¿Cómo han evolucionado las aves?


Cómo han evolucionado las aves

Los primeros estadios de manifesta­ción morfológica de nuestras aves remóntanse quizás a una época an­terior a los 200 millones de años, a partir de los reptiles que predomi­naban en aquel período. El aspecto de los animales en cuestión lo des­conocemos. Seguramente no sólo ca­recían todavía de la propiedad de volar, sino que, en el mejor de los casos, quizá tuviesen que lanzarse planeando desde algún punto ele­vado.

Sobre el modo en que se produjo el paso del reptil a pájaro, nos pro­porciona información una fase inter­media, que se ha podido hallar re­petidamente en formas fósiles bien conservadas con una antigüedad del orden de los 140 millones de años: se trata del ave primigenia arqueópterix, que vivió en la región del Jura en el período de los grandes saurios, y cuya morfología se asemejaba lige­ramente a la de nuestras urracas. Aunque ya disponía de plumas y sus huesos eran huecos, todavía te­nía dientes y su cerebro era de pe­queño tamaño. Se supone que habi­taba en las copas de los árboles, a donde ascendía trepando, y desde allí se desplazaba a golpes de ala. No obstante ¿cómo habrán surgido poco a poco las 8 700 especies de criaturas voladoras que existen hoy sobre la tierra? En el curso de esos millones de años han ocurrido múl­tiples sucesos, tales como plega­mientos del terreno con aparición de cadenas montañosas, avances de glaciares y separación de continen­tes. Se delimitaron las zonas de pro­pagación de determinadas aves. Por tales causas se escindieron los indi­viduos pertenecientes a la especie en cuestión para formar diversos gru­pos (o poblaciones) que apenas se mezclaron entre sí.

En los animales aparecen conti­nuamente modificaciones de la he­rencia genética o mutaciones, que traen consigo una ventaja para el ser afectado. Pongamos, como ejem­plo, el de unas aves congénitamente dotadas de un pico aberrante, lo cual hace que se despliegue ante ellas un espectro nutricional más ex­tenso y en épocas de penuria les per­mita acudir a otro medio de alimen­tación distinto. Serán, en este aspec­to, superiores a sus congéneres y se implatarán con mayor intensidad. A largo plazo, las que no presenten la ventaja referida irán pasando paula­tinamente a segundo plano hasta que un día caigan víctimas de un proceso de selección natural (debido quizás al ataque de un enemigo, a la carencia de alimentos, al clima o a la competencia en la búsqueda de pareja).
De esta manera se generan accidentalmente poblaciones animales de especies muy diferenciadas entre sí, que no vuelven a mezclarse nunca más, aunque las barreras geográficas iniciales que las separaban desaparezcan o aunque, al propagarse, puedan vencerlas.




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