Captura y suelta para futuros gigantes


No hace mucho tiempo atrás se consideraba un acontecimiento raro cuando algún pescador retornaba una pieza capturada a las aguas de las que procedía. Sin embargo, existe en la actualidad un gran énfasis puesto en convertir la práctica de la captura y suelta en el nuevo lema que abandere la pesca deportiva.

Ello incluye, como es obvio, la pesca del lucio común. Parece que, poco a poco, el empeño de unos pocos va dando sus frutos, aunque lamentablemente todavía es demasiado frecuente la imagen de grandes lucios muertos que son expuestos para causar la admiración insubstancial en quien los contempla. La captura y suelta, que probablemente podría parecer frívola para algunos pescadores de antaño, constituye casi una religión para el auténtico pescador deportivo de hoy en día.

La liberación de los ejemplares capturados, realizada como es debido, se ha revelado como un arma eficaz para mantener poblaciones estables de grandes lucios en las reservas que cuentan con la presencia de esta especie. Es cierto que existen lugares con un potencial increíble para producir lucios de un tamaño asombroso, donde resulta complicado conseguir una de estas piezas. La explicación de tal realidad encuentra un fundamento sólido en diversos argumentos. Si los mayores esócidos no son abundantes, dicha escasez relativa se ve agudizada por el hecho de que, por norma general, los pescadores no liberan sus capturas. Las sequías periódicas que asolan nuestra geografía contribuyen a agravar la situación, convirtiendo a los lucios de trofeo en piezas escasas y verdaderamente excepcionales.

Probablemente, el mayor lucio de nuestro territorio vaga por algún lugar anegado por las aguas, de los numerosos que existen en la región de la Alcarria. Adoro esta tierra preciosa, pero duele comprobar cómo el ser humano se ha propuesto destrozar todo lo que le rodea, incluso a él mismo. Por desgracia, muchos de los bares y comercios que se dedican a la venta de pez vivo para la pesca del lucio y la lucioperca pretenden potenciar su negocio premiando las capturas de grandes ejemplares. Este hecho produce un efecto inmediato en los pescadores más interesados en aumentar su ego que en determinadas consideraciones éticas que les traen sin cuidado.

Debido a esa reacción, cualquier lucio que caiga presa de uno de los anzuelos de dichos individuos tiene un final asegurado. Hace no demasiado tiempo era frecuente el empleo de sedales durmientes, arpones e incluso armas de fuego para batir a las grandes hembras que se aproximaban incautas a las zonas someras para llevar a cabo su apareamiento. Se han pescado tantos lucios gigantes en las aguas de los pantanos de Entrepeñas, Bolarque y Buendía como uno quiera imaginar, pero casi en idéntica proporción acabaron disecados adornando alguna pared. ¿He actuado yo así alguna vez? Escucha: todos hemos hecho cosas así en el pasado, pero en la actualidad me resulta imposible entender la pesca en su plenitud sin la liberación de las piezas capturadas y el firme interés por la conservación de la naturaleza.

Un lucio de diez o más kilos de peso es una criatura extraordinaria que habrá necesitado un montón de años y superado un cúmulo de contrariedades para alcanzar tan magnífico estado. Quizás adoptando una forma de vida que le mantenga alejado de los señuelos de los pescadores o incluso aprendiendo a rechazar muchos de sus ofrecimientos. Otra posibilidad para su longevidad y soberbio crecimiento es haber sido liberado por una pescador concienciaqlo de la necesidad de conservación.

Algunos pescadores liberan sus capturas porque no les gusta limpiar y comer pescado; otros porque no tienen o no sienten necesidad de matar un ser vivo; y unos pocos como reflejo de una conducta que forma parte de una filosofía personal. Me gustaría que los pescadores considerasen que existe algo más en el hecho de devolver la vida a un pez que ha sido pescado.

Se ha comprobado cómo el número de grandes lucios es un aspecto seriamente vulnerable si los pescadores que frecuentan una masa de agua no liberan sus capturas. En uno de estos lugares donde la práctica de la captura y suelta no sea mayoritaria y la presión de pesca sea notable, es posible que las poblaciones de lucios pequeños se mantengan aún durante algún .tiempo. En cambio, los lucios gigantes prácticamente desaparecen o se convierten en capturas imposibles cuando los pescadores que tienen la suerte de capturarlos les arrancan la vida. Cuando un pez así es privado de vida, se requerirán largos años hasta reponer tal recurso, si es que todo sale bien. Por otra parte, el lucio gigante es mejor como deporte que como menú de cualquier banquete.

Captura y suelta para futuros gigantes Pesca Deportiva

Hace un año, cometí la equivocación de compartir uno de mis rincones más apreciados para la pesca del lucio con algunas personas más interesadas en fanfarronear de sus capturas que en la misma pesca. Cuando trataron de quedarse con alguna de las bonitas piezas que conseguimos capturar, escucharon de mi boca las palabras que cualquier otro amante de la naturaleza habría pronunciado: «Creo que habéis ido de pesca con la persona equivocada. Antes de partir quedó claro que todas las piezas serían liberadas». Ellos se marcharon con cara de pocos amigos, probablemente pensando en regresar pronto a aquel maravilloso lugar para destruir parte de lo que a nadie pertenece.

