El mundo desde el punto de vista del perro


El mundo desde el punto de vista de un perro

Intentemos formarnos una imagen del mundo tal y como lo ve nuestro perro. Como algunos de nuestros sentidos no están tan desarrollados como los de este animal, deberemos conten-tarnos con una aproximación.

El Olfato

Ante todo, el perro vive en un mundo de olores. Su nariz es un órgano muy complicado que le revela muchas cosas acerca de los seres humanos, los animales y los objetos. Puede percibir centenares de olores que nos pasan inadvertidos. Dondequiera que se encuentren esos olores —en el aire, en el suelo, en los objetos, manos o ropa—, el perro los percibe con facilidad y los distingue. Tiene una gran variedad de olores, todos ellos clasificados inconscientemente, y puede recurrir a ellos para hacer una rápida identificación.

El sabueso, por ejemplo, tiene un sentido tan agudo del olfato que puede seleccionar un olor entre centenares en la misma área. Y puede hacerlo a pesar de que el olor que esté buscando tenga ya varios días o esté mezclado con muchos otros. Los hombres de ciencia que estudian el sentido del olfato han descubierto que los perros pueden percibir la di-ferencia entre el almizcle natural y el artificial. Aun para el ser humano que tenga un sentido insólito del olfato, el almizcle natural y el artificial tienen olores idénticos.

Por lo tanto, la nariz del perro es su guía para identificar personas, objetos y otros animales. Cualquiera que sea el número de veces que el perro ve a las personas o los animales, no los aceptará hasta que no recurra a la nariz. Entonces, y sólo entonces, quedará satisfecho.

Pero para que el perro pueda recurrir al sentido del olfato, tiene que estar a cierta distancia. Si se encuentra demasiado lejos o el viento sopla alejándose de él, no podrá identificar a la persona o el animal.

A este respecto existe un experimento clásico. Para realizarlo, póngase el lector un abrigo y un som-brero viejos. Baje el ala del sombrero sobre los ojos y levántese el cuello del abrigo. A continuación, acérquese al perro procurando que el viento sople desde donde está éste, a fin de que no perciba el olor del lector, quien debe acercarse arrastrándose o caminando como un mono. Observe la reacción del perro.

Se echará a correr, o se quedará inmóvil. Si se queda inmóvil, gruñirá y se le erizarán los pelos del cuello. Lo más probable es que adopte una posición de ataque: el cuerpo rigido, la cola baja y los dientes desnudos. No hay que llevar este experimento demasiado lejos. Cuando vea que no lo reconoce, incorpórese, quítese el sombrero y el abrigo, y llámelo. Luego, déjelo que se acerque y lo huela.

Cambie el experimento y acérquese al perro teniendo el viento en la espalda, con la misma indumentaria y el mismo paso, y se observará una reacción diferente. En cuanto perciba el olor, correrá hacia el lector moviendo la cola y ladrando al reconocerlo. Indudablemente, si pudiera hablar diría: “Vamos, vamos, quítate ese disfraz. ¡Ya te conozco!”

La vista

Casi todos los perros tienen mala vista. Hay excepciones, de las cuales la más notable es la del podenco de vista. Estos podencos, como el saluki, el afgano y el galgo, son perros flacos, veloces, que cazan con los ojos fijos en la presa. Tienen una visión muy buena y son présbites. Pero la mayoría de los perros son miopes. El sabueso, por agudo que tenga el olfato, es uno de los perros más miopes de todos.

A pesar de su miopía, el perro reacciona a los movimienlos. En realidad, tiene una gran sensibilidad al movimiento, y ésa es una de las razones principales por las que un perro retrocede cuando se le acerca súbitamente una mano. La capacidad del perro para ver el movimiento puede compararse a una reacción semejante de los seres humanos. Podemos advertir un movimiento que no esté en la línea directa de la visión. Quizá estemos viendo frente a nosotros y al mismo tiempo . Advertimos  que algo se mueve a la derecha o a la izquierda y un poco atrás de  nosotros. En este caso decimos que vemos que algo se mueve “con el rabo del ojo”.

