Enfermedades no infecciosas de los ponis


Infosura o laminitis

Conocida hace tiempo con el nombre de podoflematitis, afecta preferentemente a los ponis que están alimentados con una cantidad excesiva de cereales, especialmente con cebada. Comienzo por esta enfermedad porque de ella puedo hablar con conocimiento de causa. Los ponis la padecen con más frecuencia que los otros caballos por dos razones:

  • Al provenir de zonas de pastos muy pobres, no están acostumbrados a comidas excesivamente abundantes y nutritivas, como los compuestos de hierba suculenta o los piensos compuestos;
  • La simpatía y el amor con que toda la familia trata al poni hace que se le ofrezcan todo tipo de golosinas, que van desde las galletas (¡les gustan tanto!), a los terrones de azúcar (¡son tan golosos!), o a unas medidas complementarias de pienso compuesto (¡parecen siempre hambrientos!); el resultado es que se hace engordar al poni y se le predispone para la enfermedad, que siempre está al acecho.

Pero ¿qué es realmente la infosura o laminitis? Es una enfermedad de los cascos, por regla general de las manos, producida por una congestión de las venas del pie que, al aumentar notablemente la presión, comprime la llamada parte viva contra la pared del casco. El poni que sufre laminitis, al principio camina como si tuviera una espina clavada en el pie. Este es el momento en que se debe acudir al veterinario. Cuando empeora la situación, el animal se niega a caminar. Si consigue mantenerse en pie adopta una posición particular, «remetido de detrás», con las extremidades posteriores muy adelantadas para aliviar el peso de las anteriores. Si la enfermedad sigue progresando, además de continuar la congestión, aparecen exudaciones que aumentan la presión, sobre todo en la punta, y provocan la rotación y descenso del hueso tejuelo, que en casos muy graves puede llegar a traspasar la suela. Los ponis que han logrado curarse de esta enfermedad presentan unas orlas alrededor de los cascos. Conviene fijarse en este detalle cuando nos dispongamos a efectuar una compra.

Cólicos

Recibe el nombre de cólico el conjunto de síntomas que comprende principalemnte un dolor intenso, repentino, intermitente o continuo del sistema gastrointestinal o de las vísceras abdominales: vejiga urinaria, riñones, hígado y útero. Las contracciones espasmódicas y convulsivas de la musculatura lisa del estómago y de los órganos huecos (conducto biliar, uréteres, vejiga, etc.) Producen el dolor que caracteriza al cólico, que es cortante, lacerante, punzante y atenazante.

Las causas de los cólicos se pueden dividir en las que los predisponen y las que los determinan.

Entre las causas determinantes del cólico hay que señalar: el enfriamiento del cuerpo por causas climáticas (frío) y el efecto que ejerce sobre la mucosa gástrica o intestinal debido a la ingestión de agua helada; el exceso de alimentos de mala calidad o mal masticados, o bien alterados, adulterados, mal digeridos o fermentables; la ingestión del aire producida por el tiro y la coprostasis (retención de materia fecal en el conducto intestinal), los cálculos u otros cúmulos de tierra o arena u otros cuerpos extraños en el intestino; el aneurisma verminoso (larvas de estróngilos) y la consiguiente trombosis o embolia (obstrucciones) de las arterias intestinales; el estrechamiento del intestino o las oclusiones debidas a la compresión, a la torsión o la invaginación provocadas por movimientos desordenados del animal o por estados patológicos varios, como la diarrea, las intoxicaciones, las ulceraciones, etc.

Los síntomas se presentan de manera imprevista, y rara vez van precedidos de un vago malestar general. Al principio el animal está inquieto, se mira con frecuencia el flanco, se desplaza continuamente de un lado para otro, raspa el suelo con los pies, agita la cola con violencia, se da patadas en el vientre, y flexiona las extremidades anteriores como si quisiera echarse.

Cuando permanece quieto está embobado, pero con el dorso arqueado, como si estuviera a punto de orinar. Si se echa al suelo, está quieto durante algunos instantes, y luego se revuelca sobre el dorso gimiendo y dando coces al aire. Si los dolores se atenúan el caballo se pone de pie cubierto de sudor, y si estos reaparecen se echa de nuevo en el suelo.

Muchas veces adopta posiciones extrañas, como de «perro sentado» o con las extremidades flexionadas debajo del abdomen. Estas manifestaciones sintomáticas aparecen normalmente con intervalos de estados de aparente normalidad que permiten incluso la ingestión de comida. Durante el cólico el estómago se encuentra retraído o distendido, la emisión de heces duras queda suspendida, y sólo algunas veces se producen expulsiones de diarrea fétida.

La respiración se acelera, el pulso es débil, las extremidades y las orejas pueden estar frías, la boca seca y las mucosas visibles (conjuntivas y de la cavidad oral) pálidas, enrojecidas o incluso cianóticas. La iscuria (retención de orina) es sólo un acto reflejo consecuencia de la presión que los intestinos ejercen sobre la vejiga y del dolor mismo. Prueba de ello es que la emisión abundante de orina coincide con el fin del cólico.

