La constitución del caballo: aparato locomotor

La constitución del caballo, aparato locomotor

El cuerpo del caballo está constituido por líquidos y sólidos; los primeros se denominan humores y los segundos tejidos.

Líquidos o humores

Los líquidos constituyen la mayor parte del cuerpo y son: la sangre, el quilo, la linfa, los humores de secreción y los de excreción.

Sólidos o tejidos

Los principales son:

  • Tejido córneo, que constituye el pelo, los cascos y la epidermis
  • Tejido glandular
  • Tejido conjuntivo, que envuelve o separa los distintos órganos
  • Tejido adiposo, que acumula en sus células una materia particularmente oleosa: la grasa
  • Tejido óseo, que no es más que tejido conjuntivo en el que hay corpúsculos propios y sales cálcicas
  • Tejido cartilaginoso, que a menudo se transforma en tejido óseo y contiene partes de color blanco amarillento que, por su gran elasticidad, cumple funciones importantes en el esqueleto
  • Tejido fibroso elástico, compuesto de fibras elásticas entrelazadas de color amarillento, sirve para conformar los elementos que por, su fuerza y elasticidad oponen la resistencia adecuada a un peso constante, como por ejemplo el ligamento cervical que sostiene la cabeza
  • Tejido muscular, que está formado por unas fibras compactas de color rojizo de gran capacidad de contracción que constituyen los músculos
  • Tejido nervioso, sustancia blanda y blanquecina que constituye el cerebro, la médula espinal y los nervios

Llegados a este punto es conveniente explicar que se da el nombre de sistema orgánico al conjunto de todos los elementos formados por los mismos tejidos y estructura que cumplen funciones análogas, como por ejemplo el sistema muscular, el sistema nervioso, etc.

Se llama órgano a un elemento cualquiera del cuerpo que lleva a cabo una función determinada: el ojo es, por definición, el órgano de la vista.

Aparato es el conjunto de varios órganos que contribuyen a desempeñar una misma función, por ejemplo, el aparato locomotor es el conjunto de huesos y músculos cuya función es realizar los distintos movimientos, o el aparato respiratorio es el conjunto de órganos necesarios para que se lleve a cabo el acto de la respiración.

Foto La constitución del caballo aparato locomotor

        23.a) Isquion.

23.b) Pubis.

  1. Mandíbula inferior.
  2. Dientes molares.
  3. Tabique nasal.
  4. Hueso parietal.
  5. Hueso occipital.
  6. Atlas.
  7. Axis.
  8. Vértebras cervicales (n.° de vértebras: 7).
  9. Vértebras dorsales (18).
  10. Vértebras lumbares (6).
  11. Vértebras sacras (5).
  12. Vértebras cocígeas (15-20).
  13. Costillas (36, 18 por lado).
  14. Escápula.
  15. Húmero.
  16. Radio.
  17. Olécranon.
  18. Huesos del carpo.
  19. Huesos del metacarpo o caña.
  20. Metacarpiano accesorio.
  21. Sesamoideos.
  22. Primera, segunda y tercera falange.
  23. Lleon.
  24. Fémur.
  25. Rótula.
  26. Tibia.
  27. Peroné.
  28. Calcáneo.
  29. Huesos del tarso.
  30. Gran metatarso.
  31. Metatarso accesorio.
  32. Primera, segunda y tercera falange.
  33. Hueso navicular.
  34. Esternón.

 

El aparato locomotor

Las partes de que se compone este aparato se dividen en pasivas (huesos) y activas (músculos).

Los huesos y el esqueleto

  1. Los huesos son las partes más duras del animal. Dan forma a su cuerpo, conforman cavidades que albergan los órganos más importantes para la vida, sirven de apoyo para los músculos, y actúan como palancas para la locomoción.
  2. El esqueleto es el conjunto de los huesos de un animal unidos por sus correspondientes ligamentos. El esqueleto se divide en cabeza, tronco y extremidades. La cabeza es la parte anterior superior, y consta de dos partes: el cráneo y la cara. El tronco está compuesto por la columna vertebral, las costillas, el esternón y los huesos de la pelvis.

