Enfermedades infecciosas de los ponis


Tétanos

Esta terrible enfermedad que origina un gran sufrimiento al poni y a su despistado propietario que, corroído por los remordimientos de no haberlo hecho vacunar, lo asiste impotente. La enfermedad está causada por la infección de una herida, no siempre visible, de la piel o a veces de una mucosa, por el clostridium tetani.

En los potros, la infección se produce a través del ombligo todavía sin cicatrizar. El período de incubación puede ser largo, puede durar entre 6 y 40 días, por lo que la enfermedad puede manifestarse una vez la herida esté ya cerrada. El primer síntoma consiste en contracciones espasmódicas de los músculos masticadores. A continuación el propietario puede observar la rigidez del cuello y de las orejas, y la cola que se levanta como una manguera. Los esfuerzos del poni para abrir la boca resultan en vano o causan la fractura de la mandíbula. Es posible que antes del espasmo se presente un período de inquietud y de dolor, que se manifiesta con movimientos nerviosos de los pies.

Si se intenta mover, y especialmente levantar la cabeza del animal, el tercer párpado cubre gran parte de la córnea y, más tarde, este fenómeno se da espontáneamente y se mantiene debido a la retracción del globo ocular en la órbita. Las pupilas aparecen dilatadas y la mirada del animal asume un aspecto fiero. Primero tiene dificultad en tragar la saliva; luego le resulta imposible y por ello la derrama por la boca. Los ollares se dilatan. El cuello se queda rígido, así como también algunos músculos del tronco y de las extremidades, cuyos movimientos resultan atenazados y duros. Le resulta costoso caminar. Las impresiones sensoriales provocan a menudo reflejos exagerados. Un haz luminoso que llega a la retina, un golpe, un ruido, una excitación de la sensibilidad dolorosa provoca sacudidas y contracciones musculares cuando parecía que el acceso de tétanos había llegado a su fin.

El animal se mantiene en pie durante mucho rato con las extremidades y los corvejones extendidos, y sólo en raras ocasiones se tumba, siempre con gran dificultad. Al ir avanzando la enfermedad, muchos músculos se endurecen, la respiración resulta dificultosa, primero lenta y más tarde acelerada, y los ijares se retraen. El pulso, que primero es normal, se acelera y se oye más fuerte. A continuación los latidos del corazón siguen un ritmo irregular. La evacuación de las heces y de la orina se hace difícil y esporádica. En los casos graves la temperatura aumenta progresivamente a medida que se acerca la muerte. Puede llegar hasta 4344 grados y puede mantenerse alta o aumentar varias horas después de la muerte.

Las estadísticas muestran un porcentaje muy elevado de muertes, que se sitúa entre el 55 y el 90 %. El veterinario hará todo lo posible para salvar al poni, pero hay que saber que las posibilidades de éxito son escasas. Y, sin embargo, el tétanos es una enfermedad que puede perfectamente evitarse con las vacunas o con la seroprofilaxis. Con dos vacunas de base (actualmente con la misma inyección se vacuna contra el tétanos y la gripe al mismo tiempo) y una repetición al cabo de un año, vuestro poni estará seguro. Luego es útil efectuar otras repeticiones cada tres o cuatro años. No hay que olvidarse nunca de vacunar al poni.

La gripe

Debido a la extraordinaria difusión de las manifestaciones deportivas, de muestras y ferias, a la intensificación de los intercambios comerciales y a los desplazamientos durante la época de cubriciones, es decir, al aumentar el número de ocasiones que fomentan el contacto entre los ponis, aparecen problemas de orden sanitario, especialmente de contagio de enfermedades infecciosas. La enfermedad más temida es la gripe equina.

El agente causante es el mixovirus, del cual se conocen varios serotipos, que afecta al aparato respiratorio. El uso de la vacuna antigripal es válido con la condición de que contenga antígenos de ambos serotipos del virus de la gripe equina, y que los respectivos potenciales inmunogenéticos estén coadyuvados por un añadido de hidróxido de aluminio (ackermanntiefenbach, 1978). Es muy importante la aplicación correcta de un programa de vacunación adecuado: vacunar por primera vez por vía intramuscular todos los animales que hayan superado los tres meses de edad; repetir la vacuna al cabo de seisdiez semanas; vacunar de nuevo transcurridos los seis meses. Una sola vacuna no garantiza la protección inmunitaria del animal. No hay que vacunar a las yeguas después de los ocho meses de gestación, y se tiene que garantizar un período de reposo de quince días después de la vacunación a todos los ponis de la yeguada.