En este estado no hay que hacer trotar, ni aún menos galopar, al animal. Si el cólico es muy intenso lo dejaremos solo a la espera del veterinario.

Exploraciones rectales, lavativas, inyecciones de productos peristálticos y punciones del colon y del ciego, introducción de sondas o catéteres, y eventualmente una intervención quirúrgica laparotómica, son naturalmente competencia exclusiva del veterinario.

Enfermedades endoparasitarias

El poni, este pequeño caballo nacido en los pastizales y que crece en ellos hasta la época de la doma y el adiestramiento, desde su más tierna edad habrá sufrido a buen seguro la infestación de parásitos internos, comúnmente llamados vermes.

Los endoparásitos que generalmente suelen afectar a los ponis son: los ascaris, los estróngilos intestinales, los estróngilos pulmonares, los oxiuros y las larvas de los estros. Estos parásitos, algunos de los cuales se pueden apreciar a simple vista, perjudican al poni con diversos tipos de acciones.

  1. Con la acción mecánica: obstrucciones, compresiones, irritaciones y perforaciones de los órganos.
  2. Mediante la acción expoliadora: absorción de alimentos ya digeridos y listos para ser asimilados, sustracción de tejidos y de sangre.
  3. Mediante la acción tóxica: debida a las excreciones de los parásitos o también a sus secreciones tóxicas, que con el tiempo provocan fenómenos nerviosos, como convulsiones, y fenómenos circulatorios, como anemia, hemolisis e ictericia.
  4. Con la acción inoculadora: infecciones secundarias causadas por la inoculación de microorganismos.

El poni que sufre endoparasitosis adelgaza, está desganado, y no expresa toda su vitalidad, con lo que se encuentra en inferioridad de condiciones respecto a otros caballos sanos de igual potencia. Por otro lado, al provocar un estado de inmunodepresión, el poni puede ser víctima con facilidad de enfermedades infecciosas.

Aun usando los prácticos antiparásitos modernos, cuya eficacia es notable, la infestación puede verse reducida, aunque no completamente erradicada, si el propietario del poni no aplica con puntualidad y diligencia un programa de desinfestación durante toda la vida del animal.

Los potros deben ser tratados por primera vez a los treinta días de vida, y luego a intervalos de dos-tres meses indefinidamente.

Parásitos externos

Son muchos los parásitos que encuentran en la piel el medio ideal para desarrollarse, y que hacen enfermar al poni.

Estos indeseables huéspedes también atacan al animal con acción traumática, expoliadora y tóxica, con todas las consecuencias que ya hemos explicado cuando nos referíamos a los parásitos internos. Debemos hacer constar también la posibilidad de que algunos de ellos pueden pasar del poni a su propietario (zoonosis).

Los insectos juegan un papel importante en la difusión de los parásitos cutáneos, y por este motivo se llaman portadores. Son las moscas, mosquitos, tábanos, etc.

El parásito actúa sobre el animal afectado con una acción:

  • Traumática
  • Expoliadora
  • Tóxica

Por acción traumática se entiende la acción mecánica irritante causada por la presencia activa del parásito. Estas lesiones, además de provocar picor e irritación, pueden ser la puerta de entrada de infecciones secundarias.

La acción expoliadora significa que el parásito, al vivir a expensas del organismo del animal, lo priva de sustancias indispensables para su existencia.

La acción tóxica se debe a la reabsorción, por parte del organismo del animal, de sustancias producidas por el metabolismo parasitario.

Hecha esta introducción, podemos enumerar las principales enfermedades parasitarias cutáneas del caballo:

  • Sarna sarcóptica
  • Sarna psoróptica
  • Sarna corióptica
  • Garrapatas
  • Pediculosis
  • Dípteros, tábanos
  • Habronemiasis
  • Mosquitos
  • Filarosis cutánea
  • Micosis

Debemos hacer notar que, durante estos últimos años, el número de casos de sarna, en todas sus manifestaciones, ha descendido drásticamente, mientras que aparece con una frecuencia discreta la micosis cutánea (vulgarmente tiña) que puede ser transmitida al hombre.

Esta enfermedad contagiosa está causada por unos hongos microscópicos (microsporum y tricophyton) que, localizados en la piel del animal portador, producen unas colonias que se caracterizan por unos filamentos en disposición radial, llamados ifas de esporas. Las lesiones micóticas, de aspecto circular, se localizan en las partes superiores del cuerpo y, en las zonas afectadas, parece como si la piel hubiera sido esquilada recientemente. Las lesiones presentan una descamación viscosa de color gris, parecida al amianto. En algunos casos, al juntarse los entornos de las lesiones, estas tienen el aspecto de un mapa geográfico. En muchas ocasiones la enfermedad se propaga a todos los demás animales de la zona (epizootia), especialmente a los potros que están en los pastizales.

