Caso real de como amansar a un Cocker Spaniel


Lo siguiente es la historia típica de un caso presentado por agresión debida al dominio. Max era un macho Cocker Spaniel de dos años. Fue adquirido aún cachorro por Mr. Smith un año antes de su matrimonio. Quería y era querido tanto por el señor como por la señora Smith. Frecuentemente pedía y recibía atenciones de ambos. Sin embargo, durante los últimos meses Max quiso morder a la Sra. Smith y le gruñó varias veces. Un detallado estudio de la cuestión puso en evidencia que tales incidentes ocurrían en ocasiones en que el perro quería estar solo y no ser molestado; gruñía si se pretendía que se quitase de una silla o si se le ordenaba persistentemente que hiciera alguna cosa concreta.

Gruñía si la señora se interponía entre él y una hembra Cocker Spaniel adquirida un año antes. Tampoco permitía que su dueña tocase nada de lo que eran sus pertenencias. Max no manifestó nada de este proceder agresivo contra el señor Smith o contra forasteros. Admitamos que no tuvo muchas ocasiones de demostrar su comportamiento frente a forasteros. Una descripción de las posturas del cuerpo y de la cara y las circunstancias en que se producía la agresión no indicaron que se tratase de un caso de agresión inducida pqr el miedo, sino más bien una afirmación de dominio.

La reacción de la señora Smith fue siempre la de retirada, y por tanto el perro se sentía reforzado en la afirmación de su dominio. Ella nunca castigó físicamente al perro y temía hacerlo. Si se hubiera decidido probablemente habría recibido algún mordisco. La relación dominio-sumisión deberá invertirse de una forma más sutil.

Instrucciones al dueño

A la señora Smith se le instruyó para que evitase toda situación que pudiera provocar cualquier signo de agresividad por parte de Max con el fin de impedir aumentar las amenazas y gruñidos. Ambos cónyuges debían evitar acariciar o mostrar afección indiscriminadamente hacia el perro. En adelante si Max solicitaba atención del señor Smith, éste debía hacer como si lo ignorase. La señora se adelantaría a los deseos de Max dándole una orden que debería obedecer antes de que ella lo acariciase o premiase. Asimismo debía sacar ventaja de las motivaciones para otras actividades siempre que surgiera una de tales situaciones. Max debía obedecer una orden antes de que ella le diera nada, o lo acariciase, o le dejase entrar o salir, etcétera.

La señora Smith tuvo que asumir el cuidado total del perro convirtiéndose en el «origen de todas las cosas buenas de la vida» para Max: darle la comida, sacarlo a pasear, jugar con él, etc. También empleó 5 a 10 minutos diarios enseñándole pequeños trucos y a obedecer, para tener obsequios en comida o premios. Estas sesiones fueron enteramente recreativas, pero en pocos días el animal se acostumbró a obedecer rápidamente, costumbre que se transfirió a otras situaciones no recreativas.

Resultados

En pocas semanas Max dejó de gruñir y amenazar a la señora en situaciones en las que antes sí lo hacía. Se apartaba del camino de ella, o se estaba quieto cuando pasaba por su lado. Ella podía ordenarle que se quitase de los sillones y podía coger a la hembra Cocker Spaniel sin recibir amenazas de Max, pero sin embargo aún no se veía capaz de coger objetos de la propiedad de Max, por lo que se le dieron instrucciones adicionales. Empezó colocando una serie de objetos progresivamente más cercanos al perro mientras éste estaba en posición sentado.

Después de dejar el objeto en el suelo durante un corto período, procedió a cogerlo. Si el perro aún estaba sentado (como en efecto lo estaba) recibía un obsequio de queso y palabras de elogio. Eventualmente los objetos se ponían y se retiraban directamente enfrente del perro. Al principio usaba objetos que no le interesasen mucho al animal, y luego utilizaba progresivamente otros de mayor interés. El dominio jerárquico entre Max y la señora Smith se ha invertido sin valerse de ningún castigo físico. Se instruyó a la señora Smith para que reforzase su posición dominante dándole una orden a Max y estimulándole si responde adecuadamente.

Resumen

El elemento esencial en el tratamiento de tales casos es: en primer lugar debe haber, naturalmente, un diagnóstico correcto sobre el tipo de comportamiento agresivo de que se trate. Durante el curso del tratamiento la persona encargada debe evitar todas las situaciones que puedan provocar una actitud agresiva del animal.

Todos los demás miembros de la familia deben ignorar totalmente al perro durante el tratamiento: la persona más dominada por el perro debe tomar a su cargo el cuidado completo de él, además de emplear 5 o 10 minutos diarios en enseñarle algunas gracias y a obedecer las órdenes, «sit-quieto» es muy útil para controlar al perro en sucesivas circunstancias, tales como bromas y juegos. Se recomiendan vivamente los estímulos de comida además de las simples alabanzas. La persona sometida al perro debe aprovechar la oportunidad de darle una orden que deba ser obedecida antes de hacer nada placentero para el animal.

Hay que advertir al dueño que no se puede garantizar que el perro no vuelva a mostrarse agresivo y amenazante nunca más. Lo que se está haciendo, al igual que en otros casos de agresión, es intentar reducir la probabilidad, incidencia e intensidad de que surja una actitud agresiva.




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