Enfermedades caninas


Enfermedades caninas

Moquillo (Enfermedad de Carré)

Las manifestaciones del moquillo son muy variadas. Consisten en una enfermedad de las mucosas de los ojos, del aparato respiratorio y digestivo, que puede ir acompañada de graves manifestaciones nerviosas y de un exantema cutáneo caraeterístico.

Es frecuente la complicación de la neumonía catarral. La variedad del cuadro morboso ha hecho pensar en distintas formas de moquillo.

Según la localización del proceso morboso en las mucosas; en el sistema nervioso central o en la piel, se admite las formas catarrales nerviosas exantemáticas.
Por la localización en distintos órganos, se habla también del moquillo gástrico, ocular y pulmonar. No es raro que se presenten estas formas puras sin otras complicaciones. Así el moquillo puede revestir exclusivamente los caracteres de una enfermedad cerebral o de una afección intestinal, ocular o exantemática. Generalmente enferman varios órganos al mismo tiempo.

Sus manifestaciones

Se inicia ordinariamente con trastornos del estado general, pérdida de la viveza, apetito raro y escaso cansancio fácil, proceder caprichoso, frío y temblores, pelo erizado, nariz seca y caliente. Temperatura que se inicia con una elevación de 400C para llegar hasta 410 o 420C, en la generalidad de los casos, no obstante aún parece como si la enfermedad en casos leves y en animales viejos y robustos pudiera desarrollarse casi sin fiebre.

Manifestaciones en Ios ojos

Los primeros síntomas perceptibles son los que se localizan en los ojos en forma de una conjuntivitis serosa, viscopurulenta y después purulenta. Se observa lagrimeo y fotofobia. Pueden aparecer úlceras corneales y opacidades que abarcan todo el ojo, presentándose como una nube blanquecina llevando en algunos casos no atendidos a tiempo a la pérdida de la visión.

Manifestaciones en el aparato digestivo

Consiste en alteración del apetito, vómitos, rubefacción intensa y sequedad de la mucosa de la boca, sed, evacuaciones difíciles al principio, más adelante diarrea con el excremento muy fétido por regla general, a menudo viscosa, espumosa y aún sanguinolenta (catarro intestinal hemorrágico).

Manifestaciones en el aparato urinario

La orina suele contener, sobre todo en animales débiles y en períodos avanzados de la enfermedad, albúmina, con mucha frecuencia sustancias biliosas, y en casos raros hemoglobina. En perros graves se observa oliguria. En casos complicados con neumonía grave o enteritis se observan en la orina alteraciones de índole nefrítica, mientras que en las formas puramente catarrales o nerviosas la orina es normal o se observa a lo sumo alteraciones del metabolismo por aumento de bilis, indicando acetona.

Manifestaciones en el aparato respiratorio

Se inician con los síntomas de un catarro nasal, flujo nasal seroso, después viscoso y purulento, estornudos, resoplidos y sensación de prurito en la nariz, que obliga a los animales a rascarse con las patas y restregarse la nariz en las extremidades anteriores. Las masas purulentas que fluyen de ambos ollares son copiosas, de color gris amarillento o gris verdoso y a veces mezclado con estrías de sangre; más adelante se vuelve fétido, putrefacto, y pueden formarse úlceras en la mucosa nasal. No es raro que la nariz esté seca y agrietada.

El catarro nasal suele ir acompañado de otro laríngeo. Se manifiesta con acceso de tos, al principio áspera y seca y después húmeda y con esputos que provocan vómitos. De la laringe pasa el catarro a la tráquea y a los bronquios. En animales jóvenes puede aparecer una neumonía catarral. Se manifiesta con fiebre alta, con disnea intensa, respiración difícil, a menudo con contracciones y dilataciones de las paredes de los carrillos.

Cuando es eminente la parálisis del corazón, pueden presentarse las manifestaciones del edema pulmonar; disnea intensa, ruidos crepitantes y estertóreos, cianosis de las mucosas, flujo nasal seroso.

Manifestaciones en el sistema nervioso

Suele iniciarse, sobre todo en animales anémicos, con graves manifestaciones cerebrales de depresión y embotamiento_ del sensorio. En animales fuertes predominan los síntomas de la hiperemia cerebral activa, mirada febril, temperatura elevada en el cráneo, excitación. inquietud, gruñidos y aún ataques de rabia que ceden después por depresión cerebral (embotamiento, posición rígida de la cabeza).