Un lucio pequeño, uno mediano y uno grande realizan diferentes funciones dentro del ecosistema acuático donde viven, depredando sobre presas de distintos tamaños. Todo depredador actúa como regulador de la fauna que le rodea, ejerciendo una importante labor de limpieza o saneamiento sobre los ejemplares enfermos, tarados o heridos. Mediante la eliminación de los ejemplares más débiles y la supervivencia de los mejores dotados se llevan a cabo los mecanismos de selección natural.

Para dar una muestra de esto que digo, contaré la historia de un conocido lago irlandés en el que moraban lucios monstruosos. En 1960, con ánimo de mejorar la pesca de truchas, se procedió al descaste de lucios, en especial de los mayores ejemplares. Irónicamente, aquella medida no se correspondía con la demanda real de los pescadores. Con la eliminación de esos peces, la población de pequeños lucios se disparó y los efectos resultaron mucho más perjudiciales para las asustadas truchas que nadaban por las frías aguas del lago. Al final se consiguió únicamente dar al traste con una de las mejores pesquerías de lucios de todo el mundo y disminuir la población de truchas sin producir beneficio alguno para nadie.

Hay todavía unos cuantos puntos más en cuanto a la captura y suelta. Es preciso hacer hincapié en cómo se lleva a cabo la manipulación de los lucios capturados desde su cobro hasta la suelta para que los daños sean mínimos y la supervivencia se encuentre asegurada.

El primer punto importante es cómo cobrar un lucio. Lo más deportivo es hacerlo con la mano. Hay que introducir los dedos por la solapa que cubre las agallas. No hay que temer del lucio al llevar a cabo esta operación, pues seguro que el pez se encuentra más asustado por la presencia del pescador que éste mismo. Si se trata de un ejemplar mediano, puede asirse por la parte posterior de la cabeza, desestimando en todo caso introducir los dedos en los ojos del lucio.

También puede utilizarse una sacadora de suficiente tamaño, preferiblemente con la red de goma o caucho, que evita los fastidiosos enganches de los anzuelos en ella y los daños en la piel del lucio. No es admisible el uso de ganchos y similares. He visto a un gran lucio reanudar su lucha con renovado ímpetu cuando un desafortunado compañero erró al tratar de clavar un gancho metálico bajo su quijada y le rajó la barriga.

El irritado lucio dobló aquellas dudosas artes, haciendo saltar por los aires un salobre demasiado pequeño para contener su enorme tamaño. Como la diosa fortuna no siempre da la espalda a los pescadores, al final pude hacerme con ese pez para recordar.

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Una vez se tiene al lucio en la orilla o sobre la embarcación, hay que situarlo sobre una superficie húmeda y suave. La misma hierba fresca puede servir perfectamente. Los pescadores ingleses de lucio van en este aspecto un paso por delante de los demás, obsequiando a su captura todo tipo de cuidados para evitarle cualquier posible daño. Existen materiales específicos para este fin análogos a los que se emplean en la pesca de grandes ciprínidos. Es preciso evitar que el pez se golpee la cabeza, así como que sufra abrasiones que puedan implicar la pérdida de escamas.
Hay que tener todo previsto y la forma de proceder mecanizada para no alargar demasiado la estancia del lucio fuera del agua.

En ningún caso esta debería prolongarse durante más de un minuto. Se necesitan unas pinzas de desanzuelar lo suficientemente largas para liberar un anzuelo prendido del interior de la boca del lucio, atestada de afilados dientes. Las posibilidades de sobrevivir son mayores si los daños asociados ala captura no incluyen pérdida de sangre, como la que se produce cuando un anzuelo se clava en las agallas. Cualquier pescador que no ponga el suficiente cuidado al hacer esta operación está buscándose problemas.

Hay que tener la cámara de fotos preparada y haberse asegurado anteriormente de que el compañero de pesca sabe emplearla correctamente. Los mejores destinos de pesca suelen ser puntos bastante alejados, con lo que puede aprovecharse el viaje para atar cualquier cabo suelto. Todo el proceso debe reducirse al mínimo para evitar males irreversibles en el lucio. Especialmente durante los meses más calurosos del año, los peces de aguas frescas como el lucio se tornan criaturas mucho más frágiles.

Algunos pescadores muestran especial interés en pesar y medir las piezas conseguidas, sobre todo si se trata de ejemplares de buen porte. Un pescador veterano conoce con precisión estos datos con sólo contemplar el pez y sostenerlo entre sus manos. Incluso cuando estas medidas se desvirtúan y exageran posteriormente en las tertulias de pesca, un pescador con la experiencia suficiente conoce con exactitud las dimensiones del pez capturado. Aparte de eso, se dan casos concretos en los que puede resultar interesante la relación talla/peso de los lucios capturados. La medida del pez debe llevarse a cabo dejándolo yacer en posición horizontal.

