El adiestramiento del perro cachorro Pastor Alemán


Todos los cachorros deben ser adiestrados de forma que se comporten de la manera que se espera de unos animales de tan buena cuna, debiendo señalar que tenemos suerte de que nuestro alumno sea de una raza dotada de una reconocida inteligencia superior. Durante este temprano período de adiestramiento, cuando tratamos de modelar el carácter y la inteligencia de nuestro cachorro para que se ajuste a unas estructuras específicas de conducta, también estamos dando forma a una relación entre nosotros y nuestro perro que se mantendrá a lo largo de toda su vida. Nosotros damos las órdenes y nuestro cachorro debe obedecer. Esta es la simple fórmula del adiestramiento.

El autor no cree en el castigo como medio de adiestramiento y sí, en cambio, en las recompensas pero, aquella por la cual abogo, no tiene que adoptar, necesariamente, carácter de golosina o de parecido soborno orientado hacia los sentidos primarios. Una palmada, una sonrisa o un “bien hecho” por parte de su amo es, con frecuencia, toda la recompensa que el cachorro necesita. Con algunos cachorros, o bajo determinadas circunstancias, la recompensa en forma de golosina puede ser necesaria o deseable, y entonces conviene utilizarla. Pero el castigo físico, el pegar, el azotar o el causar daño al cachorro, es un acto propio de un sádico y una persona así no debe adiestrar un perro, sino que más bien debería adiestrarse a sí misma.

De hecho, el utilizar la mano, un látigo, una escoba, un periódico enrollado o cualquier otro medio de castigo para poner de manifiesto nuestro disgusto hacia el cachorro por un acto cualquiera que haya cometido, se traduce en temor hacia el objeto y hacia el acto de adiestrar en sí. Si lo golpeamos y le hacemos daño con nuestra mano es muy probable que se asuste ante ella. También le puede ocurrir ante un látigo, una escoba, etc. si utilizamos estos objetos para hacerle daño y como medio de poner de manifiesto nuestro descontento. Un periódico enrollado como medio de castigo puede hacer imposible el que se acostumbre al papel o traducirse en ataques al vendedor de periódicos en una época posterior.

La única razón para pegar a un perro es si, con malicia e intención, muerde. La única otra razón para causarle dolor físico es cuando, después de que hayan fracasado todos los demás métodos, debemos desacostumbrar a nuestro perro de que persiga los automóviles. En tales casos cabe utilizar la pistola de agua con una débil solución de amoníaco con el conocimiento de que ciertamente producirá molestia al perro pero, con una posible muerte como alternativa, aparece como el mejor de entre dos males.

Salvo por las razones apuntadas, no existe excusa alguna por usar la violencia física durante el período de adiestramiento de un perro a menos que sea nuestro último recurso y, si es así, entonces debemos enfrentarnos al hecho de que nosotros, no nuestro perro, hemos fracasado y que no sabemos o no reunimos condiciones para adiestrarlo.

Cuando adiestramos un perro hacemos dos cosas; ejercemos nuestra voluntad sobre el cachorro y sus actos y, al hacerlo, controlamos su conducta (la palabra “control” es el elemento importante aquí). En segundo lugar condicionamos el cachorro para que reaccione ante unos estímulos externos de carácter específico. El secreto de un completo control es la firmeza. Seamos siempre firmes e insistamos para que el cachorro obedezca una vez que haya comprendido lo que queremos que haga. La base sobre la cual el condicionamiento del cachorro para llevar a cabo determinados actos se apoya viene constituida por una repetición escrupulosa y constante del factor estimulante.

En otras palabras, cuando condicionamos un cachorro para llevar a cabo determinada acción a través de una orden que le hemos dado, damos lugar a que se creen en él unos hábitos y que reaccioné en forma automática cada vez que oiga la orden específica. Ahora bien, para conseguir unos resultados precisos, el factor condicionante, o sea la orden, debe ser siempre la misma, sin variar nunca ni en su estructura ni en su tono. Por consiguiente, si la orden es: “¡Ven, Duke!” nunca debemos variarla y convertirla en: “¡Aquí, Duke!”, ” ¡Ven!”, o cualquier otro grupo de palabras que signifiquen .lo mismo para nosotros… pero no para el cachorro. La orden debe ser siempre: ” ¡Ven, Duke! “, pronunciada en la misma forma y con idéntica calidad en el tono cada vez que se dé.

