El aparato digestivo del perro

El aparato digestivo del perro

Del aparato digestivo del perro tomaremos en consideración los labios (o belfos), dientes, lengua, glándulas salivales, estómago, intestinos delgado y grueso y el complejo glandular anal.

A continuación, muy esquemáticamente, subrayaremos algunas notas prácticas que todo propietario ha de tener en cuenta para mejorar la salud del animal.

  1. Pulmón.
  2. Corazón.
  3. Hígado.
  4. Bazo.
  5. Estomago.
  6. Riñón.
  7. Intestino.
  8. Vesícula.

Dientes, glándulas salivales, lengua y labios

La aprensión de los alimentos se efectúa directamente por medio de los dientes: incisivos, caninos y premolares, bajo los que, en asociación con los molares, las sustancias introducidas son parcialmente trituradas y rápidamente deglutidas con la saliva.

En este tipo de animal se es propenso a hablar de la «saliva de deglución» más que de la «saliva de masticación», ya que, tratándose de una sustancia viscosa y rica en mucosidad, está destinada a facilitar el tránsito de los alimentos durante la deglución en lugar de iniciar una sumaria digestión como sucede, especialmente, en los rumiantes.

Además de cumplir su misión alimenticia, los dientes son utilizados por el animal como medio de defensa y de ataque y, para el propietario, representan un índice parcialmente significativo para el establecimiento de la edad, sobre todo en el animal joven.

El perro tiene una dentición de leche formada por 32 dientes y una permanente o definitiva de 42 piezas.

El cachorro nace desprovisto de dientes; a los 21 días aparecen los caninos, durante el primer mes pueden salir todos los incisivos y, sucesivamente, aflorarán los premolares.

Foto El aparato digestivo del perro esquema de las víseras torácicas y abdominales

  1. Pulmón.
  2. Corazón.
  3. Hígado.
  4. Páncreas.
  5. Riñón.
  6. Intestino.
  7. Vesícula.

La sustitución de los incisivos y caninos se completa en el 5.° mes, y en el 7.° el animal ya tiene la dentición definitiva completa.

Cumplidos los 5 años, los dientes sufren un progresivo acortamiento y una parcial pérdida de su colorido blanco, que pasa al amarillento.

Una curiosidad que ofrece esta especie es la que el primer premolar de la mandíbula no es sustituido y queda persistente en el adulto. Por lo tanto, se considera como un diente permanente que ha perdido su homólogo de leche.

La ingestión de agua sólo se produce a través de la punta de la lengua que, siendo extraordinariamente móvil, puede recoger las sustancias líquidas en la concavidad que se forma en su superficie dorsal.

La regulación de la secreción gástrica se verifica en tres fases: cefálica, gástrica e intestinal.

  • Fase cefálica: Bajo los estímulos nerviosos del gusto, del olfato y de la vista del alimento, el perro presenta un mecanismo reflejo de secreción de jugos gástricos.
  • Farse gástrica: El alimento ingerido, ya parcialmente modificado por acción de los jugos gástricos producidos en la fase encefálica, provoca la liberación de la hormona «gastrina» que, a su vez, determina la producción del verdadero jugo gástrico.
  • Fase intestinal: El duodeno, lo mismo que el estómago, puede segregar una sustancia semejante a la gastrina, que se comporta en forma análoga, estimulando la formación y liberación de los jugos gástricos.

En el siguiente diagrama se pueden observar las distintas fases de la producción de jugos gástricos en un perro alimentado respectivamente con carne, pan y leche.

La permanencia del alimento en esta zona anatómica es bastante prolongada, dependiendo del tipo de alimento ingerido y de su composición.

Intestino

Terminada la función disgregadora, el material así obtenido sobrepasa el píloro para llegar al intestino delgado, con un pH neutro, sede donde se completa la demolición del bolo por la acción de varias enzimas pancreáticas, intestinales y de la bilis.

El alimento entonces es absorbido por las células de las ve-llosidades intestinales y llevado a la circulación sanguínea satélite por la vena porta.

Esta gruesa vena llega al hígado y se extiende por su parénquima en vasos que van disminuyendo de calibre y que se encuentran en contacto con hileras de células hepáticas que absorben los principios nutritivos presentes y prosiguen su desdoblamiento químico, hasta la obtención de moléculas que sirven de base para la reconstitución de sustancias necesarias para el organismo.

Sumariamente, éstas podrían ser:

  • Proteínas: destinadas, principalmente, a formar las masas musculares y a reconstruir las partes de las mismas que han llegado a la muerte.
  • Hidratos de carbono: indispensables para el aporte de energía necesaria para el funcionamiento de los distintos aparatos y órganos y para producir el calor indispensable al animal para su vida.
  • Grasas: que se acumularán en las sedes de reserva, para ser utilizadas en caso de necesidad.
  • Vitaminas, sales y oligoelementos: que desempeñan variadas funciones en todo el organismo animal (tejido óseo, sangre, epidermis, etc.).

Lo que no es absorbido a nivel del intestino delgado (duodeno, yeyuno e íleon) sobrepasa la válvula íleocecal y se dirige al intestino grueso (ciego, ciego y recto), donde se efectúa una considerable reabsorción de agua y una recuperación, aunque sea mínima, de las restantes sustancias nutritivas. La parte inutilizada constituye la materia fecal, eliminada por el animal en el ambiente externo a través del orificio anal.

Las heces tienen un color oscuro, negruzco, si el alimento es prevalentemente cárneo; son más claras, proporcionalmente a la presencia de farináceos.

El olor de las heces será bastante repugnante en el primer caso y menor si los alimentos están constituidos también por arroz, papas y sustancias fibrosas (verduras). Un aspecto y una consistencia yesosa proceden de una excesiva ingestión de buenos. A nivel del esfínter anal existen dos formaciones grandulaies, no visibles desde el exterior, que segregan una sustancia oleosa cuya función es la de lubrificar las heces, facilitar su paso y expulsión al exterior.

Se habla de diarrea cuando se observa una elevada proporción de agua en las heces, eventualmente acompañada de sangre, mucosidad, catarro y fragmentos de la pared intestinal, signo de una disfunción en el aparato digestivo.

En lo que respecta al vómito se ha de recordar que puede ser provocado directa y voluntariamente por el animal, pero también puede presentarse independientemente de su voluntad, como consecuencia de fenómenos irritativos a cargo del estómago o del intestino delgado (procesos inflamatorios, cuerpos extraños, torsiones, invaginamiento, etc.).

Es muy frecuente, sobre todo en los animales jóvenes, la aparición de una verminosis intestinal. Estos parásitos ejercen una acción expoliadora de sustancias nutritivas y de sangre, una acción mecánica traumatizante, ya que en muchos de ellos se fija, con dientes o ganchos, a la pared intestinal y desarrollan una acción tóxico-infecciosa.

La elaboración de sustancias tóxicas puede causar fiebre, dolores articulares (cojera) y crisis pseudo-epileptiformes; la acción infecciosa se instaura secundariamente, a causa de los gérmenes que, aprovechando las lesiones intestinales, pasan al torrente sanguíneo, provocando una sintomatología variable, basada en su poder patógeno.

Muchos de estos problemas, y buen número de otros, podrán ser resueltos recurriendo en el momento oportuno al consejo y el tratamiento de un veterinario.



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