El poni de la Camarga


Es una raza de caballos sobrios, ágiles, valientes, muy robustos y capaces de soportar bien la intemperie y largos períodos de ayuno. Su lugar de origen son las zonas pantanosas del delta del Ródano, en donde parece ser que esta raza vivió hasta la Edad de Piedra. En el transcurso de la historia fueron muy apreciados por la caballería romana y Napoleón los utilizó también para equipar sus ejércitos.

Sus características principales son: esqueleto voluminoso, articulaciones gruesas y cabeza pesada. Estos rasgos bastan por sí solos para diferenciarlos del caballo bereber o del árabe.

Las orejas son cortas y la quijada importante. El ojo es pequeño y oblicuo, poco saliente, parece apagado en reposo, pero se transfigura cuando el animal está en acción, momento en que expresa una energía feroz y una elegante nobleza. La cruz es baja, la línea dorsal conecta y la región lumbar corta. En la grupa inclinada nace una cola de arranque bajo, muy poblada, cuyas crines casi rozan el suelo. Los aplomos son muy buenos y los tendones limpios. Los cascos son anchos, y el tejido córneo duro hace que la herradura sea superflua.

El poni camargués es de talla pequeña. Para corresponderse a las características de la raza, un ejemplar adulto no debería tener una alzada superior a 145 centímetros. Su capa es torda clara y, a veces, mosqueada en alazán.

Estas características han sido ya descritas hace más de un siglo, y han sido aprobadas por la Jefatura de Cría Caballar (Haras Nationaux) francesa. El poni de la Camarga completa su crecimiento hacia los siete años.




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