No hay mejor método para determinar la longitud aproximada del lucio sin causarle daño alguno que efectuarla con el pez aún en el agua. Para el pesado del lucio frecuentemente se les prende de la mandíbula mientras cuelgan en posición vertical. Este sistema es válido y no causa daños al pez a no ser que se trate de grandes hembras de mucho peso y el vientre abultado. En tales casos es recomendable hacer uso de un saco de retención.

Se dan otros daños ligados a este proceso, aparte de los más visibles. Es conveniente evitar cualquier corte que pueda implicar futuras infecciones. Muchos grandes lucios reciben daños irreversibles cuando son subidos desde importantes profundidades hacia la superficie sin dar tiempo a que su vejiga natatoria se adapte. Cuando esto sucede, el pez aflora en superficie con un aspecto hinchado del que le resultará imposible recuperarse. Un ictiólogo puede solucionar el problema con ayuda de una aguja hipodérmica, pero todo aquel que no conozca con precisión la localización exacta del punto donde debe intervenirse debería pensar que puede causar más daño al pez si actúa de manera equivocada.

Si el lucio se encuentra algo aturdido al intentar liberarlo, hay que dejarlo reposar unos instantes hasta que se comprueba que puede irse por sus propios medios. Es preferible prescindir del conocido vaivén de adelante hacia atrás y, en todo caso, reducirlo a mover el pez hacia delante. El porcentaje de oxígeno absorbido es máximo cuando el pez se desplaza en este sentido e insignificante cuando se hace en el contrario.

Concienciar a los pescadores de la importancia de retornar con vida a los lucios para asegurar un futuro esperanzador es una ardua labor. Algunas bonitas historias dan fe de la importancia de la suelta de los lucios capturados. Una de las más impresionantes que quedan grabadas en la mente de cualquier buscador de trofeos que la escucha es la del récord de lucio inglés: un pez que llegó a hacerse tan famoso que fue bautizado con el nombre de Dora.

Como en aquel país existe la costumbre generalizada de liberar a los lucios capturados, el destino quiso que un mismo pez fuese plusmarca en distintas ocasiones, inscribiendo el nombre de pescadores diferentes en el libro de la fama. El alguna otra ocasión, Dora también fue capturada con un peso sensiblemente inferior a su propio récord. Si el primer pescador que capturó este lucio monstruoso hubiese acabado con su vida, hubiese privado a otros pescadores de vivir momentos inolvidables con la pesca de los lucios gigantes, e incluso a él mismo la posibilidad de capturar una pieza aún mayor en el futuro.

Hay algo especial que diferencia la caza de la pesca y es la posibilidad de liberar las piezas capturadas. Me estoy refiriendo a devolver la vida en lugar de arrebatarla. Se experimenta una sensación indescriptible al comprobar cómo una criatura tan maravillosa como un enorme lucio retorna a las aguas. Todavía espero el día en que todos los pescadores liberen sus lucios y podamos disfrutar de una pesca excepcional, incluso volver a capturar alguno de esos grandullones que un día tuve la oportunidad de capturar, probablemente entonces con algunos kilos más.

La mayoría de los pescadores están dispuestos a conducir más de un centenar de kilómetros para llegar hasta un embalse del que reciben noticias que anuncian la existencia de piezas de trofeo. Supongo que casi todos estarían satisfechos si se aumentase automáticamente la talla mínima, reduciendo el cupo de capturas permitidas al mínimo. Del mismo modo, un pescador de los que se considera feliz al atrapar un pez de ese calibre o que tiene esa meta fijada en su mente, no está interesado en matar sus capturas o en emplear la pesca deportiva como medio para alimentarse.

Cuando un pescador convierte la liberación de los ejemplares capturados en algo más que una filosofía de pesca, no necesita pensar demasiado qué es lo, que debe hacer una vez ha apresado un pez. Su forma de actuar es casi instintiva o mecanizada, impulsándole a tratar bien al pez, a ser posible sin causarle ningún daño, para liberarlo lo antes posible quizás tras una fotografía. Personalmente, me encantaría ‘comprobar cómo se impone la captura y suelta por parte de los pescadores, en especial de esos ejemplares gigantes que son el verdadero tesoro de cualquier santua

rio de la pesca del lucio. Hasta que en nuestras aguas exista un programa serio que dé a cada pescador lo que le satisface, es necesaria una actuación responsable por parte de cada uno de los individuos que amamos el arte de la pesca para conservar nuestros recursos. Recuerda: practica el juego de la captura y suelta. Sin él, en el plazo de unos años, no habrá más pesca. Para que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos puedan también disfrutar de esta forma de vida que nos gusta y de una criatura tan fascinañte como es el lucio del norte.




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