El poni highland


De todas las razas de ponis que viven en las colinas y en las montañas, la de highland es la más importante numéricamente. Este animal ha sido indispensable para los pequeños propietarios escoceses.

El highland es óptimo para montar y es un auxiliar indispensable para los cazadores de ciervos y de gamos. Es capaz de regresar de los bosques con cargas pesadas de más de 120 kilos a la espalda.

Proviene originariamente de sujetos de osamenta pequeña que después de la glaciación emigraron de oriente a occidente. Más tarde, hacia el siglo xvi, recibió sangre de caballos franceses, en un intento de aumentar su estatura.

El experimento en parte fue un éxito, puesto que dio a esos pequeños caballos un conjunto de características que los distinguen de los otros ponis de montaña, pero las duras condiciones del medio en donde vivían no permitió grandes cambios, y la raza no perdió sus características dominantes, con lo que recuperó su constitución robusta, la inteligencia vivaz y una sorprendente vitalidad.

Precisamente estas virtudes innatas le permiten adaptarse perfectamente a las distintas exigencias de los servicios para los cuales los ponis highland se crían en la actualidad.

Las categorías de poni higland son tres:

  1. Los pequeños ponis de Barra y de las islas Outer, de una alzada que oscila entre las 12,2 y las 13,2 manos (122132 cm);
  2. Los ponis de monta ligeramente más altos, que de 13,2 manos (132 cm) pueden alcanzar las 14,4 manos (144 cm);
  3. Los ponis todavía más grandes, conocidos con el nombre de «highland de tierra firme» (mainland ponies), más altos que los anteriores, pero sin llegar a superar los 150 centímetros.

Las yeguas highland se prestan magníficamente al mestizaje para la producción de sujetos cruzados con vistas a mejorar unas aptitudes determinadas. Por ejemplo, los productos de primera generación, hijos de purasangre o de árabe, son ideales para la equitación deportiva, mientras que los descendientes originados por el cruzamiento con caballos pesados son excelentes para el tiro y experimentan una gran demanda por parte de los agricultores.

Estos cruces no deben escandalizar a los fervientes defensores de la raza pura. No hay de qué alarmarse puesto que los sujetos mestizos son el fin último del cruzamiento y no se les destina a la reproducción.

El estándar del highland puro requiere que sea:

  • Típicamente poni, con fuerza y volumen equilibrados
  • Buen marchador sobre terreno impracticable
  • De una resistencia a toda prueba, capaz de vivir todo el año al aire libre y de alimentarse sólo de lo que puedan ofrecerle los pastos de las tierras áridas.

El color del pelaje puede variar entre el negro y el castaño leonado, con cola y crinera plateadas, y entre el alazán y el tordo. Carecen de manchas y, a menudo, aparece la raya de mulo en el dorso.

Este animal en conjunto es bello, su porte es elegante y atractivo, y está muy codiciado por las escuelas de equitación inglesas.




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