La alimentación invernal de las aves

La alimentación invernal de las aves

¿Tiene objeto echarles comida en invierno?

Desde el punto de vista de protección al animal, sí; considerado bajo los criterios modernos de protección a la naturaleza y a las aves, no. De esa alimentación de invierno, lamentablemente, sólo se aprovechan unas pocas especies que no ven en absoluto amenazada su existencia y cuyas condiciones de vida están adaptadas a la estación fría.

Si no se les suministra comida en esta época, es cierto que una parte notable de estos animales morirán de hambre. Por otro lado, si se les suministra sobrevivirán más pájaros adultos, lo cual aumentará la competencia en primavera para ocupar el territorio. A cada pareja le quedará disponible un sector más reducido para sus crías y acusará mayor precariedad alimenticia. En consecuencia, disminuirá el resultado de las nidadas.

En conjunto, por lo tanto, a pesar del aporte de alimentación invernal no se acrecienta la especie en la mayoría de los casos. En lugar de ello, se obstaculiza una selección natural y pueden transmitir sus caracteres hereditarios unos individuos que, en condiciones normales, no hubieran llegado a reproducirse.

Si, además, esos millones que se gastan anualmente en alimento de invierno para las aves quedasen a disposición de las sociedades dedicadas a la protección de la naturaleza, podría financiarse la ejecución de medidas urgentes en favor de especies auténticamente amenazadas.

Sin embargo, hemos de sentirnos satisfechos de que a las aves se les procure sustento en invierno porque ello impulsa a nuestros niños y adolescentes de una manera especial hacia ese mundo alado, y es capaz de despertar un sentido de comprensión de los problemas que plantea la protección de cada especie. Partiendo de esa base, vayan aquí algunas indicaciones prácticas.

¿Cuándo se ha de suministrar alimento?

Solamente cuando el tiempo sea auténticamente invernal; es decir, cuando se prolonguen las heladas y exista una capa de nieve cerrada. Un aporte prematuro de pienso para que se acostumbren no suele ser necesario. Las aves encuentran rápidamente cualquier punto, por reciente que sea su instalación, donde se les facilite comida y atraen a los congéneres que los han visto de un modo casi automático.

Al producirse el deshielo y desaparecer la nieve, no se les facilitará alimento diariamente, sino espaciado a lo largo de varios días. De este modo los animales vuelven a habituarse a la búsqueda normal de su sustento.

En la época de la puesta (predominantemente en los meses de abril a julio) no hay que procurarles comida en ningún caso. La mayor parte de los polluelos no pueden aún con una dieta vegetal de dificil digestión, y acaban ingiriendo el alimento invernal que les procuran los padres.

¿Qué alimentos y para qué especies?

Los que ingieren alimentos blandos (cogujadas, agateadores, acentores, petirrojos y túrdidos incluidos los mir-los) necesitan copos de avena, pasas y fruta muy picada, que puede hallarse en un primer estadio de putrefacción. Las aves aprecian mucho las bayas de serval, aligustre, saúco, majuelo y viburno, que se pueden recolectar en otoño y poner a secar. Si es preciso se pueden alimentar con migas de pan, patatas y arroz cocido, si bien no hay que darles en principio ninguna cosa salada. No es aconsejable echarles otros restos procedentes de la cocina.

Las granívoras (pardos, agateadores, pinzones, lúganos, pinzones reales y gorriones), así como los picos picapinos y las tórtolas turcas, prefieren las pepitas de girasol, cañamones y granos de trigo junto a otras semillas bastante caras.

Las larvas del escarabajo de la harina (tenebriónidos) constituyen la golosina más cara para páridos y agateadores, así como para la mayoría de los que ingieren alimentación blanda.

Picos, paros y agateadores acuden con gusto al sebo de buey, que se puede adquirir a un precio relativamente módico en cualquier carnicería, para atarlo después con un pedazo de cuerda o de alambre al tronco de los árboles. Si se corta en trocitos y se calienta a fuego lento en un recipiente adecuado se licua casi por completo. Se puede enriquecer entonces con una cantidad igual de salvado o copos de avena v se obtiene así una especie de caldo que se solidifica enseguida una vez vertido en media cáscara de coco, en una maceta o en una caja. Naturalmente, esta mezcla se puede mejorar añadiendo semillas.

