Cría de loros

Cría de loros

Criar loros es una afición importante. Si criamos especies domesticadas, como periquitos o carolinas, estamos contribuyendo a atender la demanda de loros de tipo práctico y cariñosos que pueden estar junto a personas que, de otro modo, no podrían tener un animal de compañía. Si criamos especies exóticas, estamos contribuyendo a perpetuar estos hermosos pájaros para el futuro. Además, los loros criados en el hogar pueden ser los más devotos, los más habladores y los de mayor confianza de todos, simplemente por el hecho de que podemos iniciar su enseñanza desde muy temprana edad y convencerlos de que el hombre es su amigo.

En los últimos veinte años, se han producido algunos cambios muy destacados en el mundo de la cría del loro. Hubo una época en que los únicos que cabía criar en forma aceptable en cautividad eran las carolinas, los periquitos y los inseparables, los cuales podían tolerar unas dietas relativamente inferióres y unas jaulas de pequeña dimensión. La cría de otros Joros era escasa y espaciada, y de algunas de las especies más interesantes se creyó que era imposible que se reprodujeran en cautividad. Hoy en día, muchas personas crían guacamayos, amazónicos, cacatúas, grises africanos y otros loros en forma continuada y segura. Como muy esperanzador cabe destacar que estos criadores generalmente se han mostrado muy dispuestos a compartir lo que habían aprendido acerca de sus pájaros para que otros pudieran emularlos. Consultando libros y revistas para obtener información sobre nuestra especie, podemos aprender asimismo la forma de criar estos fascinantes pájaros.

Nuestro primer paso es asegurarnos de que contamos con una pareja auténtica. Muchas especies de loros son monomórficos, es decir, los machos y las hembras tienen igual aspecto. Aun cuando los criadores experimentados que disponen de varios ejemplares, a menudo pueden determinar el sexo de cada pájaro a través de sutiles indicios, los principiantes que lo intentan generalmente se equivocan. Muchos Max han acabado poniendo huevos, y muchas Josefinas han acabado con su nombre abreviado en Joe. Si nuestro loro jamás ha puesto un huevo y pertenece a una especie monomórfica, determinemos su sexo antes de proceder a insertar un anuncio para buscar una hembra, Es posible que nos veamos obligados a redactar éste de nuevo.

La sexación quirúrgica es el método de más confianza para determinar el sexo de un pájaro. Cuando la lleva a cabo un veterinario experimentado, éste casi siempre acierta y le permite ver si los órganos sexuales se encuentran en situación de apareamiento. Sin embargo, cabe que no queramos determinar el sexo de nuestro loro debido al pequeño riesgo de muerte o lesión que acompaña a una intervención quirúrgica. En dicho caso, podemos optar por un método seguro, pero menos preciso, que es el de la sexación pélvica. Esta técnica implica llevar a cabo una palpación entre los huesos pélvicos de un pájaro sexualmente maduro, preferiblemente cuando se encuentra posado sobre una percha. Si los huesos se encuentran separados, el pájaro probablemente es una hembra. Si están muy juntos, es probable que se trate de un macho.

Afortunadamente, algunas especies de loros poseen unos indicios de tipo más obvio. Las carolinas macho adultas, por ejemplo, presentan unas conspicuas manchas amarillas en el rostro de los que las hembras carecen. Los periquitos macho en estado de celo generalmente presentan unos céreos azules (la piel en torno a los orificios nasales), mientras que los de las hembras son de color rosado o tostado. Algunos periquitos de campo australianos cabe distinguirlos cuando es dable ver los dos sexos juntos, pues los machos, por regla general, poseen una coloración más viva. Los periquitos machos del tipo collar poseen unos destacados anillos de color negro alrededor de su cuello, aun cuando algunas veces éstos no aparecen hasta que ha transcurrido un año o más desde el momento en que son sexualmente maduros. Los loros Eclectus presentan un dimorfismo sexual muy marcado que es totalmente contrario a lo que generalmente se espera. La hembra de Eclectus es de color rojo intenso, mientras que el macho presenta un hermoso verde pálido.

Si lo que queremos es adquirir una pareja de cría en lugar de un compañero potencial para nuestro pájaro, mostrémonos cuidadosos. Quizá resulte mejor adquirir varios pájaros jóvenes y esperar a que se vuelvan sexualmente maduros al objeto de que podamos aparearlos nosotros mismos. Una pareja comprobada de loros de cría representa una inversión, en tiempo y dinero, que encierra el potencial de darnos un rendimiento en valiosos jóvenes ejemplares durante muchos años, por cuyo motivo querremos saber el motivo por el cual el criador se muestra dispuesto a vender. Es posible que el criador ya no disponga de más espacio y deba programar en forma escalonada su labor, pero también puede suceder que la supuesta pareja comprobada no haya hecho otra cosa que poner huevos estériles debido a que realmente se trata de una pareja compuesta por dos hembras.

