la parte de la quilla.

También se originan amontonamientos de plumas cuando mueren por enfermedad o accidente y sondevoradas acto seguido por un carroñero. En las carreteras muy transitadas, los ratoneros suelen aguardar a que algún animal caiga bajo las ruedas de un vehículo. De este modo consiguen ejemplares adultos de liebres y faisanes que de otro modo no podrían procurarse.

Huellas

Las pisadas de las aves sólo pueden identificarse sobre la nieve o en suelos excepcionalmente blandos. Cuando se trata de especies emparentadas es prácticamente imposible distinguirlas. Es el caso, por ejemplo, de las oscinas o pequeñas canoras auténticas. Como ayuda para la observación de las aves carecen de importancia; sin embargo, contribuyen a estrechar el cerco de preguntas que ha de llevar a la identificación de la especie que nos ocupe.

Indicios de la presencia de aves Aves Salvajes

Las aves nadadoras poseen unos pies cuya superficie aumenta por obra de una membrana natatoria. En los gansos, cisnes, patos y gaviotas quedan unidos por esta membrana los tres dedos orientados hacia adelante. Las fochas, somormujos lavancos y zampullines disponen en cambio de los que se conoce por lóbulos natatorios. Se trata de unas membranas que rodean cada dedo por separado. Breves y poderosos, y por lo tanto apropiados para desplazarse corriendo, son los pies de las gallináceas como el faisán y la perdiz. Las limícolas (aves de los fangales y aguas someras) presentan unos dedos finos y muy separados unos de otros; gracias a ellos pueden mantenerse derechas sobre el suelo de las ciénagas. Las huellas de las pequeñas aves canoras se distinguen por la longitud de su largo dedo posterior, el cual constituye como una prolongación de los dedos delanteros y es de gran importancia para agarrarse a las ramas.

Egagrópila (o restos alimenticios indigeribles vomitados por algunas rapaces)

Este excremento lo originan las partes de dificil digestión que ha integrado la alimentación del ave. Se trata de pelos, plumas, garras, huesos, corazas de quitina de insectos y determinados residuos vegetales que, ingeridos, son apelotonados y comprimidos por la molleja o estómago muscular de estos vertebrados y expulsados en forma de bolas por el conducto esofágico, cuyo diámetro determina el tamaño de la egagrópila. De ahí que, por lo menudas, estas excreciones pasan casi siempre inadvertidas en los pequeños pájaros insectívoros. Las egagrópilas se encuentran especialmente en los lugares donde anidan, permanecen al acecho o descansan las especies mayores. Búhos y mochuelos producen egagrópilas de color gris, los cuales contienen, sorprendentemente, muchos huesos. Cuando se someten a la acción del agua y se analizan pueden aparecer en ellos incluso cráneos completos de pequeños animales. Las grandes rapaces ingieren muchos menos huesos y además pueden disolverlos a fondo con sus jugos gástricos. De ahí que las egagrópilas del ratonero común y del cernícalo consistan casi exclusivamente de una especie de amasijo de pelo; en las del gavilán y el azor se encuentran además innumerables plumas. Aparte de lo dicho sobre las rapaces nocturnas (búhos y lechuzas), esto no permite extraer conclusiones exactas, por regla general, sobre la elección de las presas. Las egagrópilas de los córvidos, predominantemente amarillentos, son poco compactas y, junto a distintos residuosvegetales, presentan piedrecillas que facilitan en cl buche del ave el tritu-rado del alimento. En cambio, este tipo de excremento esofágico es os-curo, compacto y muy mezclado con huesos, si en el menú del ave figuran pequeños mamíferos.

Las gaviotas cuentan con un espectro alimentario amplísimo. Las egagrópilas, en consonancia con ello, son poco densas y están compuestas de espinas de pescado, plumas de ave, conchas de moluscos, corazas de quitina procedente de in-sectos y residuos vegetales. En las áreas de influencia de los vertederos de basuras, las aves expulsan losmás sorprendentes desechos de la civilización.

Otros indicios

Los hay en abundancia. Para que sirvan de base, entresaquemos algu-nos ejemplos típicos: un montón de conchas de caracoles sobre una pie-dra, tocón de árbol u otro objeto duro, caracterizan la presencia de un yunque de zorzal. Ocasionalmente, los mirlos y, en especial, los zorzales comunes sujetan con el pico el caracol y lo golpean contra la superficie elegida hasta romperle el caparazón protector. El picogordo que puede encontrarse en los jardines muestra su afición por las cerezas: desprecia su carne, les saca el hueso, lo divide en dos pedazos iguales con su grueso pico y, por último, devora la semilla interior. Y del mismo modo se dedica a las ciruelas y otras frutas de hueso. Cuando encontremos una piña por el suelo, desprovista de piñones, pero que no ha sido mordisqueada (obra de ratones o de ardillas), sino más bien convertidas en algo estropajoso y deshilachado hay que echarle la culpa a un pico picapinos. Estas aves basan su alimentación invernal en las semillas que se alojan detrás de las escamas de la piña. Descolgada ésta del árbol, el pájaro (yunque de picapinos) la fijará a modo de cuña en alguna grieta natural, o que él mismo habrá preparado, para trabajarla mejor.

El pito negro agujerea a golpes los troncos podridos, haciendo grandes agujeros, en busca de insectos. En invierno excava grandes pasadizos en los hormigueros hasta tener acceso a sus habitantes.




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