Utilizando una parte menor de sebo en la preparación, se forma una masa granulada, suelta, más apropiada que el pienso para esparcir. En el caso de que se produzca un recrudecimiento del tiempo ya avanzado el año, puede depositarse este alimento en el suelo para los estorninos y el zorzal común que ya han regresado de sus cuarteles de invierno. Dadas las circunstancias se despejará de nieve alguna zona del jardín o de algún espacio verde y se les proveerá de este pienso de menor consistencia. En cuanto al aire empiece a templarse, hay que prescindir, desde luego, de echarles la comida por el suelo puesto que los brotes de enfermedades bacterianas constituyen una amenaza creciente.

Las especies acuáticas, como las fochas, cisnes, gansos, patos y gavio-tas, no son excesivamente exigentes y aceptan el pan seco y los granos de cereales (en especial trigo, avena, maíz y cebada), verduras y fruta. En modo alguno han de contener ni sal ni especias.

Las aves del campo, comprendiendo aquí las alondras, gorriones molineros, perdices y faisanes, buscan casi siempre su comida por el suelo. Se los puede alimentar con cereales o con desechos del cribado de granos, lo que se conoce por granzas, cada vez más difíciles de obtener.

Las aves de presa diurnas y nocturnas y los martines pescadores serán objeto del apartado siguiente.

¿Cómo se distribuye el alimento?

Las casetas comedero para pájaros de alimentación blanda y granívoros pueden adquirirse en algún establecimiento pero también puede construirlas uno mismo. Una vieja caja de fruta puede constituir la estructura básica, a la que sólo le faltará ponerle un techo. Además hay que cerrar con madera el lado más azotado por el viento (predominantemente, el que mira hacia occidente) o bien utilizar una cubierta especial, tipo tejadillo.

Lo más recomendable, no obstante, son las construcciones en forma de silo que impiden que las aves ensucien el pienso. El grano y la alimentación blanda pueden, por supuesto, mezclarse y presentarse juntas a los comensales.

La colocación del dispositivo para distribuirle el alimento depende de la forma en que esté concebido: se puede suspender de una rama
o del alero que cobija un balcón; dado el caso, puede fijarse al marco de una ventana o bien en la misma pared de la casa.

Cuando se dispone de jardín, los comederos se fijan en un árbol, poste o soporte preparado con tres pértigas entrecruzadas. Para evitar el peligro de los gatos, la altura debe ser de 1,5 m como mínimo. El lugar debe estar despejado y ser visible para las aves. Es deseable que a unos metros de distancia haya arbustos o árboles que sirvan para ponerlas a cubierto de cualquier ataque de otras aves.

La comida destinada a las aves acuáticas se depositará en las proximades del río o lago correspondiente, en la parte todavía no cubierta por el hielo y junto a la orilla. Cuando nieva intensamente hay que ponerle algo a modo de techo. Sólo hay que echarla al agua si el ave está allí para ingerirla inmediatamente, puesto que de otra forma se ensucia el estanque inútilmente.

Si se quiere proteger a las perdices frente a las aves del campo, se dispondrá una especie de terreno para extender el alimento, el cual se depositará en él sin ninguna protección; cerca se colocarán unos montones de paja y de ramas de espino donde la perdiz pueda hallar cobijo en caso de peligro. Así, apenas las grajas se atreverán a acercarse; de otro modo acabarían con los granos en un tiempo mínimo. Son también buen sitio para estos terrenos las vertientes meridionales de unos setos de zarzas o un grupo de arbustos. En las proximidades no deben existir árboles que puedan servir de puesto de acecho a cualquier ave de presa.

En el caso de los faisanes, los terrenos para esparcir la comida se situarán junto a cualquier seto, empalizada, bosquecillo o talud de cierta extensión. Para distribuir el pienso se calcula una superficie de alrededor de 5 m2. Como protección frente a las inclemencias atmosféricas sirve una techumbre de 2 a 3 m de largo por una anchura similar hecha de tablas o palos de madera que se cubrirán con ramas de abeto
o de pino. Para fijarlas se emplean cuatro postes. Los dos delanteros tendrán 80 cm de altura y los traseros, 40 cm, de modo que la techumbre se incline hacia atrás. La parte posterior se deja inaccesible mediante tablones y ramas. Los laterales, en cambio, se cubren sólo ligeramente con ramaje menor de zarzales y abetos. Se dificulta de este modo cualquier agresión de un ave de presa, y al mismo tiempo se da facilidad al faisán para mantenerse alerta ante la posible llegada de predadores que viven en el suelo. Desde luego la parte delantera ha de estar orientada hacia el sur.