Los animales se excitan e inquietan, fijan en torno su. mirada rígida, mueven la cabeza, corren sin dirección fija y sufren espasmos de los maseteros, durante los cuales la saliva se convierten en espuma, doblan la cabeza y el cuello hacia atrás o hacia un lado y se contraen espamódicamente los músculos de la cara o sufren un ataque de epilepsia, ladran y gruñen, pierden la conciencia y tienen espasmos tonicoclónieos en casi todos los musculos del cuerpo; relajándose entonces los músculos oclusores del esfinter del ano y de la vejiga, dando lugar a la expulsión involuntaria del excremento y orina. Pueden recobrarse al 1 /2 o 1 minuto recobrando poco a poco la conciencia, aunque estos ataques epilépticos pueden convertirse en coma persistente. Con los espasmos sobrevienen la parálisis, la que puede limitarse a un grupo-de músculos de alguna de las extremidades, pero ordinariamente afecta a todo el tercio posterior y aún a todo el cuerpo en forma de una paresia.

Manifestaciones de la piel

Es muy frecuente la presentación de un exantema pustuloso típico en la cara interna de los músculos y en el vientre. Se inicia con la aparición de pequeñísimas manchas rojas, de las cuales se forman a las 24 horas vesículas miliares y pústulas, rodeadas de una zona roja. Luego éstas se secan formando una costra moreno-amarillenta o revientan y dejan puntos llagados y húmedos (impétigo).

El exantema puede extenderse, sin embargo, por todo el cuerpo en forma de tiña y pasar principalmente a la piel del oído externo, a la mucosa de la boca y de los ojos. En estos casos la transpiración de los animales es muy fétida y se cae una parte del pelo. El exantema apenas produce prurito.

Manifestaciones generales

Al principio y curso de la enfermedad, la temperatura interior del cuerpo aumenta cuando aparecen localizaciones en el pulmón o intestino. La fiebre es de curso atípico y antes de la muerte desciende a menudo con extraordinaria rapidez por debajo de lo normal (a 36 y aún 34 y 32oC). Cuando la enfermedad es larga, los animales enflaquecen mucho, tienén los ‘lijares hundidos, las costillas se destacan, el pelo erizado y sin brillo, la transpiración fétida. Los ojos aparecen hundidos en sus órbitas, las mucosas pálidas, los animales débiles vacilan al andar o están echados en estado comatoso. En casos graves la sangre roja ofrece las manisfestaciones de la anemia.

Es esta una enfermedad de curso muy variable ya que en muchos casos se reduce a un exantema, a una queratitis parenquimatosa, a ligeras manifestaciones nerviosas o a débiles afecciones catarrales de las mucosas de la cabeza o del aparato digestivo. El curso es muy solapado cuando hay complicaciones graves, sobre todo del sistema nervioso, donde son frecuentes las enfermedades consecutivas, estados paralíticos, temblores, que pueden persistir meses y aún toda la vida.

Son circunstancias desfavorables la poca edad, las razas finas y selectas, la debilidad y la anemia, la difusión simultánea del proceso a distintos órganos, los ataques espamódicos y estados paralíticos, los accidentes neumónicos, las diarreas profusas, la fiebre elevada, tenaz, enflaquecimiento y agotamiento, la deficiente transpiración de la piel y la temperatura subnormal del cuerpo. La muerte es debida a la parálisis cerebral, o a un edema pulmonar, septicemia, piemia y agotamiento general.

Importante

Todo cachorro debe ser vacunado contra el “moquillo” dentro de los 2 /2 a 3 meses de edad y repetir cada año la vacunación a fin de preservarlos de tan grave y frecuentemente mortal enfermedad.

En caso de que un animal muera de moquillo debera procederse a quemar todos los utensilios utilizados, desinfectar muy bien los lugares donde el perro andaba y dejar transcurrir como mínimo unos 6 meses antes de traer otro cachorro. El contagio se produce por un virus que es fijo y volátil y posee tenacidad sufuciente para resistir hasta cierto grado la sequedad del aire. El agente se encuentra en el flujo nasal, ocular y en la sangre. No lo destruye la sequedad y el enfriamiento consecutivo a 200, prolongada durante varios meses la sequedad debilita su acción.

Rabia

La rabia es una enfermedad infecto-contagiosa por contacto directo; vale decir que debe haber un animal que muerda y otro que sea mordido. La saliva también es muy infecciosa, siendo vehículo de contagio ya algunos días antes de presentarse los síntomas de la enfermedad a través de cualquier pequeña herida en la mano u otro lugar del cuerpo. Por medio de esa pequeñísima herida se introduce el virus en el organismo humano.

La conducta a seguir en los casos de mordeduras, ya sea a un animal o persona, consiste en la captura y observación del perro. El exámen clínico debe hacerse por un período de 10 días, ya que el animal rabioso (excepto algunos murciélagos) muere indefectiblemente en ese plazo.

Existen dos formas de rabia: la “furiosa” y la “muda”.

La rabia “furiosa”, se caracteriza por la agresividad, siendo su duración de aproximadamente dos a seis días, sobreviniendo la muerte rápida.

La rabia “muda” es quizás más peligrosa, ya que se caracteriza por su falta de agresividad.