En caso de epizootia grave de gripe equina es aconsejable efectuar otra repetición a los cuatrocinco meses.

La fei (federación ecuestre internacional) impone la obligación taxativa de seguir el método de vacunación que hemos explicado anteriormente, y de hacerlo registrar por el veterinario en el libro de identificación caballar del poni. Si no se respetan los plazos al pie de la letra el propietario es objeto de fuertes multas, a las que no puede escapar bajo pena de exclusión permanente en cualquier tipo de concurso.

Hoy en día existen vacunas muy fiables que inmunizan al poni contra las afecciones gripales y contra el tétanos. Más vale prevenir…

Anemia infecciosa

El poni que contrae esta enfermedad no tiene escapatoria posible, y debe ser sacrificado obligatoriamente y sus restos destruidos. La enfermedad está causada por un virus y se caracteriza por una fiebre intermitente. La muerte puede sobrevenir rápidamente, o bien la enfermedad puede pasar a un estado crónico caracterizado por una fuerte anemia y una pérdida grave de las fuerzas vitales. Esta enfermedad también puede afectar a los hombres y a los cerdos. El virus se encuentra en todos los órganos, en la saliva, en la sangre, en la orina y en la leche, por lo que resulta fácil entender que las picaduras de insectos y la contaminación de la comida y del agua son los principales vehículos de transmisión.

La aparición de los síntomas es rápida, y está marcada por la debilidad, la depresión generalizada y la fiebre, que puede llegar a superar los 42 grados.

También puede presentarse una diarrea sanguinolenta. La orina contiene albúmina. El pulso, flojo y débil, puede alcanzar las 100 pulsaciones por minuto, fenómeno que se comprueba tomándolo en la arteria maxilar. Dado que la acción del corazón es irregular se produce a menudo edema en las extremidades y dificultades respiratorias. Alguna vez aparece ictericia en las mucosas. La muerte sobreviene en quince días.

Por desgracia existe una variedad crónica de esta enfermedad caracterizada por fiebre intermitente y por una anemia notable, pero si el animal no efectúa trabajo alguno la fiebre intermitente puede pasar desapercibida. La enfermedad es incurable, y si por casualidad un animal se cura no adquiere inmunidad. El diagnóstico es difícil, y el único método para hacerlo es mediante el test de coggins, que se efectúa en laboratorios especializados con muestras de suero de la sangre.

Los ponis no pueden ser importados, no pueden participar en ferias, mercados o concursos, frecuentar lugares para las cubriciones, etc., si no han sido sometidos al test de coggins, que se lleva a cabo en centros zooprofilácticos. La toma de la muestra de sangre debe ser realizada por un veterinario y el resultado del test sólo es válido por un período de 30 días. Se puede obtener un certificado de caballeriza indemne de anemia infecciosa, dirigiendo la petición al servicio veterinario.

Rinoneumonitis equina

Es una enfermedad producida por un herpes virus, del cual han sido identificados tres serotipos. Este virus afecta los aparatos respiratorio, genital (aborto vírico de la yegua) y nervioso.

La vacuna más conocida es el virus vivo atenuado de mayr (1968), reconocido por el ministerio de sanidad español, y por tanto de libre comercialización.

La vacuna que actualmente está a disposición de nuestros técnicos y criadores, constituida por el virus vivo atenuado, ofrece amplias garantías de eficacia y tolerabilidad.

Según el profesor redaelli, en líneas generales la respuesta de los potros a la acción inmunizadora puede ser de poca importancia, y la segunda vacuna no produce necesariamente un incremento de anticuerpos. En cambio, las yeguas reaccionan con más intensidad (los anticuerpos del tipo neutralizante alcanzan, al cabo de unos 40 días a partir de la primera inoculación, niveles bastante elevados, que persisten durante más de seisocho meses), mientras que una eventual segunda vacuna prolonga su presencia hasta casi un año en niveles significativos. De todos modos, hay que señalar que los mejores resultados se obtienen mediante la aplicación sistemática de un verdadero programa de vacunación en el ámbito de las yeguadas, más que mediante los tratamientos de necesidad (vacuna de emergencia).