Como alimentación pueden utilizarse las granzas o desecho de criba y los granos de cereales, y al mismo tiempo bellotas, hayucos, serbas, uvas pasas, así como patatas, berzas y remolachas cocidas para picotear y también lechuga. Acudirán aquí, casi con toda seguridad, algunos pájaros pequeños, en especial escribanos cerrillos y gorriones molineros. A propósito del sustento de los faisanes, dicho sea de paso que se trata de aves de origen asiático que fueron traídas a Europa central por los romanos. En su calidad de lo que podríamos llamar fauna exótica, no necesitan en realidad más ayuda.

Para las rapaces o aves de presa, como cernícalos y ratoneros, lo indicado son los pequeños mamíferos. Se les puede ofrecer desechos de matadero, que se dispondrán en un espacio previamente despejado de nieve, a las afueras de las poblaciones.

Las superficies destinadas a este fin habrán de tener varios metros cuadrados de extensión. La carne de ganado vacuno, debido a su menor contenido de grasas, será más apropiada que la de porcino. Teniendo en cuenta que las piezas grandes se congelan en seguida, es mejor cortarlas por diferentes puntos con un cuchillo o con un hacha para que los pájaros las puedan ir arrancando a pedazos. Si existen zorros por los alrededores, las piezas de carne se pueden atar con un alambre a una estaca suelta o a una rama despejada.

De todas formas, sólo se debe proporcionar comida a estas especies cuando existen espesas capas de nieve o en presencia de fríos muy intensos.

Lo que hemos dicho es válido para las rapaces nocturnas (estrígidos), que son carnívoras. Se les puede ofrecer ratones vivos en un barreño lleno de paja, que en las noches de gran frío puede mantenerse caldeado, por ejemplo, con una placa térmica para que no se congelen los animalitos.

En las orillas del bosque, junto a cualquier empalizada, cobertizo o establo se puede despejar la nieve de un espacio con ayuda de una pala. Depositando luego heno y esparciendo grano en abundancia, acuden en seguida los ratones que sirven de señuelo para que estas aves acudan a su vez a devorarlos.

Los martines pescadores sufren en los inviernos más crudos una mortandad de hasta el 90 %. Donde viva esta especie tan poco abundante, se sumergirá en un arroyo o estanque un cesto de paja que contenga peces vivos de un tamaño de entre 3 y 6 cm de largo; pueden ser, por ejemplo, espinosos (gasterosteidos), y lisas, crías de carpas (ciprínidos), etc. Por supuesto el borde de la cesta ha de sobresalir de la superficie para que no se escapen los pececillos. A medio metro, o hasta un metro por encima, se fijará una rama donde pueda posarse el ave y echarse sobre la presa.

Así, diciéndolo, la cosa parece más sencilla de lo que es en realidad. En más de una ocasión los patos se enteran de esta fuente de suministro y, noche tras noche, engullen lo que se deposita en el cesto. Al igual que ocurre cuando se trata del sustento de rapaces, ya sean diurnas o nocturnas, hay que proceder en consonancia con las condiciones locales imperantes. Por dicha razón, siempre es conveniente entrar en contacto con las asociaciones consagradas a la protección de las aves.

¿Qué otros puntos hay que considerar?

La suciedad, debida a los excrementos, que quede depositada en los dispositivos para alimentar a las aves debe eliminarse con agua caliente, puesto que puede originar el desarrollo de organismos patógenos (Salmonellas) entre sus plumas, y ser responsable de una mortalidad masiva. A este respecto, es mejor utilizar varios comederos pequeños que uno grande.

Si en uno de estos comederos se encuentra un ave muerta hay que clausurarlo inmediatamente y lavarlo con un desinfectante y con agua hirviendo.

Si se desea utilizar nuevamente como comedero hay que estar seguro de su absoluta higiene.



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