Otros importantes elementos en el adiestramiento son: mantengamos los períodos de adiestramiento cortos, alargando el tiempo a medida que el cachorro crece y ha absorbido ya otras órdenes. Utilicemos voces de mando tajantes, breves y fácilmente comprensibles. Enfoquemos el período de adiestramiento de un modo serio. Dediquémosle un espacio concreto de tiempo durante el cual no se produzcan interrupciones. Elijamos un punto donde no exista ninguna otra actividad que pueda atraer la atención del cachorro y distraerle de su adiestramiento. Censuremos el cachorro en un tono de reproche cuando no obedece, y elogiémosle, o recompensémosle con una golosina, cuando obedece con prontitud.

Los elementos necesarios para adiestrar a nuestro cachorro son sencillos, a menos que nos enamoremos de la labor de conseguir obediencia y continuemos hasta llegar al adiestramiento avanzado. Necesitaremos un collar de cadena de tipo ligero y una correa larga.

Ahora bien, antes de dar comienzo a cualquier adiestramiento formal podemos fijar la base de la conducta ulterior del cachorro a través de la muy importante labor inicial en el adiestramiento de un cachorro, es decir, habituarla a satisfacer sus necesidades en un punto dado. Para este cometido no necesitamos ni collar ni correa, simplemente conocimientos y paciencia. Necesitaremos saber que los cachorros orinan con mucha frecuencia después de haber bebido leche o agua, y también cuando se les introduce en una habitación templada, sobre todo si provienen de un sector donde hace más frío. También orinarán directamente después de despertarse. Los cachorros defecan generalmente después de que haya transcurrido media hora después de comer.

Tendremos que observar pacientemente el cachorro hasta que percibamos las señales y los movimientos de advertencia que preceden a una evacuación. Cuando observemos estas señales recojamos el cachorro inmediatamente y llevémosle, sin perder tiempo, al lugar que le hemos asignado para estos actos, ya sea dentro de la casa o en el exterior. Cuando el cachorro, por accidente o en forma voluntaria, va donde queremos que vaya, alabémosle sin regateos. Si comete uno de sus frecuentes errores, riñámosle, valiéndonos para ello de nuestra voz y su tono para dar a conocer nuestro disgusto. La simple palabra: ” ¡No!” es adecuada y la debe aprender y obedecerla en diversas otras circunstancias durante el adiestramiento. “Buen chico” o bien “Buena chica”, según sea el caso, pronunciada en una voz altamente complacida, transmite nuestro elogio.

Sea cual fuere el material usado en el fondo de la caja, el cachorro se ha acostumbrado a utilizarlo para sus necesidades fisiológicas y más tarde también lo buscará para este mismo fin. Así tenemos que un cachorro habituado a moverse sobre papel en su caja, buscará este material cuando esté fuera de ella para poder hacer sus necesidades. Si lo que se utilizó en la caja fue heno o paja será mucho más fácil enseñar al cachorro a salir al exterior sobre la hierba. A menudo los cachorros de perro pastor alemán pasan las primeras semanas de su vida sobre un montón de heno, paja o material similar, y generalmente, cuando se considera la eventual dimensión que alcanzará el animal, se induce al cachorro para que utilice los grandes espacios exteriores. Los poseedores de un perro pastor alemán tienen suerte en el hecho de que, como raza, es naturalmente limpio en sus costumbres y fácilmente habituable. De hecho, muchos perros de esta raza que han crecido en un reducto instalado en el exterior nunca han debido ser habituados en forma deliberada, pues han preferido utilizar la tierra para sus necesidades e intuido el hecho de que la casa no debe ensuciarse.

Llevemos el cachorro al exterior después de comer, de despertarse, de beber, etc. y permanezcamos junto a él hasta que haya colmado sus necesidades fisiológicas, luego alabémosle. Los cachorros, y también los perros adultos, prefieren atender sus necesidades fisiológicas en lugares que ya han sido utilizados con el mismo objeto por otros perros, o por ellos mismos en anteriores ocasiones. Por tanto, si lo llevamos siempre al mismo lugar, hará sus necesidades sin dificultad alguna.