Todo cambio repentino de carácter y conducta, ya sea que el animal se vuelva huraño, solitario, buscando lugares apartados (fotofobia), o de lo contrario que se vuelva extremadamente cariñoso, debe poner en guardia a su amo; especialmente cuando el animal haya estado peleando con otro perro.

Cuando el animal presenta la forma de rabia “furiosa”, ataca a la gente, muerde la casilla, come madera o cualquier otro cuerpo extraño hasta papel y/o trapos, lo cual es un auxiliar poderoso en la autopsia de animales que se sospeche que mueren de “rabia”. Un síntoma que llama poderosamente la atención y que da a veces el diagnóstico al principio, es que el perro “caza moscas” imaginarias. También como diagnóstico se usa acercar una varilla de hierro a su boca, pues si el animal está enfermo la morderá con saña hasta lastimarse sin importarle el dolor. Escapará de su casa sin rumbo fijo, mordiendo a cuanta persona y animal encuentre a su paso, hasta caer muerto.

En la forma de “rabia muda”, el animal no demuestra agresividad, siendo uno de sus síntomas la parálisis de la faringe e imposibilidad de tragar. Esta parálisis es lo que hace que el animal no pueda tragar agua no obstante estar sediento, descartándose la creencia de que huye del agua.

Su mirada se, torna vidriosa, enflaquece y su pelo se eriza. Esta forma es especialmente peligrosa porque no se sospecha de que se trate de rabia, y al.notar que el perro se toma el hocico con las patas delanteras como tratándose de librar de algún cuerpo extraño que lo incomoda, hace que el dueño introduzca su mano en la boca en busca de ese cuerpo extraño que tanto molesta a su perro. Luego le sobrevienen ataques hasta quedar paralizado y morir.

  • Como primera medida en caso de ser mordido por un perro supuestamente rabioso (auque se tenga duda) es una prolija y continuada higiene de la herida. De acuerdo a los trabajos modernos, deberá hacerse con agua y un detergente catiónico como el cloruro de benzalconio. De no tener a mano este último, un simple lavado con jabón común, agua y cepillo será más efectivo que los antisépticos.

Si el lavada se efectúa dentro de la media hora, hay un 90 por ciento de éxito y el 80 por ciento antes de las dos horas. A medida que transcurre el tiempo las probabilidades disminuyen pues a las seis horas se tiene solamente un 65 por ciento. Naturalmente que estos cuidados no eximen de la vacunación cuando esté indicada.

Demás está decir e insistir en la necesidad de vacunar a su perro una vez al año comenzando desde la edad de 6 meses.

Un cachorro de menos de 6 meses también puede ser mordido por otro animal rabioso y adquirir la enfermedad, por lo tanto se debe consultar con el médico veterinario si es que se le puede aplicar la vacuna preventiva.

Un animal vacunado también puede adquirir la enfermedad, ya que no existe ninguna vacuna que confiera una inmunidad del cien por ciento; pero la vacuna aplicada después de los seis meses, confiere una inmunidad en el 85 a 90 por ciento de los casos.

Hepatitis canina infecciosa

El diagnóstico de esta enfermedad se hace un poco difícil por su semejanza con la enfermedad de carré (moquillo) y con la leptospirosis canina. Es una enfermedad a virus que ataca preferentemente a cachorros y perros jóvenes.

Los primeros síntomas se inician con falta de apetito, debilidad, vómitos, diarreas hemorrágicas y alta temperatura.

Generalmente estos síntomas se ven acompañados por edemas de cabeza, cuello y parte baja del vientre. Gran inflamación de la garganta y anexos (no siempre) como así también manifestaciones en los ojos similares a las producidas en el moquillo, en forma de conjuntivitis serosa viscopurulenta y después purulenta. Las mucosas oculares frecuentemente pueden presentar una coloración ictérica. En algunos casos aparecen síntomas nerviosas.

El hígado, atacado por el virus de la hepatitis se hipertrofia, se congestiona y toma una coloración pardo amarillenta a rojo oscuro.

La enfermedad es de curso rápido y puede sobrevenir la muerte con bastante rapidez.

Se recomienda vacunar a todo cachorro a la edad de 3 meses aproximados contra la hepatitis canina infecciosa.

Leptospirosis canina

Es una enfermedad infecciosa producida por una bacteria y cuyos síntomas pueden confundirse con los producidos por la enfermedad de Carré y hepatitis infecciosa.

Esta enfermedad es transmitida por ratas, lauchas, erizos, etc., presentando un cuadro clínico muy variado; con fiebre, ictericia, vómitos, diarreas sanguinolientas y deshidratación avanzada. Se observan también síntomas cerebrales, formas renales y broncopulmonares. Tratándose a tiempo puede curarse, pero la forma más sencilla y segura es previniéndola, haciendo vacunar a su cachorro.




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