En términos de aplicación práctica, la vacuna consiste en una inoculación seguida de una segunda al cabo de trescuatro meses que hay que practicar a todos los équidos de la yeguada (incluidos mulos y asnos),, así como a los potros que hayan superado los tres meses de edad. Sin embargo, mayr (1970) aconseja, especialmente en yeguadas con infección o riesgo de infección conocidos, que la primera inoculación se practique a los potros ya a las seis semanas de vida, puesto que son los animales más jóvenes los que, debido a una disminución progresiva de la inmunidad calostral, representan la fuente principal de infección para las yeguas gestantes. Los ponis provenientes de otros criaderos serán aceptados sólo si su estado inmunitario está garantizado con todas las repeticiones anuales, y en caso contrario deberán ser vacunados de nuevo por dos veces consecutivas.

Adenitis equina

Se manifiesta especialmente en los animales jóvenes que han realizado un gran esfuerzo, que han sido expuestos a la intemperie, a cambios climatológicos, a un paso rápido de calor a frío o durante la dentición permanente. Esta enfermedad, que es muy frecuente y contagiosa, consiste en una infección aguda cuyos síntomas son una fiebre alta (de 40 a 41 grados), inapetencia y abatimiento. Por los ollares sale un líquido blanquecino; las glándulas submaxilares se inflaman, producen dolor, están calientes y, al cabo de 1012 días, presentan supuración. Aparece una tos ronca y frecuente.

Al tratarse de una enfermedad contagiosa, es conveniente aislar al animal en un box bien cubierto y cálido, y suministrarle alimentos de fácil digestión. También se le aplicarán cataplasmas emolientes de malva o de harina de lino encima de la parte tumefacta, o simplemente unciones de mantequilla. El veterinario le practicará inyecciones de antibióticos y sulfamídicos, y vaciará, mediante la incisión, los abcesos que no lo hagan por sí solos.

Piroplasmosis equina o babesiosis

Es una enfermedad de las llamadas tropicales causada por la invasión de los glóbulos rojos por parte de un protozoo parásito que provoca una profunda alteración de la sangre y, en consecuencia, fiebre y síntomas de una ictericia maligna grave. La vía natural de transmisión es la picadura de la garrapata. Por esta razón la enfermedad suele darse durante la estación cálida. Junto a la elevada temperatura y a un estado ictérico de las mucosas, se observa que la orina está teñida intensamente por el pigmento biliar, lo que le confiere un color amarillo oscuro. Aunque este síntoma no es constante, cuando se manifiesta es muy indicativo. Si el veterinario acude con urgencia en la mayoría de los casos puede curarla, pero si el tratamiento no es el adecuado aparecen complicaciones graves que desembocan en la muerte del animal.

Los ponis nacidos y criados en las zonas en donde la babesiosis es endémica (por ejemplo, la zona de la maremma) son mucho más resistentes y se curan con más facilidad que los que proceden de regiones en donde la enfermedad es infrecuente, que son mucho más sensibles al contagio y con frecuencia refractarios a los tratamientos.

Infección coital maligna

Es una enfermedad venérea contagiosa, causada por un tripanosoma (trypanosoma equiperdum), que se transmite con el coito. Los primeros síntomas son la tumefacción de los órganos genitales con pérdidas por el pene o por la vulva, y aparición sucesiva de exantemas en diversas partes de la piel. Sigue a continuación un deterioro progresivo y grave que concluye con la parálisis y, finalmente, con la muerte. Esta enfermedad fue observada por primera vez en alemania, luego se difundió a austria, rusia, italia, francia y américa. Después del primer conflicto mundial causó serios estragos en italia.

La enfermedad sólo afecta a los caballos y a los asnos, y entre ellos solamente los que están destinados a la reproducción. Dado que el tripanosoma se encuentra en el semen, en las emanaciones del pene del semental, y en la mucosa de la vulva de la hembra, el modo natural de infección es el coito. Resulta obvio que es muy importante llevar a cabo una estrategia higiénica por parte de los responsables de las paradas de sementales. Todas las yeguas que deben ser cubiertas por el semental han de ser examinadas atentamente, y se rechazarán las que presenten alguna alteración de la mucosa de la vulva que no corresponda a las manifestaciones normales de celo, o que muestren cualquier otra tumefacción en los órganos genitales.

Por otro lado, hay que examinar con frecuencia el pene del semental, y en caso de la mínima lesión, se excluirá al animal de la cubrición hasta que no se despejen todas las dudas respecto a la naturaleza de las lesiones.