Suponiendo que cometa un error dentro de la casa, debemos reprenderlo con un tajante y vehemente: “¡No!” o una afligida exclamación de: “¡Vergüenza!” y llevarlo inmediatamente al punto que desearnos que utilice. Jamás debemos aplicar su hocico contra sus excrementos como forma de castigo o de adiestramiento, ni tampoco reñirlo jamás a menos que lo sorprendamos in fraganti. Unos pocos segundos después de que haya cometido cualquier acción por la cual debería ser castigado se habrá olvidado de ello y el castigo sólo servirá para confundirlo, ya que no tendrá la menor idea del porqué de la medida.

Si ha de adiestrarse un cachorro acostumbrado al papel para que haga sus necesidades en el exterior, simplemente deberemos recoger el papel sucio que exista en su caja, colocarlo en el exterior sujeto con piedras al objeto de que no sea arrastrado por el viento y llevar nuestro cachorro hasta él. Una vez haya comenzado a utilizarlo, deberemos ir reduciendo paulatinamente su dimensión hasta que, una vez hayan transcurrido de 8 a 10 días, no quede nada de él y el cachorro ya haya comenzado a utilizar el puro suelo.

Cabe evitar muchos problemas si confinamos el cachorro a una habitación, sobre todo por la noche, hasta que esté totalmente habituado por lo que a satisfacer sus necesidades respecta. Dicha habitación debe contar con un suelo de linóleo o de baldosas para que resulte fácil de limpiar, con lo que lo más probable es que sea el cuarto de baño. Si ya ha adquirido hábito durante el día pero comete errores por la noche, atémosle cerca de su cama o confinémosle a una caseta dentro de la habitación; pocos perros ensuciarán sus camas o el lugar en que duermen. Si debemos dejar el cachorro solo durante algún tiempo, confinémosle a un sector limitado que incluya su cama y el correspondiente papel o caja.

La utilización de supositorios infantiles, cuya introducción generalmente se traduce en resultados rápidos, puede ayudarnos en la programación del proceso de evacuación y en el control del mismo. Otro truco utilizado en habituar el animal a utilizar papel es el de confinarlo en una habitación pequeña, cubrir el suelo con periódicos y, después de que se haya acostumbrado a ellos, comenzar a suprimir una hoja cada día hasta que quede una sola. Esta puede ser entonces llevada más allá de la habitación, con una puerta cerrada interpuesta y con sólo un pequeño extremo del papel penetrando por debajo de la misma. El cachorro, deseoso de irse, verá el borde del papel y comenzará a gemir y, a partir de este momento, quedará vinculado a dicho papel, para satisfacer sus necesidades, dondequiera que deseemos colocarlo.

Suponiendo que este aspecto ya está resuelto volvamos de nuevo a la formación de la conducta. Nuestra primera labor será la de poner un collar y una correa al cachorro a cuyo fin deberemos comprar un collar estrecho, barato y plano y dejar que lo lleve constantemente para que se acostumbre a él. Después de que hayan transcurrido uno o dos días deberemos atar al collar un trozo de cuerda que sea lo suficientemente largo como para llegar al suelo. No dejemos sin embargo que juegue con ella; simplemente permitámosle que la arrastre de un lado para otro para que esté parcialmente habituado en el instante en que le coloquemos la correa y lo llevemos de una a otra parte sujeto por ella.

Una vez haya aceptado el collar y la correa, deberemos sustituir el collar de cuero por el de cadena y hacer que nos siga, cuando vaya atado, utilizando a tal fin unos tirones breves y suaves que harán que se mueva al mismo tiempo que nosotros. Llamémosle por su nombre para atraer su atención, luego añadamos: “¡Camina!”.

