El poni shetland


Si el poni galés es el más elegante de los caballos pequeños, el poni originario de las islas Shetland es sin lugar a dudas el más difundido en todo el mundo, tanto que no hay país que no haya importado este pequeñísimo equino.

El archipiélago de las Shetland está situado al noreste de Escocia y engloba un centenar de pequeñas islas, de las cuales 24 están habitadas. Despojadas de vegetación arbórea a causa de los gélidos vientos que soplan sin tregua, con contados días soleados y con unos largos inviernos nevados, no son lo que más se puede parecer a un paraíso terrenal. El suelo es rocoso o de turba, ácido y muy poco fértil. En un entorno ambiental de tales características resulta difícil imaginar que se puedan criar caballos. Sin embargo, desde que el hombre recuerda, en aquellas islas viven y prosperan unos pequeños y prestigiosos caballos, que reciben precisamente el nombre de ponis shetland.

El ambiente rudo e inhóspito, que permite la supervivencia solamente de los menos exigentes en cuanto a alimentación, ha forjado unos ponis pequeñísimos y a la vez fuertes, resistentes y sanos, hasta el punto de que carecen de taras hereditarias. Su pelo, que en invierno es un tupido e impenetrable abrigo, sus crines y el mechón, abundantes y espesos, los protegen de los vientos fríos y persistentes y de la nieve. Sus cascos pequeños y duros no temen las agresiones del suelo rocoso.

Como es lógico, el carácter de estos ponis ha acusado el efecto de vivir en tales condiciones ambientales, que les han convertido en animales atentos y preparados para defenderse si son maltratados. Si, por el contrario, reciben atenciones y afecto se comportan con mucha docilidad, lo que lleva la felicidad del niño que tiene la suerte de ser propietario de un ejemplar de esta raza.

En las Shetland los ponis nunca están bajo techado, y se alimentan de la escasa hierba que consiguen encontrar pastando. En invierno, cuando la nieve cubre el suelo, se dirigen a la orilla del mar para alimentarse de las algas que encuentran en la línea de la playa. Sólo en días de mal tiempo reciben el alimento de la mano del hombre.

Los potros de menos de un año y las hembras viejas reciben un trato relativamente privilegiado, pero se ha demostrado sobradamente que los caballos jóvenes se desenvuelven mejor si se les deja en los pastos mediocres.

A los sementales sólo se les concede el acceso a las hembras desde mayo hasta julio, y luego se les separa de ellas. En octubre nacen los potros, y en primavera se les desteta.

Los ponis shetland son muy longevos y se mantienen fértiles hasta el umbral de la vejez. Su fuerza es sensacional. De hecho se admite que, en proporción a su masa, ningún otro caballo los supera en potencia.

A título de ejemplo, digamos que una pareja de shetlands puede cubrir una distancia considerable, y sin excesiva fatiga, arrastrando una carga de 10 quintales. En las islas, los pequeños ponis se empleaban para cargar turba y, desde 1847, se utilizaron en las explotaciones mineras. Pero, debido al gran servicio que prestaban, la demanda de ejemplares creció tanto que las islas estuvieron a punto de quedarse sin ellos, de modo que los propietarios de las minas inglesas, para hacer frente a sus necesidades, tuvieron que criarlos ellos mismos. De estos nuevos criaderos fue famoso el de lord Londonderry que, partiendo de las mejores hembras que encontró en la isla y del semental Jack (que se mostró como un gran transmisor de las cualidades de la raza), prosiguiendo con los hijos y sobrinos de este y controlando la consanguinidad, obtuvo resultados muy brillantes.

Los ejemplares seleccionados por lord Londonderry constituyeron el modelo para la definición de la raza, descrito en la Shetland Pony Society, fundada en 1890 y que en la actualidad sigue ocupándose del libro genealógico (Stud Book).

En los países en donde existe un libro genealógico de la raza shetland sólo se tienen en consideración los sujetos que no superan las 42 pulgadas (106 cm), aunque la altura de 90 centímetros es la que se prefiere. No son raros los ejemplares de 76 centímetros, que sirven solamente de curiosidad. Los ejemplares que superan las 42 pulgadas (106 cm) no pueden ser inscritos porque se considera que han perdido la característica de la raza.

