Reproducción de los loros

Reproducción de los Loros

El inicio de la etapa reproductiva está marcado por profundos cambios fisiológicos que se piensa son disparados por algunos factores del ambiente.

Si bien es cierto las características reproductivas y de desarrollo son diferentes para los diferentes tipos de loros, toda la especie comparte ciertas características que seran tratadas en este capítulo para mejor entendimiento de las capacidades y manejo apropiado de nbuestros animales.

La crianza de loros está basada en tres puntos fundamentales, el primer punto fundamental es la tranquilidad, las parejas para su reproducción necesitan sentirse seguras y no ser molestadas.

Otro punto fundamental es la calidad en la alimentación que debe ser variada, nutritiva y equilibrada. Es indispensable para que los huevos tengan todos los nutrientes y puedan eclosionar.

El último punto fundamental es el entorno natural. Las parejas de loros están más predispuestas a criar si viven en un entorno natural, con árboles, sol, lluvia y sintiendo «los estímulos» de la naturaleza.

Uno de los periodos más delicados en la vida de un loro es la fase previa a la reproducción. Su cuerpo cambia casi sin que él sepa el motivo. Su sistema hormonal se revoluciona y la conducta se modifica significativamente.

Realmente cuando esto pasa, el ave suele encontrarse en su máxima plenitud, con lo que sus gritos y movimientos de excitación serán claros signos de lo que está ocurriendo. Su interpretación a tiempo ayudará tanto al loro como a su cuidador a sobrellevar los cambios con normalidad.

Muchos errores de manejo y conductas indeseadas se perpetúan crónicamente en psitácidas por no entender el proceso del celo. Muchas personas comentan que su loro se volvió «malo» sin motivos, y por lo general todo se centra en el revolucionario comportamiento amoroso de su mascota.

Otro de los puntos a tener muy en cuenta, es el inexplicable aburrimiento que experimentan súbitamente muchos loros cuando llegan al comercio. Sobre todo en los casos de adultos, suele coincidir con la etapa reproductora.

Algunos loros proceden de la ruptura de una pareja que no tiene éxitos de cría y su propietario vende uno de los ejemplares, generalmente al macho, al que se le hace responsable de la infertilidad de los huevos, por ejemplo; o bien porque es muy agresivo.

Cuando a este macho se le cambia bruscamente de entorno justo en esta fase, el riesgo de una depresión a todos los niveles, inmunitaria y psicológica, es muy alta. Más aún, si lo sumamos al ambiente comercial donde el fotoperiodo se prolonga durante más de 12 horas, en la mayoría de las ocasiones y el movimiento rutinario de una tienda, que es realmente estresante para cualquier animal en estas condiciones.

Los efectos de esta situación suelen terminar en problemas graves, que si no acaban con la vida del ave, en el peor de los casos, si le pueden ocasionar el desarrollo de comportamientos perniciosos que atenten contra su propia salud y la de su entorno.

Existen varias pistas que nos ayudarán a conocer las expresiones de excitación de un loro adulto o de un juvenil al que le falta poco para serlo.

  • Gritos estridentes y repetitivos en momentos concretos del día.
  • Defensa inquisitiva del territorio. Loros que comienzan a picar a su dueño, sin aviso, cuando están en el interior de la jaula.
  • Movimientos muy pausados o muy rápidos que forman parte de una especie de danza, donde suelen desplegar las plumas de cola y alas.
  • Las pupilas parecen emitir destellos. Abren y cierran el iris rápidamente, adoptando posiciones corporales generalmente rígidas. Tras éstas señales concretas hay que prestar atención, puesto que si se espera un picotazo, éste es un momento apropiado.
  • Todas las plumas del cuerpo erizadas y alas totalmente desplegadas, hacia arriba, en grandes guacamayos, es indicativo de defensa del territorio.
  • Movimientos de cópula encima de la mano del cuidador o de la percha del recinto. Suele ocurrir con pájaros criados a mano y muy apegados a su cuidador.
  • Recolección de materiales diversos y depósito en uno de los rincones de su habitáculo.
  • En casos de ejemplares que son hembras, suelen aparecer huevos en el fondo de la jaula. Cuando están grávidas permanecen inactivas y con la pluma erizada con la zona de la cloaca visiblemente inflamada.
  • En ambos sexos se suelen observar comportamientos agresivos repentinos, que pueden estar precedidos de episodios de máximo cariño hacia la persona que lo maneja.
  • Regurgitación del alimento en la percha o en la mano del cuidador. Si los ejemplares comparten recinto con otras especies darán de comer incluso a las diferentes de la suya propia. Esta señal suele ser muy frecuente y de las primeras observables en psitácidas de pequeño tamaño, que maduran antes sexualmente. Ej: periquitos, ninfas y Agapornis.
  • Vocalizaciones de muy bajo tono con el pico cerrado es otra de las señales en algunas especies menos frecuentes como mascotas.
  • Acicalamientos dirigidos hacia el propietario o hacia otras mascotas que compartan territorio.

Estos comportamientos de acicalamiento pueden llegar a ser muy obsesivos y cuando son autodirigidos pueden acabar en trágicos episodios de mutilaciones en los casos más extremos.

Reconocer todas estas pautas, permite reaccionar con sentido común y aceptar convenientemente dolorosas mordidas de los potentes picos que tienen estas aves.

Entender el momento que atraviesan es fundamental para no dar «castigos» que nunca logran el efecto deseado. Estos periodos siempre serán temporales y disminuyen progresivamente después de los puntos más álgidos de cada temporada, por lo general a principios de la primavera y durante el verano según especies.

Lo mejor, es no responder negativamente a los cortejos, pero tampoco estimulándolos en exceso. Si las pautas son muy marcadas habrá que dejarles la intimidad necesaria hasta que su conducta se vaya suavizando.

A la hora de asesorar a una persona que se inicia con un loro como mascota, es importante hablarle de estas conductas desde un principio, sobre todo, para que pueda advertirlas llegado el momento y actuar en consecuencia.

La edad de los ejemplares es un factor determinante y la personalidad única de cada individuo, también es importante puesto que no todos manifiestan las pautas conductuales con la misma intensidad.

Afortunadamente los loros no son comparables a un juguete, del que podemos esperar diferentes resultados desde que se compra hasta que se rompe; los loros están vivos y dispuestos a sorprendernos cada día, demostrándonos así, lo maravilloso de la vida.

Colocar dentro de la jaula una caja-nido. Una vez fecundada, la hembra pondrá entre 2 y seis huevos dependiendo de la variedad que incubará durante 20 — 60 días según la especie.

Durante 45 días los recién nacidos permanecerán en el nido, tiempo durante el cual la alimentación de los padres deberá ser enriquecida con semillas germinadas, cebo de huevo, bizcochos de cría y pan mojado.



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