Rabia

El agente causante es el rabdovirus. Se localiza en el sistema nervioso central y provoca lesiones en las neuronas. El riesgo de contraer esta enfermedad está siempre presente en los caballos que se alimentan en pastizales alpinos, a causa de la larga duración de la forma silvestre de esta enfermedad. La vacunación antirrábica se efectúa con vacunas inactivadas que se inoculan a los potros una vez cumplido el cuarto mes de vida. El mejor momento para proceder a la vacunación de los animales es al menos 20 días antes de que sean llevados al pastizal.

Por otra parte, para poder llevar los caballos a los territorios de montaña, es condición indispensable que los animales hayan sido vacunados siguiendo la normativa correspondiente.

Peste equina

Endémica en el continente africano, esta enfermedad, que aparece habitualmente en los meses cálidos y hú medos, no se transmite por
contagio de caballo a caballo, sino a través de las picaduras de ciertos insectos, entre los cuales se encuentran los mosquitos. Es fácil deducir que los caballos más afectados son los que pasan la noche al descubierto, el caballo es de los solípedos más sensibles a esta enfermedad, mientras que el asno y la cebra presentan una cierta resistencia. Las cebras, junto a los elefan tes, se consideran como los animales portadores del virus.

La enfermedad se presenta en tres formas: una forma leve, considerada benigna porque se cura en pocos días, que se presenta con anorexia, fiebre de más de 40 grados, dificultades respiratorias y conjuntivitis ligera; una forma aguda, mortal, que es la más frecuente y que, además de los síntomas mencionados, presenta una tos que hace que los caballos mueran por asfixia causada por un edema pulmonar de considerables proporciones en el transcurso de cinco días. Se ha descrito también una forma crónica caracterizada por edemas en la cabeza y en el cuello, y por alteraciones cardíacas, que generalmente pueden ser curadas. El índice de mortalidad de los caballos que padecen la forma aguda de peste equina puede superar el 90 % de los afectados. También pueden verse afectados los perros y las cabras que habitualmente viven en las cercanías de las cuadras. En cambio, parece que el hombre no corre peligro alguno.

La peste equina puede prevenirse con una vacuna inmunitaria pero que no tiene efectos permanentes. Los caballos que pueden estar expuestos a contagios deben ser vacunados cada año. Las yeguas inmunizadas transmiten al potro, a través del calostro, una inmunidad de seis meses. Si existe el riesgo de que la enfermedad afecte a una cuadra, son de capital importancia la lucha contra los mosquitos y la desinfección de los locales con formalina diluida al 1 por 1000, que erradica el virus en el transcurso de 48 horas.

Muermo o moquillo

Se trata de una enfermedad infecciosa y contagiosa, transmitible también al hombre, y que está causada por un bacilo llamado bacilo del muermo o bacilo de loefler.

Las principales causas de la difusión de esta enfermedad son las cuadras en condiciones higiénicas precarias, las camas en malas condiciones, la alimentación deficiente y, sobre todo, la concentración excesiva de caballos en locales estrechos y poco aireados y el contacto entre animales a través de la bebida común. Ataca con preferencia a los animales más jóvenes, a los de constitución débil, a los desnutridos y, como ya hemos dicho, a los mal cuidados.

Los síntomas más notables son una secreción nasal fétida, pegajosa, de color amarillo verduzco, por ambos ollares o, más frecuentemente, sólo por el lado izquierdo, con lagrimeo de los ganglios submaxilares que se adhieren en el borde de la mandíbula; ulceraciones en la membrana mucosa de la nariz, redondas, con fondo graso y bordes limpios.

Basta uno de estos síntomas para sospechar que el caballo padece el muermo. El curso de la infección puede durar en estado latente durante meses y años. Para salir de dudas se realiza un diagnóstico mediante el test de la maleína o fijación de complemento, que reacciona en caso de muermo y no produce ninguna reacción con todas las otras enfermedades. No existe una terapia para esta enfermedad, por lo que los animales afectados deben ser sacrificados y destruidos con rapidez. Todos los caballos adquiridos en países o en zonas en donde se sospecha que la enfermedad pueda hacer acto de presencia deben pasar la prueba de la maleína antes de acceder a las cuadras o a la yeguada. Todos los ponis provenientes del extranjero o empleados como sementales en las paradas de sementales tienen que haber dado negativo a la prueba de la maleína.




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Un comentario en Enfermedades infecciosas de los ponis

  1. jose Dice:

    Hola buenos días,
    tenemos poni al que le sale moco por un ojo y en los labios le han salido como pupas o fiebres ¿qué puede ser? Ahora tiene 10 meses

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