Aves en espacios problemáticos de nuestro entorno


Bajo el concepto de especies problemáticas queremos referirnos a aquellas aves que, en cierto modo, están en la mente de todo el mundo. Por regla general, las opiniones acerca de ellas y del modo de cormportarse frente a ellas son muy controvertidas. A las personas que contemplan el problema desde afuera les resulta dificil formarse un juicio apropiado. Lo que se manifiesta a continuación responde exclusivamente al punto de vista del autor y no representa ninguna toma de posición, por ejemplo, de las sociedades protectoras de aves.

Palomas molestas

Hay muchas palomas molestas. Las palomas que aparecen en nuestras plazas y calles son otra especie asilvestrada de la paloma bravía criada en casa (es decir en palomares), de la cual desciende. Las palomas bravías habitan en el occidente de Europa y en los países ribereños del Mediterráneo, donde hacen sus crías en acantilados y roquedales. Contrariamente a las razas domésticas a las que ha dado origen y que tras una serie de mutaciones en el transcurso del tiempo ofrecen distinto color de plumaje, ya sea negro, blanco, pardorrojizo u otro, la paloma bravía es siempre de color gris azulado. Su característico arrullo es igual que el que emiten hoy sus congéneres que pueblan las aglomeraciones urbanas. Estas carecen casi totalmente de enemigos naturales (éstos hubieran tenido que ser los halcones peregrinos, azores, rapaces nocturnas, martas, etc.). Por otra parte, viven socialmente y buscan juntas el alimento por el suelo. En cuanto a exigencias para la época de la reproducción, diremos que no necesitan de grandes zonas de influencia a donde atraer al compañero. Una sola pareja de palomas suele bloquear, por lo tanto, más de un puesto de incubación ya que, prescindiendo de la forma de cavidades y rincones de edificios, pueden encontrarse en cantidades masivas en diversos lugares.

Las palomas domésticas no se convirtieron en problema hasta que los ciudadanos amantes de los animales se dedicaron a procurarles alimento a lo largo de todo el año. Así pues, carentes de motivos para procurarse por su cuenta el sustento diario, apenas si se acercan ya a la campiña de los alrededores y, las más de las veces, no se alejan en toda su existencia más allá de unos centenares de metros del lugar donde han nacido. Muchas palomas acusan una avitaminosis y están enfermas. Estas aves y sus nidos son, por tal causa, refugio de garrapatas, ácaros, chinches y otros parásitos que, en ocasiones, penetran en la morada de las personas. Muchas palomas son portadoras de la ornitosis (psitacosis), enfermedad de evolución letal para el ser humano; en otras se ha determinado la presencia de agentes tifoideos. Nos cuenta el ornitólogo Johann Friedrich Naumann (1780-1857), que antaño se preparaba en Alemania una solución acuosa a partir de excrementos de paloma para confeccionar la masa con la cual se hacían unos pasteles de consistencia hueca, al parecer muy gustosos.

Las deyecciones de estos animales poseen una acción corrosiva que ataca edificaciones de toda naturaleza, monumentos y esculturas y cuya limpieza origina fuertes dispendios a la administración. En ocasiones, estas aves colman con sus nidos los canalones de los tejados, lo cual es origen de goteras y filtraciones en las casas. Donde hay fachadas o paredes deterioradas, las palomas se dedican a arañarlas para picar el mortero y satisfacer sus necesidades de cal para la formación de los huevos. Reconozcamos, que por eso no se va a caer el edificio, pero… habría muchos que preferirían que no hubiese tantas aves de esta especie en el área ciudadana. Ahora bien, ¿qué se puede hacer? El método más eficaz para reducir de un modo racional su número es el de proporcionarles una dieta de valor alimenticio nulo y cubrir con redes los aleros y prominencias de los tejados y las cavidades de los muros para que no tengan acceso a ellos. De esta manera, las ocasiones de anidar se van suprimiendo, aunque no totalmente; tanto es así que, por lo común, hay que adoptar otras medidas distintas.

Desde el punto de vista legal las palomas pueden capturarse o cazarse durante la época autorizada, pero no es posible hacerlo durante la veda. En el caso de las palomas domésticas las autoridades municipales suelen reducir su número cuando proliferan en demasía, pero las ordenanzas municipales y la propia Ley de Caza prohiben disparar en las zonas habitadas o a una determinada distancia de ellas así como
utilizar artilugios no permitidos y, por supuesto, venenos. Realmente sólo cuando las palomas se posen o nidifiquen en nuestra vivienda ensuciando la fachada con sus excrementos estaría justificado ahuyentarlas o eliminarlas. Más acorde con los tiempos nos parece el recurrir a productos químicos de acción esterilizante, tras cuya ingestión la paloma permanece infecunda al menos durante unos meses. Con estos preparados hay que ser también muy precavido porque el resultado está en función de la dosis empleada.

La tórtola turca de tonalidad parda se reconoce por su collar de plumas negras. Se trata de un ave que proviene del sudeste de Europa y que hasta la década de los 40 no se extendió por Austria y Alemania y, mientras tanto, se ha difundido por el occidente de Europa y por grandes zonas de Escandinavia. La tórtola turca apareció en España a principios de la década de los sesenta y el primer dato de reproducción se obtuvo en 1974. Actualmente ha irrumpido con fuerza desde Francia y ya ha colonizado una buena parte de la mitad norte de España, desde el Atlántico al Mediterráneo. Su nido, simple y precario, está hecho de ramas y tallos finos; lo sitúa en árboles o matorrales, aunque en ocasiones también llega a construirlo en edificios. Prefiere el hábitat humano. En muchos lugares su presencia es frecuente y casi todo el año pueden escucharse esas tres sílabas del gu-gú-gu de su arrullo, en el que la segunda de esas sílabas es la más acentuada. Pero las tórtolas turcas son muy aficionadas al canto de madrugada, lo cual, no suele agradar a algunas personas, que pretenden reducir su presencia por esa razón. Sería una cosa fuera de lugar, si recapacitamos lo triste de nuestras aglomeraciones urbanas y lo que puede representar una aparición vivificante como la de esas aves que, a otras muchas personas, sí les proporciona un motivo de alegría. No obstante, vamos a hacer una sugerencia para todos aquellos que no quieren que la paloma en cuestión los despierte temprano: en cualquier farmacia pueden venderles unas torundas de algodón para taparse los oídos.

Otra especie que suele caer frecuentemente en desgracia es la paloma torcaz, especie que en ciertas regiones de Centroeuropa se ha convertido en ave de ciudad (caso, por ejemplo, de Alemania del Norte), pero que en otras partes anida en bosques y arboledas. Su alimentación la componen las bayas así como otros frutos de mayor tamaño, hojas verdes, semillas y también caracoles y otros animalillos que buscan por el suelo. La torcaz no cuenta con la simpatía del campesino cuando cae en bandadas sobre sus tierras y acaba con una parte de las simientes o se ceba en su cultivo de huerta. Por tal razón, en Europa central su veda se limita solamente a los meses de mayo y junio. Ahora bien, en los meses de abril, julio y agosto todavía quedan crías en los nidos, que mueren irremisiblemente mientras sus padres sirven de blanco a los cazadores. Con todo, esta paloma sigue siendo una de nuestras más abundantes especies. En España este problema no se produce por lo general y los torcaces, Muchos de ellos invernantes, se cazan durante el período legal establecido por cada Administración Autonómica, sin que varíe sustancialmente en las diferentes comunidades autonómicas. Ni siquiera los más empecinados cazadores pueden acabar con tantas aves como las que caen por obra de ese regulador natural que es el invierno.




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