La rabia canina: Sus síntomas y consecuencias

La rabia canina, sus sintomas y consecuencias

En primer lugar, debemos decir que la rabia es una enfermedad de los perros relativamente rara. Pocos veterinarios o criadores de perros han visto un caso de este mal. Sin embargo, ninguna otra enfermedad del hombre o de los animales se ha visto tan rodeada de superstición, miedo o fantasía. Es una de las enfermedades más antiguas, que se remonta a varios siglos antes de Cristo.

La rabia es, fundamentalmente, una enfermedad de la familia canina, es decir, del perro doméstico, el coyote, el lobo, el dingo, el perro paria. Pero puede contagiarse a otros animales, incluyendo al hombre, la ardilla, el zorro, la mofeta, el conejo, el visón, el caballo, la vaca y aun el murciélago. Algunas aves son susceptibles a la enfermedad. No obstante, las principales víctimas son miembros de la familia de los perros. Y como el can vive cerca del hombre, la enfermedad ocupa un lugar de gran importancia.

El virus de la rabia

La rabia es producida por un virus que afecta al sistema nervioso central. El virus se encuentra en la saliva de los animales contagiados. El contagio se produce con la mordedura de un animal rabioso. Cuando a una persona o a un animal lo muerde un animal rabioso, la saliva que contiene el virus pasa a las heridas de la mordedura. El periodo de incubación varía de dos semanas a varios meses, y su promedio es de treinta y seis días. Lo que importa recordar es que la persona o el animal tienen que ser mordidos por un animal rabioso antes de que exista el peligro de que contraigan la enfermedad.

No todas las personas mordidas por un animal rabioso contraen forzosamente la rabia. Según el Departamento de Patología de la Oficina de la Industria Animal de los Estados Unidos, aproximadamente el 15% de todos los seres humanos y el 35% de todos los animales mordidos por un animal rabioso contraen la rabia. Varios factores determinan si la víctima se contagiará. Como el virus de la rabia ataca el sistema nervioso central, se deduce que cuanto más cerca esté la mordedura de ese sistema, mayor será el peligro. Las mordeduras en las manos, la cara o el cuello son las más peligrosas desde este punto de vista.

La profundidad de la mordedura es también un factor importante; cuanto más profunda sea la mordedura, mayores serán las probabilidades de contraer la enfermedad cuando muerde un animal rabioso. Por último, también hay que tomar en cuenta la cantidad de sangre que sale de las heridas. Si sangran profusamente, es posible que la sangre arrastre al virus. Pero no hay que correr este riesgo, y es necesario que todas las heridas reciban inmediata atención médica.

Síntomas de rabia

Por lo general, los síntomas de la rabia son complicados y sólo la observación cuidadosa del animal sospechoso puede determinar si padece el mal. La única prueba categórica es el examen microscópico del cerebro del perro. Cuando el virus de la rabia ataca el cerebro, produce la formación de lo que se conoce con el nombre de cuerpos “Negri”, los cuales pueden verse con el microscopio y son señales indudables de que existe la rabia.

Uno de los primeros síntomas que se observan es un cambio notable en el comportamiento del perro. El que es manso puede volverse irritable o feroz. O puede ocurrir lo contrario: el perro hosco y que muerde fácilmente se vuelve dócil y lerdo. Sin embargo, casi todos los perros rabiosos están muy inquietos y se excitan con facilidad.

El único caso de rabia observado por el autor fue el de un perro que tenía violentos accesos de fúror cuando metían un palo por la puerta de su jaula. Habían encerrado al animal por sospechar que tenía rabia, después de que mordió a tres personas y a otro perro. Fue empeorando y murió cuatro días después de estar encerrado. El examen microscópico del cerebro reveló que existían los cuerpos Negri.

Es el único caso de rabia comprobada que haya visto el autor en más de veinte años de experiencia con los perros. Sin embargo, la rareza de la enfermedad no reduce el peligro.