La terapia consiste en el suministro por vía oral de griseofulvina y en la aplicación sobre las heridas de productos a base de ácido undecilénico o tinardem.

Lesiones de los tendones y de los ligamentos

Los tendones son tiras cordoniformes extremadamente resistentes y prácticamente inextensibles que prolongan las fibras musculares para sujetarlas a las partes que deben mover y sobre las cuales deben tener el punto de apoyo. Los ligamentos, en cambio, son elementos de unión de las superficies contiguas de las articulaciones.

Cuando se encuentra al servicio del hombre, al caballo se le exigen unos esfuerzos que en estado natural nunca realizaría, y los tendones y ligamentos los pagan muchas veces, con distensiones, contusiones, heridas, inflamaciones y, en casos extremos, incluso roturas.

Las distensiones se producen cada vez que, por cualquier razón, uno o más tendones sufren una tensión que supera los límites de su resistencia. Se pueden definir varios grados de distensión, según la gravedad de las lesiones, que van desde un simple estiramiento hasta el desgarrón de un cierto número de fibras, o hasta la rotura de un tendón o un ligamento.

Las contusiones en los tendones, cuando son importantes, pueden ir acompañadas de graves complicaciones, como la rotura, con la consiguiente inflamación o, en casos límites, la necrosis. Las heridas, si no se infectan, generan una hiperplasia tendinosa limitada que acaba con la curación. Pero si, por el contrario, ha habido invasión de microorganismos, se provocan tendinitis agudas con supuración de solución larga, difícil y aleatoria.

Tendinitis y tenosinovitis

Por tendinitis se entiende la inflamación del tendón. Por tenosinovitis (la lesión que se observa con más frecuencia) se entiende, en cambio, la inflamación de la vaina sinovial dentro de la cual se desliza el tendón. Esta dolorosa lesión puede estar causada no sólo por esfuerzos de sobrecarga o por traumatismos, sino también por infecciones debidas a enfermedades víricas (gripe) y por metástasis (por ejemplo, debidas a metritis posparto).

El diagnóstico de la inflamación de tendones importantes por su función mecánica es fácil. Aunque la posición de las extremidades cambia en cada caso según la parte afectada y el grado de dolor, durante el descanso hay unos síntomas comunes, que son la posición favorable al re

Poso del órgano suspensor elástico de ruini, extensión exagerada en la tendinitis del lado extensor, arqueamiento de la pata cuando está afectada la parte lateral externa, aducción en la tendinitis del lado interior, etc. A lo largo del tendón afectado se observa de forma más o menos acentuada una hinchazón, calor y dolor, o indicios de traumatismos. Si el dolor es intenso, el animal cambia frecuentemente de posición, hace movimientos casi continuos de flexión o de extensión, puede llegar a rechazar la comida o a tener fiebre. Al caminar cojea con mayor o menor intensidad e intenta evitar los movimientos que requieren la acción del miembro lesionado.

Cuando la lesión no es reciente la cojera puede agravarse en caliente, y resulta más marcada después de una caminata seguida de un breve reposo. En cambio, en las lesiones recientes se puede apreciar el fenómeno opuesto. El diagnóstico es más grave en las tendinitis infecciosas que en las que son traumáticas; en los casos crónicos con hipertrofia que en los agudos; en los casos en los que la lesión se ha extendido que en los que está perfectamente restringida.

Por regla general, una tendinitis relativamente reciente y no muy extendida puede curarse en un período de ocho a dieciséis días con unos cuidados simples pero adecuados, mientras que en las lesiones crónicas hiperplásticas se necesitan medios curativos muy enérgicos que dejan secuelas y que requieren mucho más tiempo para obtener resultados positivos. En la tendinitis de origen infeccioso, muy a menudo complicada con supuraciones, necrosis, etc., el diagnóstico es muy difícil.

El tratamiento de las distensiones, de simples desgarres o de tendinitis leves tiene como objetivo la supresión del dolor y de la inflamación, lo que permite no interrumpir la actividad del miembro afectado. Con este fin se aplican inyecciones locales intradérmicas (mesoterapia) de un producto homotoxicológico natural (arnica compositum) y una pomada del mismo nombre aplicada dos o tres veces al día con un ligero masaje y recubriendo la parte afectada con un vendaje moderadamente comprimido.

Otra alternativa que proporciona óptimos resultados es la greda (arcilla verde ventilada), que se renueva cada día previo lavado de la aplicación del día anterior con agua tibia. También da buen resultado la esencia de árnica. Los que no confían en los remedios naturales pueden recurrir a inyecciones locales con anestésicos, cortisonas y antiinflamatorios. En los cuadros más graves es aconsejable la intervención del veterinario que, según los casos y de la forma que crea necesaria, aplicará estimulantes, vesicantes o puntos de fuego.




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