Todo lo que debe saber sobre el apareamiento en los perros

Todo lo que debe saber sobre el apareamiento en los perros

Será prudente preparar de antemano el apareamiento del perro. Recuerde el lector el factor de la edad: hay que aparear a un macho después de que tenga un año de edad y a la hembra en el segundo periodo de celo, o en el tercero.

Si el lector tiene una perra, le corresponderá iniciar las negociaciones para el apareamiento. Esto quiere decir que tendrá que tomar informes, hacer arreglos para llevar al animal al lado del macho cuando entre en celo y llevársela otra vez a su casa. Para hacer la preparación con inteligencia, será necesario que el lector lleve un registro de los periodos de cielo, pues las conjeturas no harán más que llevarlo al fracaso.

Hay que aparear a la perra de raza pura con un machode raza pura. Si hay un macho adecuado en el vecindario, se simplificará la cuestión. Pero cerciórese de que está en buen estado de salud y de que no tiene monorquidismo. Asimismo, procure elegir un macho que se parezca a la hembra en el tamaño y el tipo.

Por lo general, el apareamiento se hace en la casa del macho. Hay varias razones para ello. Casi todos los machos se portan mejor a este respecto cuando están en un ambiente conocido. Y si se usa para otros apareamientos, el viaje afectará algunas veces su potencia o su ardor.

Quizá el lector quiera aparear la perra con uno de los machos profesionales de esa raza. Si es así, sus arreglos tendrán que ser más formales. Generalmente, los machos profesionales se anuncian en las revistas de perros, como Dog World, Popular Dogs y Dog News. Algunos de ellos se usan de manera limitada. En ese caso, los anuncios estipularán que sólo se puede usar “con perras aprobadas”. Pero esto no se debe a presunción. Muchos de estos machos profesionales han producido una descendencia sobresaliente. Como es natural, los dueños querrán que las cosas sigan así, y tienen que hacerlo porque sus utilidades dependen de la calidad de los cachorros.

El procedimiento acostumbrado cuando contesta el lector uno de esos anuncios que ofrecen los servicios de un perro profesional consiste en enviar una copia del pedigree de la perra. Quizá tenga que incluir también la fotografía de la hembra, pues el criador querrá ver cómo es. Si la perra satisface las normas del criador, probablemente será aceptada para el apareamiento.

Corresponde al lector llevar la perra al lado del macho y traerla de nuevo a su casa. Aunque el perro viva en el Estado o al otro lado del país, el lector tendrá que embarcar a la perra. Puede enviarla por ferrocarril o por aeroplano. Pero pregunte al criador y a la empresa de transportes antes de hacerlo. Por lo general, tanto uno como la otra tienen requisitos especiales, sobre todo en lo que ve a los certificados de salud y de que el animal no padece rabia. Haremos una advertencia: el embarque de la perra para ser llevada a una larga distancia puede ser costoso y, la vez, penoso para el animal. Por eso, cerciórese de que se encontrará en celo y en condiciones de ser apareada al llegar. Si la envía demasiado pronto, habrá que pagar el hospedaje de la hembra al criador. De la misma manera, no hay que enviarla cuando está a punto de terminar el celo.

Los criadores profesionales tienen ciertos requisitos y procedimientos en lo que ve al apareamiento y a las cuotas, las cuales pueden ser hasta de doscientos dólares, según el perro y sus antecedentes. O, en lugar de una cuota, el criador puede pedir el mejor cachorro de la carnada que nazca del apareamiento. Por lo general, reclaman al mejor cachorro de la carnada cuando éste tiene de seis a ocho semanas de edad.

Ya sea que la perra se aparee con el macho de un vecino o que el lector la embarque para aparearla con un perro profesional, hay que redactar un contrato. Pocos criadores profesionales aceptarán a la hembra si no se ha firmado. Y se estipularán las condiciones del apareamiento, comprendiendo el método del pago. El contrato estipulará también que la perra tendrá derecho a un nuevo servicio si no se produce la concepción en el primer apareamiento, pero nada más. Si no concibe después del segundo apareamiento (en su siguiente periodo de celo), algo anda mal en la hembra o quizá el lector se haya equivocado en lo que respecta al periodo de celo. Es de suponer que el macho es potente, pues los perros profesionales han engendrado ya, y se examina su potencia.

El lector tendrá que pagar la cuota de apareamiento aun cuando la perra no conciba después de dos apareamientos. Después de todo, el criador no puede garantizar que habrá concepción. Corre un riesgo si pide un cachorro de la carnada y no nace ninguna cría. Técnicamente, si sólo nace un animal, el criador que ha estipulado que quiere un cachorro puede reclamarlo.

Cerciórese de que ha entendido todas las condiciones estipuladas en el contrato de apareamiento. Haga preguntas. Descubrirá que los criadores de perros son gentes amables, deseosas de ayudar al lector.

Si el lector tiene un macho y quiere aparearlo, tendrá que buscar una hembra. Hagalo  saber a los amigos y vecinos o ponga un anuncio  clasificado  en el periódico del lugar. Cuando reciba una respuesta al anuncio, celebre un convenio y redáctelo por escrito.

El apareamiento

Si el lector usa los servicios de un macho profesional, entonces no tendrá que intervenir en el apareamiento. El criador se encargará de que la perra se aparee, y se puede confiar en él. Lo único que tiene que hacer el dueño de la hembra es llevarla, recogerla y pagar la cuota. Pero si usa un macho del lugar, quizá tenga que ayudar en el apareamiento, sobre todo si el macho es inexperto. Lo más probable es que el dueño del macho no sepa mucho acerca del apareamiento de los perros. Los dos tendrán que aprender cuál es la realidad de la vida canina.