Tipos de rabia canina

Hay dos formas de rabia:

  1.  La muy excitable, furiosa, en la que el perro parece volverse loco y quiere morder a cualquier persona o animal que encuentra en su camino,
  2.  La rabia quieta, en la que el perro no muestra deseos de vagar o morder. Un síntoma clásico de la rabia quieta es lo que podría llamarse “quijada caída”: la boca del perro se le queda abierta varios.

Un síntoma clásico de la rabia quieta es la “quijada caída”. A cualquier perro al que se le atore algo en la boca o la garganta, por lo general abre la boca; pero si es una obstrucción, el animal se lleva las patas a la boca y se la rasca. En el caso de la “quijada caída” asociada con la rabia, el perro no hace intento de sacarse nada de la boca, ni se lleva a ella las patas. Se queda mirando fijamente, con la boca abierta.

Otros síntomas de la rabia son: convulsiones, espumarajos en la boca, cambio en la altura de la voz y parálisis de los músculos de la garganta. Al animal rabioso le da mucha sed, pero, debido a la parálisis de la garganta, no puede beber agua ni otros líquidos. Esta incapacidad de beber fue el origen del nombre equivocado de hidrofobia; que quiere decir horror al agua. No es horror al agua, sino incapacidad de beberla.

No se conoce curación alguna para el mal, ni en los seres humanos ni en los animales. Si se sospecha que tiene esta enfermedad, no hay que tocar al perro. Aunque no debe uno dejarse dominar por el pánico tan sólo porque el perro tenga un ataque o eche espumarajos por la boca, es prudente proceder con precaución. Es preciso llamar al veterinario, a la policía, a la junta de salubridad o a la sociedad humanitaria del lugar.

Si al lector lo muerde un perro extraño, he aquí el procedimiento que debe seguir: obtener el nombre y la dirección del dueño del perro o una descripción de éste. A continuación, lavarse concienzudamente las heridas con agua tibia y jabón, cerciorándose de que éste penetre en las mordeduras. Lo mejor es la solución de jabón verde. Se forma una buena espuma y se conserva sobre las heridas durante veinte o treinta minutos, por lo menos. No es garantía de que el lector no será víctima de la rabia, pero puede ayudar. Las heridas deben ser tratadas por un médico. Según la ley, el médico debe informar a las autori-dades sobre el tratamiento de las mordeduras. Cuando las auto-ridades reciben este informe, el procedimiento común consiste en encerrar y aislar al animal, el cual queda en observación durante un periodo que va de diez a catorce días.

La rabia obra rápidamente en el perro; si aún está vivo y su comportamiento general y sus síntomas mejoran después del periodo de observación, no tenía rabia. Si muere durante el periodo de encierro, envían la cabeza al laboratorio de diagnóstico, donde examinan el cerebro para ver si hay cuerpos Negri.

Al lector le conviene que encierren al perro culpable, ya que, de otra manera, le aplicarán una serie de inyecciones antirrábicas. Si al lector lo mordió un perro suelto, debe dar una descripción tan completa como sea posible. Dé la descripción al periódico, la estación de radio y los demás medios de comunicación. Pida a los amigos y vecinos que tengan cuidado con el perro suelto.

Si el perro del lector muerde a alguien, procure que la víctima reciba pronto tratamiento médico. A continuación, avise a la policía o junta de salubridad y entregue al perro para que lo tengan en observación.

No discuta a este respecto. De ello puede depender la vida de un ser humano. Dé información completa acerca de la vacuna contra la rabia que le hayan puesto al animal.

El perro puede ser inmunizado contra la rabia. Comúnmente, la vacuna antirrábica se aplica cuando el perro tiene seis meses de edad, pues el mal afecta sobre todo a los perros crecidos. Por lo general, se aplican dos tipos de vacuna antirrábica: uno de ellos da inmunidad por un año; el otro, por tres años. Hay que consultar al veterinario por lo que ve a la vacunación del perro. Si a éste le aplican la vacuna que sirve para un año, procure que se la apliquen anualmente.



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