La columna vertebral es la parte más importante del esqueleto, ya que sostiene a todas las demás. Su función es la de una viga ósea que va de la cabeza a la cola siguiendo una línea con algunas curvaturas, y está formada por un gran número de huesos cortos (vértebras), dispuestos uno a continuación del otro y unidos entre sí por las correspondientes fibras cartilaginosas. La columna vertebral conforma sucesivamente la base del cuello, la cruz, el dorso, la zona lumbar, la grupa y la cola.

Además, cada vértebra está atravesada por un gran hueco que forma el canal vertebral, que alberga la médula espinal. Las treinta y seis costillas —dieciocho en cada lado— son arcos óseos largos y aplanados que se articulan con las vértebras dorsales por la parte superior y, por la parte inferior, están unidas directa o indirectamente al esternón a través de un cartílago.

La pelvis está formada por tres huesos cuyos nombres son: ilion, isquion y pubis.

En el tronco existen tres grandes cavidades: el tórax, el abdomen y la pelvis. La primera de estas cavidades es anterior, la segunda mediana y la tercera posterior, que es la menos amplia.

Las extremidades

Las extremidades, divididas en anteriores o torácicas, y posteriores o pélvicas, están compuestas por grupos de huesos que forman cuatro columnas.

Las extremidades anteriores comprenden la escápula, o hueso de la espalda; el húmero, o hueso del brazo; el radio, o hueso del antebrazo; el olécranon, o hueso del codo; los huesos del carpo; la caña, o hueso del metacarpo; el peroné; los sesamoides; la primera, la segunda y la tercera falange.

En las extremidades posteriores están los huesos de la pelvis, el fémur, la rótula, la tibia, el peroné, la punta del corvejón, los huesos del tarso, el hueso grande del metatarso, el hueso pequeño del metatarso, la primera, la segunda y la tercera falange, y el hueso navicular.

Las articulaciones

Se llama articulación a la unión y al modo de conexión de dos o más huesos, sean o no móviles el uno respecto al otro. Hay que distinguir tres clases de articulaciones: las móviles, las fijas y las semimóviles. Las protuberancias y las cavidades diartrodiales están revestidas de un estrato cartilaginoso más o menos espeso y liso que permite el deslizamiento de los huesos y, en consecuencia, la libertad de movimientos. Estos cartílagos están humedecidos por el líquido sinovial. Las articulaciones móviles y semimóviles están fuertemente sujetas y reforzadas por ligamentos, que en unos casos están dispuestos en forma de vainas fibrosas (cápsulas articulares), o en otros en forma de pequeñas tiras (ligamentos interarticulares, laterales) que envuelven y sujetan las articulaciones de modo que no permiten que los huesos realicen otros movimientos que no sean los que les corresponden por naturaleza.

Los músculos

Los músculos son los agentes motores de la máquina animal. Están compuestos de fibra muscular, vasos sanguíneos y nervios.
Según su función, los músculos se pueden dividir en los que pertenecen a las vísceras u órganos internos (como el corazón, el estómago, los intestinos, etc.) y los que sirven para la locomoción, que están regidos por la voluntad.

Teniendo en cuenta el movimiento que son capaces de provocar, se dividen también en flexores, extensor s, elevadores, depresores, aduct es, abductores y rotadores, según flexionen, extiendan, eleven, bajen, muevan hacia dentro o hacia fuera, o hagan girar un hueso sobre otro.

La estructura del pie

El pie, porción de la extremidad que se apoya en el suelo, está formado por partes que conforman su estructura (los huesos), que aumentan la elasticidad (los cartílagos laterales), que unen los huesos y aseguran sus articulaciones (los ligamentos), que transmiten la acción de los músculos (los tendones), que proporcionan la nutrición y la sensibilidad (vasos, nervios, tejido reticulopapilar) o bien que constituyen el envoltorio protector externo (casco).

El hueso del pie (tercera falange o tejuelo) tiene una forma muy parecida a la del casco. A este hueso, que es esponjoso y tiene muchos orificios por donde pasan los vasos sanguíneos y los nervios, se une el sesamoide pequeño o navicular, dispuesto transversalmente contra su borde posterior. El borde superior del hueso triangular del pie presenta en su mitad una protuberancia piramidal en la que se sustenta el tendón del extensor común de las falanges. En los lados del hueso del pie hay dos cuerpos fibrocartilaginosos (cartílagos alares) de forma triangular formados por una masa de tejido fibroso elástico que forma la llamada almohadilla plantar, cuya parte inferior constituye la parte viva de la ranilla, entre los dos talones.