Pronto trotará a nuestro lado izquierdo (siempre a nuestro lado izquierdo) y con la correa floja, y nosotros lo alabaremos con el inevitable: “¡Buen chico! “. Cada vez que demos de comer a nuestro cachorro, llamémosle con un: “¡Ven!”. El comer es una experiencia agradable y nosotros lo estarnos condicionando para que acuda libremente a nosotros. Más tarde, con una larga correa unida a su collar, alejémonos de él tanto como permita dicha correa y digámosle: “¡Ven!” y responderá en forma inmediata. Generalmente es mejor anteponer a toda orden el nombre del cachorro, pues éste lo aprende muy pronto y utilizándolo de esta forma captamos inmediatamente su atención. Valgámonos siempre de breves tirones sobre la correa y nunca de uno prolongado.

Para hacer que el cachorro se siente deberemos colocar nuestra mano debajo de su barbilla para empujar hacia arriba su parte delantera y, con nuestra otra mano, empujar hacia abajo sobre su grupa obligando a sus cuartos traseros a descender y utilizando, al mismo tiempo, la orden vocal: “¡Pedro, siéntate! “. Debemos acentuar este adiestramiento positivo utilizando la misma orden suavemente cada vez que veamos que el cachorro va a sentarse por iniciativa propia.

Una vez adiestrado para “sentarse” a través de una orden, cabe utilizar enfoques positivos y negativos para enseñarle a echarse. En este caso la orden es: “¡Échate!” y,el cachorro, ya en posición de “sentado”, o bien es empujado hacia abajo en su parte delantera o bien las patas delanteras son llevadas hacia adelante de modo que la parte delantera descienda hasta el suelo. Una vez más cabe utilizar el enfoque negativo a través de la observación y aprovechándose de la inclinación natural del cachorro a echarse y dándole la orden cuando va a hacerlo.

Cuando hayamos adiestrado nuestro cachorro para “venir”, “caminar”, “sentarse” y “echarse” a través de una orden, habremos llevado a cabo todo lo que resulta posible, antes de comenzar un adiestramiento en serio, cuando tiene alrededor de 6 meses.

Para este adiestramiento avanzado el autor recomienda que se adquiera un libro sobre el tema que esté totalmente dedicado, no en parte como en este libro, a este importante tema.* Todo lo que hemos leído en este capítulo respecto al adiestramiento es básico y orientado específicamente hacia el joven cachorro; una especie de curso preescolar. Cuando comienza un adiestramiento en serio con el cachorro ya un poco crecido, se utiliza siempre la correa hasta que se haya progresado lo suficiente como para que el perro se mueva con precisión, entusiasmo y seguridad sin correa. El enseñar al cachorro muy joven las pocas y necesarias órdenes básicas no debe hacerse con el tono rígido e impersonal empleado más adelante en un adiestramiento en serio. El cachorro, sin embargo, debe obedecer las órdenes sencillas con presteza una vez las haya aprendido, ya que estamos estableciendo, durante estas primeras semanas, el control necesario para el adiestramiento más en serio que deberá llevarse a cabo en el futuro.

Más adelante, con el cachorro atado con una correa y colocado a nuestra izquierda, la acción de adiestrarlo para “sentarse”, “caminar”, “echarse”, etc. constituirá un hecho consumado y sólo deberá aprenderse rapidez y precisión. Esto también ayuda al alumno a pasar con facilidad al régimen mucho más rígido de adiestramiento real, ya que conoce cómo llevar a cabo algunos de los actos y ha sido condicionado para obedecer, y ser controlado por nuestra voz y voluntad, para efectuar ciertos ejercicios.

Recordemos que nuestro cachorro de perro pastor alemán se desarrollará hasta convertirse en un animal de gran dimensión y que, como consecuencia de ello, debe ser adiestrado para que en todo momento esté bajo control. Los perros pastores nacen y se crían para el trabajo y lo aman. Por consiguiente, adiestremos nuestro perro y brindémosle la oportunidad de hacer algo por nosotros.




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Un comentario en El adiestramiento del perro cachorro Pastor Alemán

  1. Leonardo Aisalla Dice:

    Buen día amigos, tengo una perrita pastor alemán, de tres meses, mi deseo es poder adiestrarle en lo básico en un principio, como:que venga hacia mi..camine, sentarse, echarse y el baño para permitirle que ingrese a la casa…por favor ayudenme, de antemano gracias.haa…. en el momento de alimentarle, se acostumbrado a comer de mi mano…. que hago…por fa necesito ayuda… gracias…
    atentamente,

    Leonardo

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