  • Las capas más comunes son el negro y el bayo, pero también son frecuentes el tordo, el alazán, el bayo oscuro y los píos. Estos últimos son muy apreciados por los circos ecuestres.
  • La cabeza debe estar bien esculpida. El perfil ha de ser rectilíneo (ni cóncavo ni acarnerado), la frente ancha, las orejas pequeñas y rectas, y los ojos grandes que denotan una viva inteligencia. El mechón largo y tupido sirve para proteger los ojos. Los ollares tienen que estar bien abiertos.
  • El cuello ideal debe ser musculoso y robusto, arqueado en el semental, y adornado por una crinera espesa de crines duras, que a veces cubre ambos lados del cuello.
  • Los corvejones han de ser anchos y bien desarrollados; las espaldas oblicuas, largas y musculosas.
  • El pecho debe ser ancho y profundo, con un abombamiento pronunciado y las costillas bien arqueadas.
  • El dorso ha de ser corto.
  • La región lumbar ha de ser ancha y poderosa; la grupa redondeada, doble, ligeramente inclinada y a la misma altura que la cruz.
  • La cola tiene el arranque alto, es fuerte, de porte alegre y con abundantes crines.
  • Las extremidades son musculosas y potentes, con osamenta importante, pero no basta.
  • Los cascos, redondos y bien formados tienen la sustancia córnea dura, lisa y muy resistente.
  • La andadura es corta pero enérgica, suelta y regular, los corvejones han de doblarse bien pero sin exageraciones.

Así debe ser el verdadero poni shetland, tal como lo exige el estándar de la patria de origen.

Casi todos en todos los países en donde se crían ponis shetland se respeta escrupulosamente el estándar, excepto en Estados Unidos y en Canadá que, paralelamente al poni original, crían lo que ellos llaman un poni mejorado, más esbelto y más grande, caracterizado por unos movimientos durante la marcha más altos y extendidos. En el origen de este tipo de poni está el espléndido semental King Laringo, cabeza de estirpe de la variedad predilecta de los americanos, cuya alzada alcanza los 115 centímetros. Aproximadamente unos 100.000 ejemplares están inscritos en el libro genealógico en Estados Unidos y en Canadá, que están concentrados sobre todo en Tias, Indiana, Oklahoma, Iowa e Ilinois.

Los sementales, después de haber escogido algunas yeguas, forman una familia indisoluble.

A partir de ejemplares capturados, creciendo bajo control para selección los mejores individuos, en los criaderos se ha conseguido el gran prestigio del que goza actualmente esta raza.

De hecho, la raza dartmoor, por su constitución, línea y carácter activo, es esencialmente una raza de silla que se aleja del tipo genérico de los otros ponis, que experimenta una gran demanda, tanto en Inglaterra como en otros países hipófilos, y para la que se augura un importante porvenir.

La Dartmoor Pony Society lleva el libro genealógico y dicta los cánones para mantener la pureza de la raza.

  • En lo que se refiere a la capa, se prefieren los colores que abarcan todos los matices entre el castaño oscuro y el negro. El tordo y el castaño claro no desvirtúan al poni, pero son muy raros.
  • No se aceptan de ningún modo las marcas blancas en el pelaje, excepto una pequeña estrella o lucero en la frente.
  • La altura no debe superar las 12,2 manos (122 cm).
  • La cabeza ha de tener un perfil recto y tiene que estar bien unida al cuello. Un espeso mechón la adorna, y las orejas, que son un signo muy específico de la pureza del ejemplar, han de ser muy pequeñas y rectas. El cuello se quiere de mediana longitud y no demasiado pesado; las espaldas oblicuas y sueltas.
  • El dorso, la región lumbar y los cuartos traseros han de ser fuertes, musculosos y típicos de caballo de silla. Los cascos, robustos y compactos. La andadura, ligera y baja.
  • La cola, espesa y con el arranque alto.

La resistencia de estos ponis es proverbial. Su constitución es ideal para llevar montados hombres, incluso corpulentos, colina arriba y colina abajo, que es precisamente lo que hacen en su tierra de origen. A título de ejemplo, citaré la proeza de un dartmoor de sólo tres años, de nombre Dartmoor Diablo, que recorrió 1.000 kilómetros durante un mes transportando al señor E. Vantroys.

Han sido numerosas las tentativas de cruzar yeguas dartmoor con ponis de otras razas, y también con caballos árabes pero, aunque se han obtenido buenos sujetos, ninguno ha mantenido o superado las cualidades de la raza pura.

Cuando se quiere destinar los ponis dartmoor a los niños, se les tiene que apartar de las colinas esteparias en donde nacen a una edad temprana, para que se acostumbren a vivir en compañía del hombre y, al perder su carácter huraño innato y ser correctamente adiestrados, se conviertan en poco tiempo en la montura ideal para jóvenes neófitos.




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