No le dé de comer a la perra el día que va a ser apareada. Pida al dueño del macho que tampoco le dé de comer a éste. El estómago lleno no favorece la actividad sexual, y lo mismo puede decirse de otros animales, aparte del perro. Hay que llevar a la hembra al lugar elegido para el apareamiento: el sótano, cobertizo o garaje servirán para ello, siempre que los perros estén relativamente solos (apesar del hecho de que estos animales copulan públicamente en la calle).

Antes de reunir a la hembra y al macho, es necesario tomar la precaución de ponerle un bozal de emergencia a aquélla a fin de impedir que se revuelva contra el macho y lo muerda, pues de esa manera puede acabar con el ardor del perro. Es muy posible que el lector haya calculado mal su buena voluntad para aparearse. Cuando la perra tiene el bozal, hay que reunirlos para que se conozcan. El macho dará en seguida señales de estar interesado y le olerá los genitales, moverá la cola y se excitará. Hay que observar a la perra. Si ésta da señales de ner-viosidad o irritabilidad, es necesario hablarle y tranquilizarla. Si está dispuesta a aparearse, apartará la cola y se quedará quieta; de lo contrario, quiere decir que el lector se ha equivocado.

Cuando la perra demuestra su deseo de aparearse, hay que dejar que el macho la monte. Primero, conviene dejar que lo haga a su manera, a condición de que no la monte por el extremo opuesto, lo cual sucede frecuentemente cuando el macho es inexperto. Si confunde la dirección, el dueño debe llevarlo al otro lado. Permítale hacer otro intento. Pero si está muy excitado y no sabe qué hacer, el dueño debe sacarlo afuera.

Quizá haya una diferencia física que impida el apareamiento. Así, por ejemplo, la hembra puede ser demasiado pequeña o demasiado alta. Si es así, el lector tendrá que poner el remedio. Por ridículo que parezca, tendrá que levantarla si es muy baja, o levantar al macho si éste es muy pequeño. En el caso de la hembra, el lector puede sostener el extremo trasero a la altura del macho. En cuanto al macho pequeño, se dobla una manta o un abrigo y se le pone debajo de las patas traseras.

Cuando el macho parece estar haciendo bien las cosas, pero no penetra en la hembra, hay que guiarlo. El mejor método es el de sujetar a la perra poniendo ambas manos debajo del vientre y mover el extremo trasero de ésta a la derecha o a la izquierda, o arriba y abajo, para facilitar la entrada del macho. En el apareamiento del ganado, los criadores suelen tomar el pene del toro y guiarlo a la vagina de la vaca. Pero el tamaño es un factor que hay que tener en cuenta en la reproducción del ganado, y no es posible seguir un procedimiento semejante con los perros. Hay que ser paciente y ayudar una y otra vez al macho.

Pero no conviene exagerar. Si el macho no penetra en la hembra después de una o dos horas, hay que darle un descanso. Al separar a los perros no se les debe dar agua. Y después ele tres o cuatro horas de fracaso, es preciso darse por vencido y llevar a la perra al día siguiente.

Si penetra en la hembra, el macho quedará “trabado”. Lo que sucede es que el extremo bulboso del pene del perro se agranda mucho. En la entrada de la vagina de la hembra hay un esfínter. Cuando el pene pasa más allá del esfínter y se agranda adentro, el esfínter sujeta al pene. El macho eyacula, pero no puede retirar el pene hasta que ha desaparecido la hinchazón. En consecuencia, macho y hembra quedan “trabados”. Sin duda, el lector habrá visto esta situación en la calle. Es la manera que tiene la Naturaleza de cerciorarse ele que haya fecundación.

El lector no puede hacer otra cosa más que esperar a que los perros se separen por sí solos. Por ningún motivo hay que apresurar el proceso, pues se puede causar daño grave a uno de los perros, o a los dos. Aunque pueda parecer una posición anormal para los perros, no les causa ningún daño. Lo único que tienen que hacer es pensar en otra cosa para acelerar el proceso.

Tal vez la perra se canse del peso del macho sobre el lomo y querrá tenderse en el suelo. No hay que permitirlo. Casi todos los perros bajan la pata derecha o la izquierda del lomo de la hembra, y de esa manera apoyan en el suelo dos patas del mismo lado. Si no lo hace el macho, el dueño debe obligarlo. La perra debe tener puesto el bozal de emergencia hasta que se separen. Tampoco hay que dejarla dar tirones innecesarios.

De vez en cuando, los perros trabados se dan vuelta y quedan con los extremos traseros unidos. Esta posición parece ridícula, pero puede ser dolorosa y hacer daño a los perros, sobre todo si uno de ellos empieza a arrastrar al otro. No debe permitirse que suceda esto.

Aunque el perro se aparee con la hembra el primer día en que se reúnen, será prudente reunirlos de nuevo al día siguiente. Si el lector apareó a la perra en la fase correcta del celo (nueve a catorce días), estará dispuesta todavía a recibir al macho. Después del último apareamiento, hay que tener encerrada a la perra. Seguirá animando a los machos, y es posible que se aparee de nuevo y tenga una carnada engendrada por más de un macho. Después de los veinte o veintiún días desde el principio del celo, la perra no querrá ya aparearse.



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