Resulta fácil sentirse impaciente, pero no estimulemos nuestros loros para que comiencen a criar siendo todavía demasiado jóvenes. Las hembras, en particular, necesitan desarrollar su sistema antes de comenzar con un proyecto de cría. Si no es así, sus cuerpos pueden detraer nutrientes vitales de sus huesos y órganos para formar sus huevos, poniendo sus vidas en peligro. Además, los loros jóvenes acostumbran a mostrarse excesivamente inquietos para que puedan ser unos buenos padres. Los loros pueden vivir durante mucho tiempo, por cuya razón cabe que nos equivoquemos también en sentido conservador.

Por tanto, ¿durante cuánto tiempo deberemos esperar antes de reunir una pareja que críe? Depende de las especies. Los pájaros de menor tamaño, como los ‘inseparables y los periquitos, llevarán a cabo esta labor perfectamente si ya han cumplido un año, mientras que es posible que debamos esperar de cuatro a ocho años para iniciar la cría con un guacamayo de gran tamaño o una cacatúa. Una vez más cabe recomendar que se lean todos cuantos textos podamos conseguir sobré la especie cuya cría nos interesa. En otras épocas, se temía que un loro que hubiese elegido como «pareja» a una persona ya no podía servir para la cría. Sin embargo, algunos criadores han conseguido, con paciencia, demostrar que los loros pueden ser inducidos a aceptar una pareja más apropiada. A la larga, este tipo de loros se’ convierten en mejores padres debido a que muestran mayor confianza respecto a las personas que los rodean y, por tanto, actúan sin preocupación respecto al apareamiento en cautividad. Sin embargo, también cabe subrayar que se muestran menos temerosos de morder a las personas que invaden su territorio de cría, de modo que deberemos colocar la jaula en posición adecuada para así poder comprobar el contenido del nido y cambiar la comida y el agua sin necesidad de introducir nuestras manos en el interior.

Puede que vuelen algunas plumas si tratamos de instalar dos loros juntos sin que haya mediado una introducción apropiada, especialmente si uno de los pájaros cree que ya nos tiene a nosotros por compañero. Comencemos, pues, a relacionar los pájaros en una misma habitación pero en jaulas separadas. Dejemos que se observen mutuamente mientras vamos reduciendo gradualmente el tiempo que dedicamos a jugar con nuestro loro. Al principio, los dos pájaros pueden entregarse a prolongadas sesiones de silbidos, chillidos o amenazas mutuas a través de la habitación pero, transcurridos unos cuantos días o algunas semanas, se calmarán y comenzarán a darse cuenta de que el otro pájaro es inofensivo. Al llegar a dicho punto, comenzarán a mostrar una curiosidad más benigna entre sí. Desplacemos entonces las jaulas y acerquémoslas un poco más. Pronto los loros comenzarán a presionar sobre los barrotes de sus jaulas en un esfuerzo de jugar el uno con el otro. Incluso cabe que intenten pasar trozos selectos de comida desde una jaula a la otra. ¡Magnífico! A partir de dicho instante ya se encuentran en condiciones de ser transferidos a la jaula de apareamiento.

La mayor parte de los loros tienen un acusado sentido del territorio. A menos que criemos inseparables o periquitos cuáqueros, tendremos que partir del principio según el cual en una jaula de apareamiento sólo debemos instalar una pareja de loros. (La excepción cabe hallarla en los pájaros que anidan en colonia y que a menudo se desenvuelven mejor en una pajarera que contenga varias parejas.) Las carolinas y algunos loros de pequeño tamaño criarán en jaulas de tipo comercial, pero nos convendrá construir una jaula de vuelo de longitud adecuada para las otras especies. Para mantener los pájaros de cría en condiciones óptimas, proporcionémosles un espacio de vuelo que sea lo suficientemente largo como para permitirles que puedan volar un poco de un punto a otro. Instalemos unas perchas sólidas, preferiblemente troncos sin descortezar, pero eliminemos los juguetes que puedan distraerlos. No nos molestemos en plantar nada en una pajarera para loros, pues estos pájaros irán dando cuenta en poco tiempo de cualquier tipo de vegetación.