Hay cuatro ligamentos laterales y uno interóseo. Los tendones son la prolongación de los músculos flexores y extensores.

Las arterias del pie están localizadas a mucha profundidad y derivan de las digitales. Las venas del pie se dividen en superficiales y profundas. Estas acompañan a las arterias. Las superficiales, más numerosas y de mayor diámetro, se unen con las profundas para dar lugar a un gran ramal situado al lado de la arteria digital.

Los nervios derivan de los grandes cordones que descienden con las arterias digitales y proporcionan al tejido reticular una enorme cantidad de filamentos que se juntan entre sí formando un gran número de papilas.

El tejido reticular, o vivo, del pie es una expansión vascular nerviosa situada entre la muralla y las partes inferiores del pie, y se divide en tejido podofiloso del casco y tejido podovelloso de la suela. Este tejido envuelve totalmente el hueso del pie y es más espeso por la parte anterior que por los lados o por detrás. Dotado de una gran sensibilidad, está compuesto por vasos y nervios dispuestos reticularmente y unidos por un tejido celular denso y comprimido.

En toda la superficie de la cara anterior del hueso del pie, el tejido reticular tiene muchísimas laminillas dispuestas paralelamente entre sí, que encajan entre las laminillas correspondientes del interior del casco. En los puntos en donde el tejido reticular está en contacto con la piel se observa un perfil llamado perfil coronario.

El casco envuelve y encierra la última falange y consta de la muralla, que recubre la región anterior y lateral, la suela, que cubre la superficie anterior o plantar, y la ranilla.

La muralla se divide en lumbre, que es la parte anterior central; hombros, situados en la parte lateral; cuartas partes, que se encuentran inmediatamente detrás de los hombros; talones, que son los dos ángulos posteriores. De los talones nacen hacia abajo, entre la suela y la ranilla, dos prolongaciones de la muralla (barras o arcos).

De las dos caras que presenta la muralla, la externa es convexa y lisa. A veces tiene irregularidades más o menos marcadas debidas a unos surcos circulares que denotan alteraciones pasajeras o permanentes de la secreción de la sustancia córnea. La cara interna está totalmente recubierta de láminas dispuestas como hojas en sentido vertical (tejido queratofiloso) que encajan muy ajustadas con las láminas correspondientes del tejido reticular (podofiloso). El borde superior de la muralla está sesgado y forma un surco en el que se apoya el perfil coronario.

La suela presenta también dos caras: una inferior o externa, cóncava, cuya forma abovedada es más acentuada en lojs pies que en las manos, y otra supepior o interna, más o menos convexa, que está unida al tejido reticular de la suela (podovelloso) por medio de una gran cantidad de pequeños orificios que corresponde cada uno de ellos a una papila.

La ranilla, de forma cónica, tiene dos caras. La externa está dividida por una profunda hendidura en dos brazos en forma de horquilla, y la interna está modelada sobre el hueso triangular y tiene una disposición inversa a la de la cara externa, es decir, dos cavidades laterales que corresponden a los brazos de la horquilla y una protuberancia media en forma de diente.

El casco no es un órgano rígido como se podría creer a primera vista, sino que tiene capacidad de dilatarse y contraerse alternativamente. Estos cambios de estado se deben a los impactos en el suelo y a las reacciones de las partes del pie que reciben una fuerza de compresión. Cada apoyo en el suelo repercute según el peso y la velocidad, y está también en función de la solidez y la resistencia del terreno. Si el suelo es duro y compacto, todas las partes del casco se dilatan al mismo tiempo y vuelven de nuevo a su estado normal así que cesa la presión. Para producir este doble efecto, el borde inferior de la pared se aleja hacia fuera y cede porque la suela, al tener forma abovedada, se adapta perfectamente a este movimiento. En el mismo momento la ranilla comprime los talones, tendiendo a separarlos entre sí, para que la muralla se dilate; la suela baja para permitir la separación del borde inferior de la muralla, mientras que la ranilla efectúa un movimiento pendular en el que su base es empujada hacia arriba y la lumbre se endereza siguiendo el descenso de la suela.

 



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