Fomentando la mejora de la raza de los perros dálmata


Sin duda que las razones que nos movieron a adquirir un dálmata no fueron su línea y su aspecto general, sino la raza en sí; por otros motivos, tales como su carácter simpático y la viveza que le caracteriza, simplemente nos gustaba. Para que todas las cualidades se mantengan de generación en generación, será necesario cuidar de seleccionar los ejemplares y aparearlos según criterios sobre genética muy formados y, en especial, contar con personas entendidas en la raza.

Especial cuidado deberemos tener en que no sea cubierta por algún perro vagabundo o de otra raza, pues así es como nacen los mestizos que luego muy pocas personas son capaces de cuidar y querer; para evitar todo esto, debemos vigilar y aislar a nuestra perra dálmata cuando tenga el celo, sacándola a pasear y observando atentamente que no se le acerquen otros perros, ya que no solamente puede ser cubierta por algún perro suelto, sino que, al acudir más de un macho, podría originarse alguna riña en la que se la disputaran y terminaran las cosas como acostumbran a terminar en estos casos. Teniendo en cuenta la clase de civilización a que pertenecemos en la que a las cosas se las valora por lo que cuestan, muchas personas, olvidando que un perro es un ser que vive y que por lo tanto, está dotado de facultades sensitivas, lo consideran como un objeto más que forma parte de la decoración de la casa.

A pesar de que no son formas lógicas ni correctas de actuar, comprendemos que el obrar así corresponde a personas carentes de sensibilidad y de la cultura necesaria para comprenderlas, pero desgraciadamente debemos admitir que es elevado el número de los que piensan y actúan así. Por esta razón, si un cachorro es regalado alegremente a una persona de la que carecemos de informes, lo más probable es que, cuando deje de ser cachorro y crezca, pase a ser de juguete de los niños, estorbo de los mayores, y sea abandonado, nuevamente regalado o dejado en manos extrañas para que sea cuidado «por delegación» de quienes deberían estar obligados a ello. Si seguimos la teoría puesta en práctica por muchos, de que las cosas valen según lo que han costado, lógicamente, cuanto más elevada sea la suma pagada por un perro, más cuidados considerarán que se le debe prodigar para que no enferme y pueda seguir luciéndose como un auténtico objeto de lujo.

Si vislumbramos que alguno de nuestros cachorros va a terminar así, mejor será que desistamos en cederlo en estas condiciones, o manifestemos que, con anterioridad, lo teníamos comprometido para otra persona. La responsabilidad moral de lo que luego pueda ocurrirle, será en parte nuestra, especialmente si no hemos hecho averiguación alguna sobre el particular. Tenemos bastantes posibilidades de poder lograr ejemplares de cierta categoría, cinófilamente hablando, si nos dirigimos a un técnico en dálmatas o a la Sociedad Canina de nuestra demarcación, delegado, etc., al cual le enseñaremos, en principio, el pedigree de nuestro ejemplar y cuando se establezcan, será interesante que conozca al animal.

En Alemania se exige, como mínimo, para que dos ejemplares sean cruzados, además de que tengan el pedigree correspondiente, que en una exposición canina de belleza hayan obtenido el mínimo de «Bueno» como calificación, y que el carácter sea normal. Aunque los orígenes de la raza no sean precisamente alemanes, ha sido precisamente aquel país el que le ha dado apoyo y prestigio, creando clubs y mejorando notablemente la raza, además de la ayuda que también ha recibido en Yugoslavia. Por eso, el tomar como normal el mínimo que se sigue en Alemania, contribuirá a que tengamos una base o punto de partida que evite nos descendamos a cero.

Si después de todos los asesoramientos, tenemos unos preciosos cachorros, será más fácil conseguirles un hogar donde puedan ser cuidados con la dignidad que todo perro, como animal de compañía y amigo del hombre, merece, pudiendo volver a verlos algún día, ya sea en exposiciones o bien en su propia casa, lo cual acostumbra a ser motivo de satisfacción para el criador, especialmente cuando se ve que los animales gozan de un trato afectuoso. La mayor satisfacción que puede llegar a tener un criador profesional, será que el día de mañana, un ejemplar que cedió en su día, después de haber sido criado con todos los cuidados quede clasificado en un lugar superior al conseguido por ejemplares de su propiedad. La mejor propaganda para un criador será producir buenos perros, que es más importante que el hecho de que él, en su casa, tenga ejemplares de categoría. Hemos observado a veces, en exposiciones, casos parecidos, los cuales sirven para demostrar a terceros, que los conocimientos cinófilos de los criadores han dado realmente su fruto.

Por todo lo expuesto, cuando hablamos del fomento y mejora de una raza determinada, no lo hacemos simplemente para que al acudir a un certamen se obtenga el primer premio, sino también para evitar que, al perder una determinada raza las características que la distinguen, se vea degradada y termine desapareciendo y engrosando el triste y desgraciado número de los perros abandonados.




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