El aparato respiratorio del perro

El aparato respiratorio del perro

Muy semejante al de la mayor parte de los mamíferos, el aparato respiratorio del perro está formado por: la nariz, las fosas nasales, los senos nasales, la faringe, la laringe, la tráquea, los bronquios y los pulmones.

Nariz

La nariz del perro es muy poco, o nada, movible y constituye la llamada «trufa», zona por lo general pigmentada y húmeda que representa el papel de intermediaria entre el ambiente externo, el aire, y el aparato respiratorio más profundo. Las condiciones de orden práctico que hay que tener en cuenta son dos:

  • Pigmentación ausente o incompleta de la trufa.
  • Sequedad o presencia de materiales patológicos que salgan de la cavidad nasal y ensucien la región.

En el primer caso, además de los defectos de orden genético o estético, se ha de recordar que la ausencia de pigmento melánico puede originar una «dermatitis por insolación de la nariz», sobre todo en la estación estival, caracterizada por la formación de úlceras más o menos sangrantes y costras que perduran mucho tiempo y tienden a extenderse lentamente mientras subsiste la causa que las determina, que no es otra que la acción directa de los rayos solares sobre la trufa. La única solución que cabe adoptar, además de la de limitar la exposición de dicha parte al sol, consiste en tatuar la trufa con pigmento oscuro.

La excesiva sequedad de esta región puede ser indicio de mal estado de salud del animal (fiebre, primeros síntomas de una infección respiratoria), aunque siempre se ha de tener presente el hábito del perro de olfatear el terreno, cosa que hace que la nariz no resulte tan húmeda.

Más importante y digno de atención es la aparición de secreciones serosas, sero-mucosas, muto-purulentas o hemorrágicas.

Éstas, saliendo de la nariz, ensucian la zona y se depositan, coagulándose, alrededor de los orificios nasales. En este caso lo más probable es que nos hallemos frente a una enfermedad respiratoria que muchas veces se manifiesta con la salida de secreciones de los párpados y con frecuentes estornudos.

Fosas nasales

En el perro los fosas nasales son ocupadas por tres cornetes nasales, en forma de turbina: dorsal, intermedio y ventral.

El aire, que penetra a través de los orificios nasales, se distribuye en estos sectores, en forma que se calienta y purifica de las partículas extrañas en él presentes y prosigue atravesando la faringe, laringe y tráquea para extenderse por los bronquios y los pulmones.

Los cornetes ventrales del perro poseen la característica de tener «pliegues paralelos» revestidos de mucosa eréctil que entra en acción cuando el animal olfatea. De esta forma el aire, que no puede penetrar en el sector ventral, se ve obligado a pasar al meato dorsal, muy rico en terminaciones olfativas, lo que permite que el animal perciba una extensa gama de olores.

Senos nasales

Se trata de espacios vacíos, llenos de aire, comunicantes con las fosas nasales y que se hallan el ámbito de los huesos maxilares y frontales cuya función principal es en el perro la de hacer más ligero el peso del cráneo.

El interés práctico que nos hace mencionarlos consiste en el hecho de que pueden ser sede de procesos inflamatorios secundarios que tienen su origen en las fosas nasales.

De esta forma se infectan con materias patológicas que no pueden ser eliminadas o drenadas con facilidad y serán origen de sinusitis crónica, con frecuencia rebeldes a las terapias medicinales.

Faringe

Es el sector anatómico común al aparato digestivo y respiratorio que permite el paso de los alimentos dirigidos al estómago y el paso del aire inspirado o espirado.

Por este motivo puede ser sede de procesos inflamatorios (faringitis) de doble procedencia y se pueden introducir cuerpos extraños, ingeridos por el animal, en las comidas o los juegos.

Laringe y tráquea

El primer órgano está caracterizado por la presencia de dos formaciones anatómicas relevantes: la epiglotis, que desciende durante la deglución para impedir la entrada del agua y de los alimentos sólidos en el árbol respiratorio y las cuerdas vocales, órganos de la fonación.

Laringe y tráquea son perceptibles por palpación externa, como cordones cartilaginosos localizados en la superficie ventral del cuello.

En caso de procesos inflamatorios agudos a cargo de estos sectores la palpación puede provocar el síntoma de la tos.

Bronquios y pulmones

El aire, cuando ya ha sobrepasado la tráquea, se distribuye por Ios bronquios y sus ramificaciones hasta llegar a los niveles del verdadero tejido pulmonar.

Los alveolos pulmonares representan las terminaciones «ciegas» del árbol respiratorio y a este nivel es donde se producen los intercambios gaseosos entre el oxígeno inspirado y el anhídrido carbónico presente en la sangre.

El intercambio de estas moléculas en el anillo de la hemoglobina permite la oxigenación de la sangre y la «respiración» de las células de los distintos tejidos orgánicos.

Notas prácticas

Aparte de lo ya dicho sobre las vías respiratorias altas hasta la tráquea, deberíamos subrayar algunas actitudes que asume el animal cuando se halla comprometida la actividad de estos órganos.

Cuando cualquiera de estas vías queda parcialmente obstruida por la presencia de materiales patológicos o se reduce en sus dimensiones por un engrosamiento de su parte interna, el animal no puede introducir ni expulsar la misma cantidad de aire en cada uno de sus actos respiratorios.

Por lo tanto, el perro tendrá que suplir esta deficiencia prolongando el tiempo de la inspiración y dilatando al máximo la caja torácica, mientras en la fase de la espiración se verá obligado a utilizar también la musculatura voluntaria abdominal para lograr una mayor compresión del diafragma que, a su vez, ejercerá su acción sobre los pulmones.

Aprendiendo a observar los mecanismos respiratorios normales se podrán descubrir en el momento oportuno las alteraciones de tipo respiratorio y podremos tratar prontamente la enfermedad del animal. Otra posibilidad que tiene el perro para suplir las deficiencias de oxígeno consiste en aumentar la frecuencia respiratoria, haciendo más rápida la entrada y la salida de aire, pero disminuyendo al mismo tiempo su distribución pulmonar. De esta forma el animal respira con mayor rapidez y la caja pulmonar reduce su expulsión.

Este mismo fenómeno, pero con frecuencia mucho más acusado, se puede observar en el verano, como un proceso absolutamente normal, para facilitar la dispersión del calor corporal.

Se ha de señalar que el aire introducido por el perro no llega a los pulmones, limitándose al nivel de la tráquea y de los gruesos troncos bronquiales.

El movimiento de esta columna de aire sirve para la evaporación del agua de las secreciones salivales y traqueo-bronquiales, lo que garantiza el descenso de la temperatura del animal.

De vez en cuando se observará una respiración más profunda y lenta, que representa un verdadero acto respiratorio.

Otro signo de alteración respiratoria muy grave se manifiesta por la actitud «cabeza extendida sobre el cuello». Al extender la cabeza el perro facilita la introducción del aire en la cavidad torácica; en este caso, la funcionalidad respiratoria del pulmón se halla casi total e irreversiblemente comprometida.



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Un comentario en El aparato respiratorio del perro

  1. valeria Dice:

    muy buena informacion

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