El poni dales


Es originario de la colina de Kilope, cuya cima se alza a 700 metros sobre el nivel del mar. Allí, y en las colinas de los alrededores, en tiempos pasados se explotaban minas de plomo, y los ponis autóctonos eran utilizados para transportar este pesado mineral hasta los pozos de lavado. Los ponis desempeñaban magníficamente esta labor gracias a su enorme fuerza, a su resistencia inagotable y a su rápida andadura.

Los habitantes de aquellas tierras todavía tienen en la memoria las carreras de trote con carga que se organizaban los días festivos para ponis dales. Se recuerdan récords de 3 minutos para cubrir 1 milla… ¡trotando con 76 kilos de carga!

Con la llegada de la motorización estos caballos dejaron de ser útiles, y desaparecieron casi definitivamente en forma de bistecs.

Gracias al interés de la Dales Pony Society, la cría de este robusto poni ha resurgido y, hoy en día, el cruce de yeguas con purasangres produce excelentes ejemplares de silla.

El poni dales en estado puro es uno de los más altos de la raza. Se admite una alzada de 014,2 manos (142 cm) o más. Por lo general el pelaje es totalmente negro, raramente castaño o alazán, y excepcionalmente tordo. La cabeza es la típica de los ponis. Las orejas son pequeñas. El cuello es corto, muy fuerte y está adornado por una crinera espesa y abundante. Las espaldas son demasiado rectas y la escápula un poco corta. El dorso y la región lumbar, así como los cuartos traseros, son fuertes y están bien formados con una abundante musculatura. La cola está bien pegada. Los cascos y las extremidades son perfectos. La cuartilla está adornada por un mechón de pelos largos. Su carácter es el mejor que se pueda desear.




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