Se han criado loros de gran tamaño en locales cerrados, creámoslo o no. Si disponemos de una habitación libre, que sea segura y esté bien iluminada, podemos instalar la jaula de vuelo en ella. Para conseguir el mejor resultado posible deberemos substituir la lámpara existente por tubos fluorescentes de espectro total (no de espectro amplio). Esta forma de iluminación, que imita las longitudes de onda de la luz solar, puede ayudar al pájaro a producir una parte de su propia vitamina D y, como consecuencia de ello, mantenerlo en mejor forma física. Si contamos con la posibilidad de construir la jaula de vuelo al aire libre quizá resulte preferible hacerlo. Sin embargo, no debemos olvidar incluir en ella un espacio que sirva de resguardo contra los elementos cuando el tiempo empeore. Al planear la jaula de vuelo deberemos recordar que conviene adoptar medidas para que cualquier depredador quede en la parte externa y los pájaros, a pesar de su marcada tendencia a roer, en la interna. Asimismo, consultemos a nuestros vecinos e informémonos acerca de las leyes locales sobre la cuestión para tener la seguridad de que es legal construir una pajarera en el punto en que vivimos. Algunas veces, ciertas leyes, cuyo propósito es limitar la existencia de gallineros o palomares, pueden ser también utilizadas para prohibir una pajarera destinada a albergar loros.

La mayoría de loros instalan sus nidos en cavidades, lo cual significa que aprovecharán para tal fin los huecos de los árboles o los montículos construidos por las termitas en el campo. Ello supone que, en realidad, no construyen un nido sino que más bien lo encuentran. Buen número de los loros de menor tamaño pueden valerse de las cajas de nidificación que con destino a los periquitos o las carolinas se encuentran en el comercio, circunstancia ésta que depende del tamaño de la especie.

Nos resultará algo más difícil encontrar cajas de nidificación para los loros de gran tamaño. Una caja lo suficientemente grande para un guacamayo puede parecer muy cara, en especial después de que, como consecuencia de un roer continuado, acaban practicando un agujero en uno de los lados. Afortunadamente, muchos loros de gran tamaño aceptan una caja de nidificación metálica que resulta imposible roer en un espacio reducido de tiempo. ¿Dónde podremos conseguir una de tales cajas? Si colocamos en posición horizontal un cubo de los utilizados para la basura, la cuestión está resuelta. Incluso un guacamayo dispondrá de espacio suficiente en el interior para instalar su nido. No obstante, procede recordar que el metal es un buen conductor del calor y del frío, por cuya razón el cubo deberá retirarse en los días de temperatura extrema.
En todo momento debemos proporcionar a nuestros loros la mejor dieta que podamos pero, con mayor motivo, en la época de cría. Una vez hayan nacido los polluelos, ofrezcámosles abundancia de semilla germinada húmeda, rociada ligeramente con un suplemento vitamínico o mineral añadido al resto de la dieta. Quizá queramos dar de comer manualmente a los loros al objeto de conseguir el mayor número posible de ejemplares domesticados. Si es así, recordemos que es mejor dejar que sean los padres naturales los que cuiden de sus hijos durante los primeros diez días al objeto de que puedan «infectarlos» con bacterias intestinales beneficiosas que les ayudarán a resistir enfermedades futuras. Además, resulta algo aburrido dar de comer manualmente a un pájaro recién nacido que necesita alimentarse a intervalos de media hora. Dejemos, pues, que sean los padres los que lleven a cabo esta pesada labor si así lo desean.

Podemos conseguir un habitáculo muy confortable para las polluelos que alimentamos manualmente utilizando a tal fin un viejo acuario forrado con toallas de tacto suave que cambiaremos todos los días. Procurémoslos una tapa de rejilla para colocar sobre el tanque en los momentos en que estemos ausentes de la habitación para proteger los polluelos contra otros animales domésticos, niños o visitas, e instalemos una esterilla eléctrica cerca de uno de los extremos del tanque para mantener calientes los polluelos. Para unos mejores resultados, los principiantes, por lo que concierne a la alimentación manual, deberán procurarse una de las mezclas disponibles en el comercio en lugar de tratar de preparar una que sea propia. Como nos cabe apreciar, solamente hemos considerado los principios básicos de la labor que implica criar un loro. Para conseguir una mejora en los resultados, deberemos aprovecharnos de la experiencia de los que nos han precedido, inscribiéndonos en un club de aficionados a los pájaros, preguntando a los demás sobre lo que han hecho, y leyendo libros y artículos publicados en revistas sobre nuestra especie. Toda nuestra labor, preocupaciones e investigación se verán recompensadas en el instante en que un polluelo de mirada dulce y cuerpo semirrecubiertos por plumas nos mire y nos diga: «ihola!».



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