El pastor alemán antes de su nacimiento


El misterio del nacimiento de un mamífero constituye una parte intrigante del concepto total de la crianza de un perro. En un momento dado no existe más que una perra muy gruesa metida en una caja, aprensivamente consciente del latir de una nueva vida en su seno y recibiendo los cuidados de un propietario ansioso. En el momento siguiente, bajo el embate de los dolores del parto y de un movimiento peristáltico, aparecen dos animales en la caja, la madre y su hijo. Se ha producido el fenómeno de la natividad y continuará a intervalos regulares, según esperamos, hasta que el génesis se haya completado y una carnada de hermosos y sanos cachorros empiecen a alimentarse vorazmente con la leche que les proporciona la Naturaleza.

Ahora bien, mucho antes de que los cachorros surjan como seres en continuo movimiento, deben ser alimentados adecuadamente para asegurarles un nivel de salud y de vitalidad absoluto y máximo cuando pasen desde el calor y la protección del seno materno a la dura realidad de la vida. El vehículo a través del cual conseguimos este propósito es, por supuesto, la madre, la cual debe ser bien alimentada no sólo para su propio mantenimiento sino también para el normal desarrollo de los cachorros que lleva en su útero, en particular durante los últimos treinta días del período de gestación.

La madre debe gozar de buena salud durante toda su crianza ya que, si no es así, la Naturaleza intervendrá, por regla general, y retrasará la aparición de su época de celo. Debe haber alcanzado, asimismo, un nivel adecuado de madurez, no haber sido cubierta en su primer celo y constituir un ejemplar perfecto, sano y típico de su raza. Conviene someter a la consideración del veterinario una muestra de sus deposiciones poco antes de que dé comienzo su ciclo de apareamiento y, si existe algún indicio de parásitos internos, debe ser objeto del tratamiento adecuado, con dosis de repetición al cabo de una semana o diez días, para eliminar cualquier vestigio de lombrices que puedan haber nacido de huevos que no fueron eliminados en su momento. La madre no debe ser sometida a tratamiento de lombrices más tarde de una semana después de haber sido cubierta, ya que cualquier fármaco capaz de matar tales parásitos puede también dañar los diminutos embriones en formación que se encuentran en el seno de la hembra embarazada.

La madre gestante debe hacer el ejercicio suficiente para no perder su “elasticidad” muscular ni tampoco su fuerza y su vitalidad generales. Y es asimismo de la máxima importancia que haya sido alimentada en forma correcta e inteligente. Procede destacar que por inteligente quiero decir que no ha de ser atiborrada con suplementos, o sea el medio que algunos criadores mal informados utilizan en un esfuerzo encaminado a asegurar el alumbramiento de unos cachorros sanos. Debe darse al animal la misma dieta sana y bien equilibrada que se le había venido suministrando hasta entonces, es decir, en cantidad adecuada pero sin atiborrarlo hasta el punto de que comience a engordar. Un animal gordo jamás tiene un alumbramiento fácil. Conviene, por tanto, incorporar un suplemento vitamínico y mineral a su alimentación, pero siempre de un modo moderado.

Muchos criadores argumentan que si un poco resulta beneficioso, una cantidad elevada será mucho más ventajosa. El resultado de esta forma irracional de pensar es, sin embargo, un exceso de suplemento en el plato en detrimento de la necesaria alimentación básica, sana y nutritiva que constituye la dieta normal y equilibrada.

El pastor alemán antes de su nacimiento Pastor Alemán

  1. Vulva.
  2. Ano.
  3. Recto.
  4. Útero.
  5. Riñón.
  6. Ovario.
  7. Costillas.
  8. Embriones en desarrollo.
  9. Vagina.

Conviene tener muy presente que todo alimento que se da a la madre constituye una ayuda nutritiva para el desarrollo del feto que existe en su seno. Debe proporcionársele, pues, la cantidad suficiente de leche para producir calcio, de carne para que disponga de fósforo e hierro, y de todas las demás vitaminas y minerales esenciales en su dieta de elevado nivel proteínico. Incorporando a sus alimentos hígado fresco dos o tres veces por semana desde un mes antes de que vaya a dar a luz, se conseguirá evitar que sufra estreñimiento y se la ayudará para que, en el momento oportuno, disponga de la leche necesaria para sus cachorros. A medida que los embriones van desarrollándose, el apetito de la madre aumenta para mantenerse al nivel de exigencias que le imponen sus cachorros en desarrollo. Durante las dos últimas semanas de su embarazo resulta deseable darle un buen desayuno además de su comida habitual, suponiendo una ayuda la leche entre comidas pues contribuye a alimentar y a nutrir los cachorros hambrientos que pronto nacerán.

Conviene destacar que los cachorros se desarrollan en el útero y no en las “trompas” (trompas de Falopio) como se cree habitualmente, y que a medida que ello tiene lugar el útero se alarga y sus paredes se expanden para acomodarse al rápido crecimiento de los embriones. Este crecimiento embrionario de los cachorros supone que se produce un proceso de división de las células para formar otras nuevas y adicionales, y que a cada división de los huevos fertilizados de la hembra también se dividen los cromosomas. Estos cromosomas constituyen los núcleos genéticos, es decir, las características heredadas que han sido facilitadas al cachorro por sus padres.

Cuando las múltiples divisiones de las células y los cromosomas han alcanzado su nivel máximo, la formación de un ente vivo ha llegado a su fin y el nacimiento se convierte en un hecho real. Entonces, en la caja elegida al efecto cábenos ver, ante nuestros ojos, un cachorro de perro pastor vivo y gimoteante.