Aunque el perro no pueda identificar a una persona o a un animal por la vista, puede percibir en que dirección se mueven. Es, decir, pueden percibir un movimiento  en la dirección contraria. También tienen la facultad pueden ver de noche y una característica que se llama fulgor o tapetum lucidum. Dicho fulgor puede verse en la noche, cuando los faros de un coche o la luz de una lámpara eléctrica caen sobre los ojos de un perro. Lo produce el reflejo de la luz en una capa de células que se halla en el fondo de los ojos del animal. Este fulgor puede observarse también en otros animales, como en el gato y el coatí. Los seres humanos uo tienen ese fulgor.

En cuanto a la visión de los colores, el perro no se distingue por su agudeza. Su gama de colores se limita al negro y al blanco, y posiblemente al gris, o, por lo menos, así lo parece. No prefieren el verde al rojo ni el azul al amarillo. Pero si se le da a escoger entre tres juguetes de color —uno rojo vivo, oto verde oscuro y otro negro—, probablemente preferirá el rojo. hará esta elección debido a la diferencia de brillantez entre los tres juguetes. En resumen, escogerá el juguete rojo por-que es de color rojo vivo. Pero, en último análisis, la visión de los colores del perro es muy débil y puede volverse confusa cuando cambia o se altera la forma o la posición de un objeto.

Para resumir, diremos que la vista del perro es mala y que la gama de los colores que percibe está muy poco desarro-llada. La Naturaleza, para compensar estas dos debilidades, le ha dado un sentido del olfato y del oído muy desarrollados. Y en esos dos sentidos, el perro no tiene igual.

Sonido

Los perros tienen un oído excepcionalmente agudo y pueden percibir sonidos que son demasiado débiles para el oído humano. También pueden percibir sonidos de tono más elevarlo. El silbato silencioso para los perros se ha diseñado basándose en el principio de que estos animales pueden oir los sonidos de tono muy agudo. Si el lector sopla uno de esos silbatos silenciosos, no oirá nada, salvo, tal vez, el aire expelido.

Pero si el perro está cerca y ha sido educado, se precipitará sobre el lector en un abrir y cerrar de ojos.
Los perros son muy sensibles al sonido de la voz humana. Cambiando las inflexiones y el tono, se puede obtener una variedad de reacciones del animal. Una palabra alentadora desatará un torrente de alegres ladridos o una serie de frenéticos movimientos de la cola. Si se le habla con aspereza, se pondrá deprimido, se alejará de su amo escurriéndose o tal vez se encogerá servilmente ante él.

Quizá el lector haya advertido que algunos perros retroceden ante una persona de voz sonora o áspera. Algunos llegan al extremo de correr y esconderse si la voz no les place.

Los factores más importantes para comunicarse con el perro son la voz y la manera de usarla. Recuérdelo el lector: será el tono, la inflexión y el matiz de la voz lo que provoque una reacción, no las palabras. Pero en el capítulo que dedi-camos a la educación de los perros volveremos a referirnos a esta cuestión.

Gusto

El sentido del gusto del perro está íntimamente relacio-nado con su sentido del olfato. Lo que no acepte con la nariz, no lo comerá sino muy raras veces. Algunos perros han adquirido gustos insólitos y comen alimentos que rayan en lo exótico. Pero la mayoría tienen gustos sencillos y sólo quieren los alimentos comunes.

Tacto

Naturalmente, a lo que nos referimos aquí es al grado de sensibilidad del perro al ser tocado.
Los perros reaccionan de diferentes maneras cuando los toca la mano humana. A casi todos ellos no les molesta que se les acaricie. En realidad, casi se mueren de gusto cuando les rasca uno las orejas y les acaricia el vientre.

Por desgracia, muchas personas reciben una mordida porque no hacen caso de las objeciones del perro o porque no se dan cuenta de ellas. Muchos suponen que a todos los perros les gusta que los acaricien y no pueden resistir a la tentación de detenerse a acariciar a cuanto perro se encuentran. Si tomamos en cuenta lo que acabamos de decir acerca de la mala vista del perro, su necesidad de identificarlo todo con la nariz y su posible oposición a que lo toquen, podremos entender por qué los perros pegan dentelladas a la gente.

La oposición del perro a ser tocado puede ser una característica heredada o adquirida. La herencia, el ambiente y el estado de salud tienen influencia en el grado de sensibilidad del perro a ser tocado. Pero, cualesquiera que sea la causa, tanto el lector como las otras personas tendrán que respetar la aversión del perro a que lo toquen.




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