La muerte al nacer, así como la presencia de cachorros canijos que o bien mueren o bien no consiguen convertirse en animales fuertes y sanos, débese a varias causas. Así, por ejemplo, la infección en un punto cualquiera del sistema de reproducción de la hembra constituye una de las causas principales de la muerte de los cachorros antes o después de su nacimiento. También la reproducción mediante animales entre los que existe estrecho vínculo puede dar lugar a un eslabonamiento genético de defectos letales o semi-letales que se han mantenido latentes en el germoplasma durante generaciones para hacer su aparición en un momento dado y afectar los cachorros en estado embrionario.

Una alimentación impropia o una falta de alimentos suficientes y nutritivos es, igualmente, otro factor que dará lugar a que los cachorros nazcan débiles o muertos. A considerar, asimismo, tenemos una medicación tardía e inadecuada para las lombrices que puede perjudicar los cachorros no nacidos todavía y el cubrir la hembra con excesiva frecuencia sin que haya mediado un período de descanso (sobre todo si su medio circundante no es exactamente como debería ser) que puede provocar un desastre. Procede citar también en este campo la eclampsia, algunas veces denominada la fiebre de la leche, que es un desarreglo metabólico que se presenta, sobre todo, en perras embarazadas cuya dieta carece de calcio y fósforo.

Esta condición, si hubiera recibido una dieta buena y equilibrada, así como abundante leche, se habría evitado. Otra causa muy corriente de muerte de los cachorros es la mastitis, una infección en la ubre que generalmente se confunde, por quienes no se hallan bien informados, con la “leche ácida”, una condición que no existe en los perros debido a que la leche en este animal ya es de por sí ácida. Este tipo de infección suprime parte de las disponibilidades lácteas y los cachorros mueren, ya sea contagiados o de hambre debido a la falta de una cantidad suficiente de leche.

Cuando el parto empieza a provocar presión desde dentro, empuja a los cachorros, uno a uno, hacia la pelvis. Asegurémonos de que hemos eliminado todos los pelos largos en torno a las ubres para que resulten fácilmente accesibles a los cachorros cuando lleguen. Lavémoslas con agua tibia y un jabón suave, enjuaguémoslas después cuidadosamente para eliminar todo el jabón y procedamos a secarlas para que estén limpias en el momento, ya próximo, de su utilización. La caja debe resultar familiar a la perra por lo menos una semana antes de que vaya a dar a luz. Debe emplearse un trozo de hule o de tela revestida de caucho para cubrir el fondo pues ello hará que éste resulte fácil de lavar y limpiar. Sobre todo esto puede colocarse papel de periódico, el cual deberá eliminarse después de que haya tenido lugar el alumbramiento.

El elemento principal para formar la cama de la perra y sus cachorros ha de ser, preferentemente, el heno o el papel desmenuzado. El heno constituye un material excelente debido a que conserva una fragancia agradable y la transmite a la perra y a sus cachorros. Las dimensiones de la caja deben ser, aproximadamente, de 125 x 125 cros para una perra de las dimensiones de un pastor alemán.

Cada cachorro nace dentro de un envoltorio fetal llamado saco amniótico que la perra rasga y abre. Si espera demasiado para obrar de este modo es entonces la persona presente la que debe romper dicho saco en torno a la cara del cachorro para que éste no se ahogue. Es frecuente, sin embargo, que se rompa durante el parto y que el cachorro nazca dejándolo dentro de la madre. En cuanto al cordón umbilical conviene señalar que’ a través del saco se encuentra conectado a la placenta, la cual generalmente acompaña al cachorro en el momento de su nacimiento. Si sufre retención y la perra corta con sus dientes el cordón que la une al cachorro (un acto completamente normal y necesario), la hembra expulsará normalmente de su útero el tejido al cual se hallaba unida la placenta junto con ésta, a través de la cual, durante el embarazo, se alimentaban los cachorros.

Algunas perras dan ‘a luz con rapidez, mientras que otras no. Sin embargo, ‘si transcurren varias horas entre el nacimiento de un cachorro y el del siguiente es mejor llamar al veterinario para que dé su consejo de experto. No debemos preocuparnos si los cachorros nacen ya sea asomando primero la cabeza o bien primero las patas; cualquiera de estas posiciones es normal. Dado que éste es un libro sobre cachorros y no acerca de perras, su apareamiento y consiguiente parto, no profundizaré más en estos aspectos.

El punto importante a recordar es que sea lo que fuere lo que se haga o lo que le ocurra a la perra, desde el momento en que es cubierta y comienza a tomar forma en su seno la vida embrionaria originada por el apareamiento, ello también afecta a los cachorros que eventualmente constituirán el resultado final de este acto. Por consiguiente, conviene llevarla al apareamiento en buenas condiciones físicas y no agotada como consecuencia de engendrar cachorros en cada época de celo; alimentémosla bien con una dieta nutritiva y equilibrada antes y durante su embarazo; procuremos que haga un ejercicio adecuado y proporcionémosle un ambiente feliz y familiar.

Entonces, si todo marcha bien, conseguiremos de nuestra perra una excelente carnada de cachorros sanos que constituirá un timbre de gloria tanto para nuestro ingenio en este ámbito como para nuestro conocimiento de la cría de animales. Aparte de ello, otra importante consideración es que con la venta de los cachorros a clientes felices y satisfechos conseguiremos un apreciable beneficio.




Califica este Artículo:
3 / 5 (3 votos)






Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *